En los últimos años, se ha vuelto un lugar común en el análisis de los resultados de la Región de la Araucanía —considerada la de mayor densidad poblacional mapuche— señalar que los mapuche de esa zona no votan por la izquierda. Así lo destacan simpatizantes de la izquierda chilena en sus comentarios a través de redes sociales.
Todavía se analizan los resultados de la primera vuelta del proceso electoral para elegir al presidente de la República de Chile. Ningún candidato obtuvo la mayoría calificada, por lo que dos de ellos disputarán el puesto en una segunda vuelta. El apoyo electoral al bloque continuista de centroizquierda es débil, y la intención de voto indica como favorito al candidato de ultraderecha José Kast. Cabe destacar que, en la primera vuelta, alrededor del 70% de los chilenos votó por candidatos de derecha.
En los últimos años, se ha vuelto un lugar común en el análisis de los resultados de la Región de la Araucanía —considerada la de mayor densidad poblacional mapuche— señalar que los mapuche de esa zona no votan por la izquierda. Así lo destacan simpatizantes de la izquierda chilena en sus comentarios a través de redes sociales.
Esto revela una sociedad que proyecta sobre el pueblo mapuche el carácter punitivo del racismo, responsabilizando al mapuche —racializado, excluido y marginado— por su propia situación de dominación. Todo esto opera como un juicio preconcebido y como una manifestación ideológica dentro de un discurso progresista.
Un dato que desde hace mucho tiempo debería ser de conocimiento común es que los mapuche somos una minoría demográfica —el 34% en La Araucanía— y, por lo tanto, también una minoría electoral. Sorprende que tantos militantes de izquierda no indígenas lo desconozcan.
Un factor a considerar en el electorado chileno es el impacto de la pobreza en la intención de voto. Ser pobre en Chile conlleva muchas limitaciones, entre ellas, una condición de marginalidad material, social, cívica e intelectual.
Históricamente, identificarse y luchar por reivindicaciones económicas, sociales, políticas y culturales implica informarse, educarse e integrar esa lucha en la forma de vida. Creo que algunos, quienes crecimos en la pobreza, en cierta forma lo hemos experimentado en nuestro desarrollo político e intelectual. No hay que olvidar que tomar conciencia sobre la propia condición y situación de vida es un proceso inducido por diversas circunstancias.
Los estudios indican que el perfil del electorado del candidato de extrema derecha a la presidencia de Chile, José Kast, se caracteriza por un bajo nivel educativo, la influencia evangélica y la edad adulta. Respecto al segundo aspecto, el evangelismo, el progresismo poco puede incidir. Para influir en la agenda de las personas pobres y con baja educación, es necesario un activismo del cual los partidos progresistas se han divorciado —especialmente a partir de la Revuelta Social de octubre de 2019 —, alejándose de los movimientos sociales. El puente con el clivaje electoral que en este caso es menospreciado (los pobres) es el movimiento social, así como una agenda política coherente y progresista que incluya a los pueblos indígenas, quienes han quedado al margen del progresismo.
El actual proyecto de la izquierda chilena carece de dinamismo y motivación.
Por: Jorge Calbucura, noviembre 2025




