Durante el 6, 7 y 8 de agosto se ha realizado en Santiago el Encuentro Mapuche Chileno de Poetas. Hoy, viernes 8, en la lectura final (Casa del Maestro, Bulnes con Catedral), la entrada es liberada y están todos los lectores de El Siglo invitados. Entre las voces importantes de la poesía mapuche está la de Elicura Chihuailaf. Sus poemas en mapudungún y castellano han recorrido el mundo y su obra está traducida a varias lenguas. El Siglo, 12 de agosto de 2003

 

Elicura Chihuailaf
Los mapuche continuamos con nuestros sueños
Por José Osorio


Durante el 6, 7 y 8 de agosto se ha realizado en Santiago el Encuentro Mapuche Chileno de Poetas. Hoy, viernes 8, en la lectura final (Casa del Maestro, Bulnes con Catedral), la entrada es liberada y están todos los lectores de El Siglo invitados.
Entre las voces importantes de la poesía mapuche está la de Elicura Chihuailaf. Sus poemas en mapudungún y castellano han recorrido el mundo y su obra está traducida a varias lenguas. Da clases en universidades, ha recorrido diversos países y ha ganado en dos ocasiones el premio del Consejo Nacional del Libro y la Lectura y en 1997 el Municipal de Santiago. Ha traducido a Neruda a lengua mapuche.
Nació en Kechurewe, IX Región, en 1952. Su familia se estableció en el pueblo de Cunco y de sus abuelos aprendió a cultivar la tierra, compartir la cultura mapuche, ser parte de aquella oralidad. Luego, estudia en el internado del Liceo de Temuco y se titula de obstetra en la Universidad de Concepción, profesión que no ha ejercido.
Actualmente vive en sus tierras, en la precordillera de Temuco. Estas son las reflexiones que compartió con El Siglo.



-¿Cómo nace en ti el oficio de escribir?
Por una causalidad: interno en el Liceo de Hombres de Temuko, me encontré de pronto exiliado de mis paisajes, de mi gente, de la ritualidad cotidiana presidida por mi abuelo (Lonko de nuestra comunidad.)


Llegado a las frías y penumbrosas aulas la primera semana de abril, ¡hermoso otoño! con días de llovizna y esplendorosa brisa llena de hojas de castaños de la avenida Balmaceda, se me hicieron más intensos los sonidos de los esteros, el aroma de los bosques, el canto de los pájaros, la ternura de las voces de mis abuelos y de mis padres, la calidez de la leña encendida, de su rescoldo regalándonos el aroma del pan recién horneado... Y yo en medio de cientos de estudiantes a quienes no podía –pensaba- hablar de mi gran nostalgia sin el riesgo de ser ridiculizado. Sin darme cuenta me encontré conversando conmigo mismo, más tarde vendría la ayuda de unas cuantas hojas de papel.


-¿De dónde vienen las fuentes de tu creación?
De los cantos, cuentos y adivinanzas de mis mayores, a orillas del fogón y luego de la cocina a leña en Kechurewe, la comunidad de mis abuelos y de mis padres. De mis lecturas de la naturaleza. Después, de mis lecturas de narrativa a orillas del brasero de fierro circular, en Cunco.


-¿Qué es para ti la literatura y la poesía?
Siendo la palabra hablada el maravilloso artificio que es, la literatura es un artificio del artificio que permite, por ejemplo, escribir de Medellín, Rotterdam, Tbilisi o Banjul sin haber estado nunca allí. A través de tu investigación teórica tus personajes se pueden pasear por sus paisajes como el más avezado de sus conocedores.
La poesía es la Palabra original, la Palabra sanadora (los cantos de la Machi, las invocaciones de los Lonkos). La Palabra de los niños y de los ancianos. La Palabra que –sobre todo en otoño o en primavera- abre la ilusionada ensoñación de los adolescentes. La Palabra con frecuencia olvidada o difícil de abordar por los adultos en su lucha por la vida (la muerte la tenemos asegurada, me dice un amigo). La Palabra traspapelada entre las tarjetas de créditos. La Palabra que resplandece en los sueños, en los ideales y en los momentos de tristeza o de felicidad. Intima y cósmica a la vez, pidiéndote hablar generalmente en primera persona.


-Tú hablas de oralitura como una forma de abordar la creación. ¿Qué significa para ti?
Es una forma de abordar la creación, que está determinada por –y siendo a la vez- una etapa histórica en la que se encuentra la escritura en el mundo indígena en general y mapuche en particular. Este proceso se ha dado de igual manera en todas las culturas: oralidad, oralitura y escritura (literatura). Y es el trayecto individual permanente y cotidiano en toda cultura hoy.
La oralitura es escribir a orillas de la oralidad, a orillas del pensamiento de nuestros mayores y, a través de ellos, de nuestros antepasados. Se habla/escribe en primera persona. Así lo viví/escuché, así lo estoy viviendo/escuchando: me digo, me dicen, me están diciendo, me dirán, me dijeron. Todo ello brotando desde una concepción de tiempo circular: somos presente porque somos pasado (tenemos memoria) y por eso somos futuro. La totalidad sin exclusión, la integridad sin fragmentación de la vida y de todo lo viviente
Las creaciones de los oralitores son como sueños cuyos significado y musicalidad se van descifrando y corroborando sin prisa ante nuestros otros/otras, a modo de conversación, como una forma de vida de la que no nos podemos excluir. Por eso, una vez que pasan a la escritura, siempre son textos no concluidos.


