DAVID Y GOLIAT, LAS COMUNIDADES AMENAZADAS, Junio de 1997Â
DAVID Y GOLIAT
LAS COMUNIDADES AMENAZADAS
JOSE BENGOA
Publicado en: La Comunidad Perdida. Ensayos sobre identidad y cultura: los desafíos de la modernización en Chile.
SUR, Santiago, 1996.
¿Es que están contra el progreso?, uno se puede preguntar. ¿Qué nuevo delirio está surgiendo que conduce a oponerse a todas o casi todas las grandes obras "de adelanto"? ¿Acaso, por otra parte, los indígenas han obtenido un "derecho a veto", que les permite oponerse a cualquier obra que ellos "sientan" que los afecta? ¿Ha sido obra de ellos mismo, o de una fantasmagoría indigenista de hippies reciclados e izquierdistas renovados y reubicados en el ecologismo radical, la "deep ecology"? A lo menos, la prensa conservadora piensa así. Los indígenas, ¿son la vanguardia del antimodernismo, del contra progresismo, de mantener intocada la naturaleza? Un ex ministro decía: "Quieren ponerle candado al bosque nativo", a propósito de los hechos de Quinquen
¿Quién fija las fronteras, sino la misma gente? Las comunidades tiene todo el derecho de poner sus exigencias, a participar de los proyectos, a ser respetadas, escuchadas.
Es evidente que el Estado no tiene mucho que hacer en estos embrollos. Es, por lo general, un aliado fiel del "progreso". Dará todos los permisos, derechos que las leyes del pais le otorgan a los canadienses, japoneses, filipinos, australianos, neozelandeses y americanos, que son las tribus que más abundan, para saquear a destajo y ganar rápidos excedentes. ¿Podría ser de otra manera? Posiblemente. Pero no está en la línea de la "modernización compulsiva". No será el Estado el que va a crear las fronteras.
Los indígenas han adquirido una suerte de intocabilidad, nacional e internacional, que les otorga cierta impunidad. Nadie sabe muy bien por qué. Será, nos preguntamos, acaso la mala conciencia de los recién llegados al Nuevo Mundo. Posiblemente. En USA y Canadá no se los puede tocar. En Chile, veremos qué pasa. Si la empresa constructora Ralco, la mayor hidroeléctrica que se construirá, comienza a llenar la represa a pesar de la oposición de los indígenas, tendrá que acudir a la policía y el ejército posiblemente, y se encontraría con los indígenas rodeados de ecologistas, hippies, canoistas, indigenistas y todos los "ista" que uno pudiese imaginar. Lo mismo ocurrirá con otros conflictos.
Y ¿cuál es la alternativa? Toda esta gente quiere luz eléctrica, gas natural, comer pescado, caminar por las carreteras. Es un contrasentido. Sin duda lo es. Allí reside la paradoja. La sociedad de los ciudadanos, cada vez más, exige fronteras, exige poner límites al crecimiento infinito. El desarrollo desmedido no se va a enfrentar a problemas tecnológicos, no se va a enfrentar a la crisis de capitales, de ausencia de recursos. Se va a enfrentar -extrañanamente- a la gente, a los ciudadanos que exigen cambiar las tecnologías para satisfacer las mismas necesidades. Hoy día la acción de los ciudadanos comunes ha encarecido las inversiones en el mundo en más de un 50 por ciento, como consecuencia de las exigencias medioambientales. Es un éxito de la "sociedad civil" frentre a las empresas y el mercado. Algo así seguirá ocurriendo. Al capital le costará cada vez más caro invertir en depredación de recursos. Los únicos que van a proteger sus recursos son las personas que allí viven. No será el Estado, por cierto: irá detrás. Por diversas razones, deberá acceder a las peticiones de la gente. Finalmente son los electores, el pueblo, el soberano. Pero es un proceso largo y difícil.
Hacia allá va el mundo. Hacia allá van las comunidades. A protegerse por sí mismas contra la acción depredadora del mercado y la ausencia de controles y permisividad del Estado. Los partidos políticos no parecieran ser instrumentos adecuados. Quedan prisioneros de un supuesto bien común, de un término medio general, de un emparedado de intereses, de electores, financistas de campañas electorales, empresa, mercado y Estado. La gente ha quedado sola.
El futuro estará colmado de guerras entre David y Goliat. Las pequeñas comunidades, defendiendo su vida, su entorno, su "vida buena", frente a lo lógica del mercado, de las empresas, de los Estados permisivos. Nadie puede delegar su responsabilidad. Ya no hay delegación del poder, los responsables son los propios afectados. Ellos son los que fijarán las fronteras. Los indígenas ya lo hacen. Los vecinos, los que viven cerca, los comuneros, los pobladores, la gente común, irán poniendo fronteras al crecimiento irreflexivo, a la modernización compulsiva, a la expansión depredadora de la tecnología desbordada.
(Transcripción para Internet:
Sandra Huenchuán. TEMUCO- Chile)



