jos que el sábado pasado honraron a la Virgen de Copacabana, patrona de Bolivia, anticiparon los actos por la independencia de ese país, que se evocó ayer. Pero también fueron un ejemplo de integración entre dos culturas, un hecho no menor en una provincia donde casi el 10 % de la población (150 mil personas) es boliviana. Los Andes (Mendoza), 7 de agosto de 2002. 

 
 

Los Andes (Mendoza), 7 de agosto de 2002.
 
 

La fiesta patronal de Bolivia sirvió para integrar a dos culturas

 
 

Las voces entonaron en quechua el himno a la Patrona, el Tinkunacu. Entre el humo del incienso y la lluvia de papeles se vió a la imagen de la Virgen de Copacabana cruzar la multitud, abriéndose paso por los arcos de frutos y flores en las calles de Tupungato. Los bolivianos vistieron sus camionetas con los ayuyos (mantos de colores) para ofrecerlos a su patrona. Y los mendocinos también compartieron cada uno de los rituales, aún sin entenderlos del todo.

Los festejos que el sábado pasado honraron a la Virgen de Copacabana, patrona de Bolivia, anticiparon los actos por la independencia de ese país, que se evocó ayer. Pero también fueron un ejemplo de integración entre dos culturas, un hecho no menor en una provincia donde casi el 10 % de la población (150 mil personas) es boliviana.

Con rasgos particulares, esta celebración comenzó con nueve noches de encuentros en el patio de la familia que tuvo la misión de albergar a la Virgen durante todo el año. En su propia vivienda, los custodios de la imagen arman un santuario y reciben a los peregrinos que quieran orar allí a cualquier hora del día.

Como en Bolivia, la gran fiesta es el primer sábado de agosto. Ese día, todos quieren hacerles sus ofrendas a la “madrecita”. Frente a la parroquia Nuestra Señora del Socorro se ordenó una fila de camionetas cargadas de moños, mantos, peluches, frutos y flores. “El auto es nuestra herramienta de trabajo y queremos ofrecérselo”, explicó Irma Subelza, que vive de su trabajo en el campo.

Cada detalle de la fiesta tiene su “padrino”. Así, cada fiel se encarga de los arcos, los souvenirs, la torta, el arreglo del altar y la música. A cambio, le piden a la Virgen un favor.

“Ahora hay que tirarle papelitos a la mamacita”, dijo una niña de ojos rasgados. Para la cultura del país norteño, la lluvia de papel picado es signo de bendición. Así, los bolivianos saludaron a las familias argentinas que salieron a las calles a regalarle flores a la Virgen.

Pasado el mediodía, las bombas de estruendo marcaron el final de la procesión en un salón de fiestas. Allí, durante tres días las familias compartieron bailes y comidas típicas para homenajear a la Patrona. En la última jornada, eligieron a los nuevos custodios de la Virgen y con cánticos acompañaron a la Patrona hasta su nuevo domicilio.

Desde que el padre Juan Miranda trajo la imagen a Tupungato en 1996, cada vez son más los mendocinos que se acercan a compartir los festejos con esta colectividad. DelmaMartínez fue la primer “pasante” que cuidó a la imagen y destacó, emocionada, la integración de las dos culturas.

A pesar de que la colectividad boliviana se ha ganado un espacio para desarrollar su cultura, costumbres y tradiciones, aún se perciben denuncias por discriminación en entidades y parroquias que trabajan con los inmigrantes. Según el cónsul Raúl García Chalar, la mejor forma de combatir la discriminación es facilitarles a los inmigrantes la obtención de sus documentos.

El problema no es menor, ya que la mitad de los bolivianos en la provincia son indocumentados. Al ser inmigrantes ilegales, sus hijos no pueden obtener su título legal en las escuelas o tienen obstáculos para ser atendidos en hospitales y centros de salud. “A veces son ellos mismos los que se aislan por temor a ser encarlelados”, acotó García Chalar.

El cónsul informó que el lunes entrará en vigencia un protocolo a la ley de Migraciones, para que muchos indocumentados se puedan radicar. Y desde la parroquia de los Migrantes en Guaymallén, están peleando por una ley provincial -ya con media sanción- para legalizar la entrega de diplomas a los niños bolivianos en las escuelas.
 
 

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