-En tu obra, el “Azul” está muy presente. ¿Qué representan para ti el paisaje y la territorialidad mapuche?
El Azul es el color de la vida mapuche. El epew/relato de origen nuestro nos dice que el espíritu mapuche vino desde el Azul, pero no de cualquier Azul, sino del profundo Azul del oriente. Y, siendo el pvllv/espíritu la energía que nos habita, es el color que se cobija en su casa transitoria que es nuestro cuerpo. Y cuando decide partir, abandonarla, continúa hacia el poniente para cruzar el Río de las Lágrimas y retornar -completando el círculo de la vida- al lugar de su origen: el Azul del oriente.
Hace más de tres décadas Jorge Dowling recogió uno de los pensamientos fundamentales de nuestra visión de mundo: “La Machi, al tener asido en su mano el kultrún está sosteniendo simbólicamente al universo o, como diría cualquiera, sostiene el mundo en una mano”.
Así el paisaje y la territorialidad del pueblo, de la cultura, en que me tocó nacer representan los latidos de mi infancia –con su finito e infinito- en torno a la que he venido construyendo escaleras, altillos, puertas que -sin descuidar el oriente- se abren en todas direcciones y a cuyos materiales de tierra y hierbas he venido sumando otros recogidos en mi experiencia de andar dialogando con otras culturas del mundo. “Raíces de árboles son nuestros pies/ Alas de ave de paso tiene nuestro corazón”, nos dice el vlkantun/canto de nuestra Papay Marivl.

-¿Cómo ves el panorama literario mapuche?
Como en los años 30, cuando nuestros oralitores publicaban sus creaciones en pequeños periódicos editados por nuestra propia gente, como la “Voz de Arauco” del Centro de Estudiantes Newentuaíñ/Juntos hagamos fuerza -que dirigió mi padre, Carlos Chihuailaf Railef-, en Temuko; o el “Heraldo Araucano”, en Santiago. Un grupo diverso y dialogante. Claro que ahora con más posibilidades de divulgación y, por lo mismo, con más conciencia del libro.
Me parece que el panorama creativo en la actualidad es bien interesante. En poesía: Lorenzo Aillapán, Leonel Lienlaf, David Aniñir, Graciela Huinao, María Isabel Lara, María Teresa Panchillo, por nombrar a los que me parecen más importantes y cercanos a nuestra fuente. Hay todavía gran ausencia de narradores. ¿Es tal vez un ámbito en el que es más difícil asumir la oralitura sin correr el riesgo de repetir la fuente o entrar de lleno en la literatura? No estoy seguro. En todo caso, puedo nombrar dos (en la posibilidad siempre del desconocimiento) cuyos textos enseño en la universidad: Ricardo Loncón y Miguel Antipán Curín.


-Y en ese plano, ¿cómo te relacionas con la literatura de Chile, con sus escritores, con sus poetas?
Desde el punto de vista de la lectura mi conexión más fuerte es con la novela y el cuento: Nicomedes Guzmán, Francisco Coloane, Fernando Santiván, Ciro Alegría, Luis Vulliamy, Edesio Alvarado, Patricio Manns, Isabel Allende, Volodia Teitelboin, Luis Sepúlveda, Pedro Lemebel, etc.
Entre los poetas tengo excelentes amigos. Tengo un grato recuerdo de Enrique Lihn, que en un Encuentro en Temuko –1982- me dio la sorpresa de leer en público uno de mis poemas que mi amigo Esteban Navarro había publicado en una hoja de poesía llamada “Latrodectus”. También Jorge Teillier me prodigó su amistad y con frecuencia envió colaboraciones para la revista “Poesía Diaria” que –en tiempos de la dictadura de Pinochet- editábamos con Guido Eytel. Omar Lara publicó algunos de mis poemas en su revista Lar en España, lo que posibilitó la primera traducción de mis textos al italiano por el poeta Gabriele Milli.
Entre los poetas chilenos estuvo mi amigo Juan Pablo Ampuero. Y, aparte de los ya nombrados, están: Rosabetty Muñoz, Carmen Alejandrino, Ana María Muñoz, Viviana del Campo, Teresa Calderón, Paulina Valente, Jaime Valdivieso, José María Memet, Gonzalo Contreras Loyola, Andrés Morales, José Mancilla, Juan Cameron, Julio Espinoza, Raúl Zurita, Jorge Montealegre, Tomás Harris, Sergio Mansilla.


