El llanto desgarrador de algunos familiares y los escombros aún humeantes de la vivienda emplazada en el sector de Catripulli, distante a unos 16 kilómetros al sur del perímetro urbano de Carahue, eran los únicos indicios del infierno que pasadas las cero horas de ayer provocó la muerte de tres personas. Las víctimas que murieron calcinadas fueron identificadas como Juan Antonio Paillán Huenchuñir, 83 años; su esposa, Juana Georgina Yevilao Quirilao, 87; y Rosa Lincopán Llanquileo, 50 años, una amiga del matrimonio mapuche que había llegado desde Santiago. Los habitantes del inmueble celebraron la fiesta de San Juan y el Wetripantu con la visita de la Región Metropolitana, con quien tenían una siembra en mediería en la que cultivaban hortalizas, principalmente para la subsistencia. Diario El Austral de Temuco miercoles 25 de junio de 2003

 
Año LXXXVIII - Nro. 31.560 - Miércoles 25 de junio de 200
 

Tres muertos en trágica celebración de San Juan


El llanto desgarrador de algunos familiares y los escombros aún humeantes de la vivienda emplazada en el sector de Catripulli, distante a unos 16 kilómetros al sur del perímetro urbano de Carahue, eran los únicos indicios del infierno que pasadas las cero horas de ayer provocó la muerte de tres personas.

Las víctimas que murieron calcinadas fueron identificadas como Juan Antonio Paillán Huenchuñir, 83 años; su esposa, Juana Georgina Yevilao Quirilao, 87; y Rosa Lincopán Llanquileo, 50 años, una amiga del matrimonio mapuche que había llegado desde Santiago.

Los habitantes del inmueble celebraron la fiesta de San Juan y el Wetripantu con la visita de la Región Metropolitana, con quien tenían una siembra en mediería en la que cultivaban hortalizas, principalmente para la subsistencia.

Como si todo se hubiese confabulado en contra de esta familia, hace cinco días el temporal de viento y lluvia que azotó el sur derribó un árbol que cortó los cables del tendido eléctrico a unos 200 metros de la casa, dejándolos sin el suministro.

El accidente motivó que los moradores de esta vivienda y de otras aledañas optaran por alumbrar las dependencias con velas y chonchones. Pero la escasa visibilidad que aquella noche había al interior de la morada no opacó la celebración.

La nuera del longevo matrimonio mapuche, Juana Paulina Colihuinca, relató entre sollozos que se encontraba junto a su esposo en su vivienda -una construcción aledaña- cuando escuchó unos gritos desgarradores de la dueña de casa. "Ella le pedía ayuda a su hijo y decía: ¡Dani..Dani, ayúdame!".

Tras escuchar los gritos de la desesperada mujer, Daniel Paillán, salió de su vivienda encontrándose con el inmueble de sus padres abrasado en llamas. Desesperado tomó un hacha y decidido a entrar derribó la puerta principal. En ese momento uno de los electrodomésticos estalló aumentando la voracidad del fuego que se podía ver desde varios metros a la redonda.

En su desesperación, el lugareño utilizó unos baldes con agua que el matrimonio mantenía almacenados en una dependencia cercana al inmueble, porque no tenían energía eléctrica para hacer funcionar la bomba que permite sacar agua desde un pozo.

A esas alturas sus pequeños hijos habían despertado llorando y algunos vecinos abandonaron sus domicilios para prestarle ayuda, pero ya nada podían hacer para evitar el fatal desenlace.

El fuego arrasó rápidamente la casa construida en su totalidad de madera, que hace unos meses había sido forrada con planchas de zinc para soportar el frío que durante el invierno se deja sentir en La Araucanía.

El fiscal jefe de la Fiscalía Local de la comuna costera, Pablo Sabaj, se constituyó en el lugar y solicitó la presencia del Laboratorio de Criminalística de la Policía de Investigaciones (Lacrim).

Una vez que el personal especializado finalizó los peritajes, el representante del Ministerio Público ordenó levantar los restos calcinados que luego fueron trasladados al Servicio Médico Legal de la capital regional.

 

FUNERALES

Si la tragedia hubiese ocurrido la noche de un sábado o un domingo, Elías Yevilao, 14 años, nieto del matrimonio, hubiese sido la cuarta víctima. El estudiante, quien cursa primer año medio en el Liceo Industrial de Nueva Imperial, no se encontraba en la casa porque durante la semana se queda con una tía, y regresa al campo todos los viernes en la tarde.

Con una mezcla de resignación y dolor, el estudiante narró que no es primera vez que su familia es golpeada por una situación como ésta. En diciembre del 2000 un incendio arrasó con la vivienda, con la única diferencia que en aquella ocasión los moradores fueron más afortunados, resultaron sólo con quemaduras. Pese a ello tuvieron la fuerza suficiente para reconstruir su hogar, signo de la entereza y el esfuerzo que caracterizó a este matrimonio mapuche.

Si bien se presume que el fuego se originó por el volcamiento de una vela o un chonchón a parafina, los peritajes de Lacrim deberán precisar las causas y el origen del siniestro, conclusiones que formarán parte de un documento que en los próximos días la unidad especializada entregará a la Fiscalía.

Durante la mañana de ayer decenas de vecinos del matrimonio que murió en el siniestro se agolparon en el lugar para improvisar unas dependencias donde serán velados. A la misma hora, en el Servicio Médico Legal de Temuco, los familiares se sometían a la dolorosa tarea de retirar los restos para luego trasladarlos al sector rural de la comuna costera.

Los lugareños hicieron un llamado a la empresa Frontel a que envíe con urgencia personal para reparar el suministro de energía eléctrica, porque el uso de velas y chonchones al interior de las viviendas puede provocar otro desenlace fatal en cualquier momento.

Los funerales de la familia mapuche se realizarán en los próximos días en el Cementerio de Catripulli Centro, distante sólo a unos kilómetros del lugar donde se desató la tragedia que convirtió una noche de San Juan en una pesadilla.

 
TEXTO: ROBERTO NEIRA T.


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