Según las primeras versiones, el desencuentro terminó con 14 personas lesionadas (ocho carabineros y seis indígenas), y ocho detenidos, entre los cuales estarían los hermanos Víctor, Juan y Nelson Ancalaf, Carlos Millalem, Pedro Pichincura, Carolina Manque, Flora Urrea Pailallao, Patricia Troncoso Robles y Gerardo Nahuelpi. A ellos se suma Bernardo Llanca Tripaiñán, hospitalizado en Traiguén. Los mapuches (hombres, mujeres, niños y algunos ancianos), atacaron el refugio de los empleados de Mininco. Las piedras también alcanzaron a los policías que hacían guardia. Estos, ante la agresión, respondieron con balines y bombas lacrimógenas, mientras se escuchaban recriminaciones mutuas de grueso calibre.Tercera en Internet, 6 de Marzo de 1999 

 Proyecto de Documentación Ñuke Mapu
 
 
 
NACIONAL CRONICA 
06 de Marzo de 1999 
   
 
Trescientos indígenas actuaron contra carabineros y brigadistas en Traiguén  
Cómo se organizó la revuelta mapuche  

Grupos que llegaban separadamente rodearon durante la noche campamento forestal. 

 
Fredy Palomera  
 

  Cansados de esperar 
A la postre y según las primeras versiones, el desencuentro terminó con 14 personas lesionadas (ocho carabineros y seis indígenas, todos con diagnóstico de policontusos), y ocho detenidos, entre los cuales estarían los hermanos Víctor, Juan y Nelson Ancalaf, Carlos Millalem, Pedro Pichincura, Carolina Manque, Flora Urrea Pailallao, Patricia Troncoso Robles y Gerardo Nahuelpi. A ellos se suma Bernardo Llanca Tripaiñán,hospitalizado en Traiguén. 

 Anoche continuaban las arremetidas indígenas, que continuarían según lo anunciado por dirigentes mapuches, argumentando que "ya no queda otra cosa más que hacer, porque las intenciones de diálogo nunca prosperaron",además de denunciar que están "cansados de esperar y esperar sin recibir respuesta concreta" a sus demandas. 

 

 
 
TRAIGUEN.- Catorce personas lesionadas y diez indígenas detenidos fue el saldo de una verdadera batalla campal librada en la madrugada de ayer en el fundo Chorrillos, al surponiente de Traiguén. Mapuches del sector se enfrentaron con los carabineros que custodiaban un campamento de la empresa Forestal Mininco. Y las escaramuzas continuaban hasta anoche. 

 En esta forma, la anunciada revuelta del pueblo mapuche por la reivindicación de sus tierras parecía comenzar en la IX Región, dónde vive el grupo más numeroso de esta etnia fuera de la Región Metropolitana. En total, estos indígenas suman alrededor de un millón en todo el país. 

 Los hechos se gestaron pasadas las 4 horas, unos 10 minutos después que La Tercera se apostara en el sector a la espera de una "lucha anunciada". En ese momento el toque del "kul kul" (instrumento a base de cuerno de buey) y el sonido de trutrukas y de kultrunes interrumpió el silencio de la noche, para marcar el inicio de la reunión de los mapuches. Claramente se pudo observar en terreno que tenían todo planificado. 

 A partir de entonces, los minutos corrieron velozmente y en menos de una hora, la movilización de unos 300 mapuches de las comunidades de Temulemu, Didaico, Pantano y otros provenientes de Lumaco se hacía sentir por todos los rincones de los cerros de la zona. La idea, dijeron sus dirigentes, era "ir a conversar con alguien de Mininco" para detener,definitivamente, la continuidad de las faenas de tala de bosques. 

 En tanto, unos 70 efectivos policiales resguardaban el campamento de los trabajadores forestales, mientras que en cuatro puntos fijos de la ruta rural que une Traiguén con Chorrillos se realizaban intensos y exhaustivos controles vehiculares. 

 

BATALLA CAMPAL

Pasadas las 5.30 horas y luego que los indígenas se ubicaran estratégicamente en los sectores suroriente y norponiente del campamento,y sin establecerse a ciencia cierta qué bando fue el primero en atacar al rival, se desató lo que, vivido en terreno, fue una batalla campal sin tregua. 

 Los mapuches (hombres, mujeres, niños y algunos ancianos), con un impresionante chivateo y premunidos de boleadoras y hondas atacaron incesantemente el refugio de los empleados de Mininco. Las piedras también alcanzaron a los policías que hacían guardia. Estos, ante la agresión, respondieron con balines y bombas lacrimógenas, mientras se escuchaban recriminaciones mutuas de grueso calibre. 

 Chorrillos estalló en todo tipo de ruidos de la batalla campal. Los "silbidos" de piedras lanzadas por los mapuches, los gritos, el crepitar de malezas y ramas que fueron incendiadas, sumados a la detonación de los balines percutados por los carabineros y a la estela que dejaban las lacrimógenas, transformaron todo el sitio en un impresionante escenario bélico. La intensa humareda y los diversos focos de incendios daban la impresión que el sitio había sido bombardeado. 

 

EL LIDER

De momento, el paisaje parecía un infierno, debido a que al amparo de la oscuridad ambos bandos actuaban lo más estratégicamente posible,obligando -incluso- a tener que lanzarse al suelo para evitar ser impactado por una piedra (o mejor dicho, verdaderas rocas) o disparo perdido. 

 Mientras en las fuerzas policiales las acciones eran dirigidas por sus oficiales, en el actuar indígena del sector sur por lo menos, destacaba el liderazgo de alguien al cual (en más de una oportunidad) se le llamó "comandante" y cuyas órdenes eran rápidamente obedecidas por el grupo,especialmente por un joven que parecía ser una suerte de subalterno del primero. Lo curioso es que a él no se le llamaba lonko o werkén, que son los apelativos de los líderes mapuches Los garabatos iban y venían entre los grupos rivales. Y entre los gritos se escuchó una de las frases que al parecer caló hondo, como motivación para los mapuches y ofensa para los efectivos policiales. El propio "comandante" lanzó a viva voz y como una suerte de arenga: "¡Son menos (los policías) y pelean por plata; nosotros somos más y peleamos por la vida!". A partir de entonces, pareció incrementarse el actuar de los "boleadores", por un lado, y la respuesta de los uniformados, por el otro. 

 Una vez más, el paisaje se tornaba gris e impactante. 

 

DESENLACE

Cerca de las 8 horas, luego que la luz solar evidenciara lo sucedido y cuando ya había llegado apoyo policial suficiente, el ambiente poco a poco comenzó a tornarse respirable, aunque las fumarolas de focos de incendios, los cartuchos de lacrimógenas, las barricadas con troncos para papelera, los cercos derribados y los montones de piedras (materia rima para las boleadoras) seguían siendo las más fieles huellas de lo ocurrido. 

 

 
La Tercera Internet 
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