-Tú organizaste hace algunos años un “Encuentro en la Palabra”. ¿Qué importancia tienen esos encuentros?
Eso fue en 1994. La llamamos “Zugutrawvn/Encuentro en la Palabra”. Los organizadores fuimos Jaime Valdivieso -que convocó a los escritores chilenos- y yo –que convoqué a los oralitores mapuche. Realizamos una primera parte en Temuko (entre los chilenos estuvieron: Gonzalo Rojas, Jorge Teillier, Nicanor Parra, Miguel Arteche, Marcela Serrano, Floridor Pérez, Jaime Quezada, etc.) y una segunda parte –ese mismo año- en Santiago y que incluyó también a la plástica mapuche y chilena: “Zugutrawvn ka Afvltrawvn”, con debates en la Sala Ercilla y exposición en la Sala Azul de la Biblioteca Nacional.
Son una posibilidad de verse, mirarse a la cara, intercambiar opiniones, avanzar en el conocimiento de nuestras visiones de mundo. Son la posibilidad de dialogar en condiciones de igualdad y de –juntos- manifestar a la sociedad chilena que es necesaria y urgente la aceptación de la diversidad que nos enriquece, y que la ignorancia que la discriminadora sociedad chilena tiene respecto de nuestra cultura es tremenda (para no decir vergonzante).


-En los 80 lo que marcó a muchos poetas fue la lucha contra la dictadura. En los 90, ¿qué marca a los poetas mapuches?
La “pacificación de los chilenos” perpetrada por la Junta Militar en 1973 nos tocó muy duramente, como lo sucedido en la denominada “pacificación de la araucanía” perpetrada y consolidada por el Estado chileno en 1883: persecuciones, cárcel, exilio, tortura, muerte, desapariciones. Eso lo vivimos muy de cerca, en las amistades, en la familia y en nosotros mismos, por lo que nos marcó hondamente y luchamos también con nuestros medios –la creación- en contra de la dictadura.
Me parece que en los 90 y en lo que va del 2000 nos marca, en realidad hablo de mí, la decepción por la no interrumpida “pacificación de los mapuche” por el Estado chileno. Su dramática evidencia en la construcción de represas en el río Bío Bío con la consiguiente inundación de las tierras de nuestra gente, y el permanente apoyo al avance de las grandes forestales. Por un lado se adquieren unas pocas tierras a través de la Conadi, pero por otro lado se sigue fomentando la reducción. Está también el centenar de encarcelados nuestros y los juicios a nuestras autoridades. ¡Y qué decir del juicio anulado en Angol! En esta llamada democracia no hay participación ni –al parecer- justicia para nuestra gente. El Estado chileno sigue en su aspiración de ser un país de blancos, de no aceptar su hermosa morenidad.


-¿Cuál es el papel que le asignas a la “cultura mapuche” y en particular a los creadores como tú, en la lucha por la recuperación de sus tierras, de su identidad y autonomía?
Nuestra cultura es fundamental en nuestra lucha que es por ternura, en defensa de nuestros hijos y de nuestros iguales en la naturaleza, viviendo como nosotros, alimentados y alimentando a nuestra Madre Tierra. Cada cual luchando desde su diversidad, sin olvidar el concepto de la totalidad, del universo que somos, como nos lo señala nuestra filosofía.
Me parece que nuestra oralitura, sin proponérselo, contribuye a recordar que el pensamiento mapuche sigue vigente y que privilegia el diálogo en igualdad de condiciones. Que los mapuche, gente de la tierra, continuamos con nuestros sueños. Que mapuzugun significa el habla de la tierra y que tenemos una historia y un territorio histórico.


-¿Cuál es el futuro del pueblo mapuche que imaginas?
Reconocidos constitucionalmente y autónomos. Viviendo, por lo tanto, en una interculturalidad y en un bilingüismo mapuzugun-castellano. En ese sentido, considerando que la actual regionalización, como lo he constatado en mi andar por este país, no permite a las distintas regiones abordar sus propias soluciones a los problemas que los aquejan en su diversidad, he propuesto que seamos solidarios y que juntos aboguemos por un Chile de Regiones Autónomas. Desde luego, ello supone una modificación de la actual división geopolítica, fundamentalmente en lo que se debiera considerar la Región Mapuche.


-¿Cuáles son tus proyectos?
Estoy haciendo la selección para una muestra de mi poesía desde 1977 hasta ahora, que es una propuesta de la editorial Lom. Un libro arte, con acuarelas y grabados, que mi querido amigo Santos Chávez quiso sacar adelante antes de su fallecimiento. Con mi amigo Jaime Valdivieso nos disponemos a revisar un texto ya concluido hace dos años, una Conversación que por ahora llamamos “Diálogo entre culturas”. Es más improbable la publicación de mi “Sueño de Luna Azul”.

Obras:
El invierno y su imagen.
En el país de la memoria.
De sueños azules y contra-sueños.
A orillas de un sueño azul.
Recado confidencial a los chilenos.

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