"Me arrodillé y agradecí por poder ver a los hermanos cóndores volando nuevamente aquí donde mis antepasados los vieron y convivieron con ellos", asegura Manuel Cayul, responsable de la comunidad mapuche Pehuenche, de Los Berros. Rio Negro (Viedma), 23 de diciembre de 2003.
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Enviado especial, Pedro Caram
Los cinco cóndores andinos vuelan desde ayer entre el mar y la meseta
Sierra Pailemán fue el escenario de la liberación. Hubo emoción y festejos entre los que presenciaron. Tras varios intentos fallidos, los pájaros consiguieron volar.
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Minutos después de las 13, bajo un sol cálido que quemaba y un viento sur que se le oponía, los cientos de personas que se acercaron hasta el campo de Manuel Botana, a pocos kilómetros del paraje Sierra Pailemán, pudieron ver como los pichones emprendieron, inseguros, sus primeros vuelos.
Vanessa, una de las jóvenes voluntarias que intervienen en el proyecto, fue la encargada de abrirles la puerta. Tras dos meses de cautiverio en pleno cerro, alojados dentro de reductos especialmente preparados para que vayan adaptándose paulatinamente al medio natural, los cinco ejemplares pudieron conocer la libertad plena. La tomaron con cautela, sin desesperación, como manifestando el temor que provoca lo diferente. Cada uno de ellos dio saltitos y se paró sobre las enormes piedras de la punta del cerro. A pocos metros los observaban ocultos en refugios especiales, una veintena de fotógrafos y camarógrafos de medios regionales, nacionales e internacionales. Al pie del cerro, en posición privilegiada para la observación directa, los reporteros y el público, desde sendos toldos camuflados, seguían atentos los movimientos de las aves.
Tras un breve período de silencio total, hubo un suspiro general. Peuma, el macho de más años, extendió sus alas, y voló. Primero poco, luego más y finalmente se alejó hasta perderse de la vista de los observadores ocultos. Los demás fueron menos decididos. Wichi y Malén, dos hembras de tres años, Malky, un macho de 2 y la hembra Guaytamari de uno, recorrieron las piedras, con vuelos cortos, tratando de buscar los mejores vientos para entrenar su desplazamiento seguro por el cielo patagónico.
La liberación significó el regreso del Cóndor a la región marítima de Río Negro. Una zona en la que habitó hace muchos años y en la que se extinguió por la acción desaprensiva del hombre. Los directivos del programa binacional de conservación del Cóndor Andino, que incluye entre otras actividades la liberación de estos cinco ejemplares en el marco del proyecto Retorno del Cóndor al Mar, que llevan adelante la Fundación Bioandina y el Zoo de Buenos Aires, expresaron su confianza en que el Cóndor pueda establecerse en el lugar, nidificar y empezar a poblar la zona en la que alguna vez vivió. Para evitar que la triste historia se repita, los realizadores del proyecto desarrollaron en los meses previos a la suelta, una fuerte difusión en las localidades cercanas, sobre las características del animal, desmitificando el erróneo concepto ampliamente repetido de que estas aves podrían afectar al ganado o al ser humano.
Ante la mirada de cientos de testigos
que por los difíciles caminos rurales del lugar se acercaron a presenciar
el magnífico espectáculo, los cinco cóndores recuperaron
su libertad. Referentes de distintos países relacionados con la
preservación del medio ambiente, estuvieron observando el hecho
trascendente. Hubo lágrimas y llantos de felicidad por la tarea
cumplida, por la emoción de ver a los cinco pichones buscando su
rumbo. Ya no habrá barreras entre el mar y la meseta para estos
grandes pájaros, que ayer pasaron a formar parte de la increíble
naturaleza salvaje de la estepa patagónica.
Nadie se lo quiso perder
Mucho público se dio cita en el lugar. Sorprendió el interés que la liberación provocó en la región y en todo el país. Durante los días previos a la suelta muchas personas se acercaron a conocer el sitio donde estaban alojadas las aves.
Lo llamativo fue también la numerosa comitiva que acompañó al gobernador Miguel Saiz, a un acto que, aunque reviste de cierto interés particular para el gobierno, no tiene directa relación con su acción específica, ya que es llevado adelante por fundaciones independientes. Ministros, legisladores, intendentes de la zona, concejales, comisionados, funcionarios de primeras y segundas líneas de la Provincia y Municipios llegaron a pleno campo, cerca de la meseta de Somuncura. Y periodistas de los más diversos medios regionales y nacionales.
Estos últimos arribaron desde
Buenos Aires en un avión charteado para poder trasladarlos desde
Capital Federal. Hubo una especial insistencia desde el Ejecutivo rionegrino
para que se le dé amplia cobertura a la suelta. Y allí estuvo
Saiz con varios de sus funcionarios, observando los pájaros y poniendo
distancia del importante acuerdo que hoy deberá discutir con Roberto
Lavagna para comenzar a darle solución a algunos problemas clave
para el desarrollo de la Provincia.
Un rezo mapuche en la liberación
Manuel Cayul subió al cerro
y rezó. Lo hizo en su lengua y a su Dios, el Futachao o Nguenechen.
Con su voz temblorosa por la emoción y los años de lucha,
Manuel habló. "Me arrodillé y agradecí por poder ver
a los hermanos cóndores volando nuevamente aquí donde mis
antepasados los vieron y convivieron con ellos", asegura el responsable
de la comunidad mapuche Pehuenche, de Los Berros.
Un intermediario
Con sus 70 años, Cayul recordó que para los indígenas el Cóndor no era solamente un ave. "Era el intermediario entre Dios y mi gente, lo que se conocía como un huerquén, un secretario", dice el hombre de ojos llorosos, manos curtidas, pecho henchido, humildad absoluta y convicción profunda.
Tras su breve rogativa, los hijos
de Manuel Botana, propietario del campo en el que se realizó la
liberación, lanzaron plumas de cóndores al aire. "Las plumas
simbolizan a los cóndores que algunas vez habitaron el lugar. Son
un homenaje a ellos y una forma de manifestar la esperanza de que estos
cinco sucesores puedan adaptarse y conformar una población estable.





