“Butamalón”, novela de Eduardo Labarca, es la historia de un sacerdote y jefe militar español, Juan Barba, que se suma a la lucha de los mapuches. Una carta en el Archivo de Indias lo describe como un ‘sacerdote endemoniado’ los cronistas mencionan a Barba entre los españoles ‘traidores’ que se pasaron al bando mapuche, se le denigra con especial virulencia por tratarse de un sacerdote que llegó a catequizar a los indios y terminó catequizado por ellos. “En el exilio me obsesionaba el golpe del 73, lo que nos había pasado. Quería entender la esencia del país, la crueldad de los victoriosos y la tenacidad de los vencidos. Entender a civiles y militares. A nosotros mismos. Sentía que la explicación podía estar en los trescientos años de la guerra de Arauco, en el parto doloroso de nuestro país. En el Archivo de Indias, en Sevilla, al hojear con emoción las cartas en que los gobernadores de Chile imploraban al rey que enviara dinero y refuerzos para seguir la guerra desesperada que libraban contra ‘los bárbaros de Chile’. Sostenían que si esta tierra quedaba en manos de los ‘indios infieles’, sería presa de los protestantes ingleses y holandeses que navegaban frente a sus costas y el país se perdería para la Santa Iglesia Romana. Chile era la colonia más pobre de España y sólo acarreaba gastos”. “Había algo de geopolítico en esta guerra: si España abandonaba Chile, se le cerraría la ruta del Estrecho de Magallanes hacia el Perú, rico en oro y plata. Hay que decir que abundaron los contactos entre los mapuches y los corsarios ingleses y holandeses que llegaban a las costas de Chile”. Punto Final, Edición 530 

 
   
Punto Final, Edición 530
 
Rastreando la historia

“Butamalón” la épica de la conquista

...”y mezclado con los indios atinó a venir un Juan Barba, fraile de la religión de Santo Domingo, quien en una mano agitaba la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo y en la otra la lanza destos bárbaros.”
(Carta del gobernador de Chile, Pedro de Viscarra, a Felipe III)

“Butamalón”, novela de Eduardo Labarca, se difundió en Chile en 1996 con repercusión apreciable. Es la historia de un sacerdote y jefe militar español, Juan Barba, que se suma a la lucha de los mapuches, desplegando en su favor sus capacidades de religioso y militar. Prepara y dirige las legiones indígenas y comparte con ellas victorias y derrotas.

La obra se publicó en una edición de Anaya & Mario Muchnik, en Madrid, a la que siguieron dos en Chile, que han circulado por América Latina. La actualidad del tema, su enraizamiento en la historia del país, nos llevaron a proponer al autor -residente en Viena, Austria- la siguiente entrevista:

¿Cómo llegó a este tema?

“En el exilio me obsesionaba el golpe del 73, lo que nos había pasado. Quería entender la esencia del país, la crueldad de los victoriosos y la tenacidad de los vencidos. Entender a civiles y militares. A nosotros mismos. Sentía que la explicación podía estar en los trescientos años de la guerra de Arauco, en el parto doloroso de nuestro país. Quería escribir, pero no podía ser un reportaje ni un libro de historia. A mediados de los 80 tuve la oportunidad, cuando pude traspasar el pórtico del Archivo de Indias, en Sevilla, y hojear con emoción las cartas en que los gobernadores de Chile imploraban al rey que enviara dinero y refuerzos para seguir la guerra desesperada que libraban contra ‘los bárbaros de Chile’. Sostenían que si esta tierra quedaba en manos de los ‘indios infieles’, sería presa de los protestantes ingleses y holandeses que navegaban frente a sus costas y el país se perdería para la Santa Iglesia Romana. Chile era la colonia más pobre de España y sólo acarreaba gastos”.

CURA Y GUERRERO

“Había algo de geopolítico en esta guerra: si España abandonaba Chile, se le cerraría la ruta del Estrecho de Magallanes hacia el Perú, rico en oro y plata. Hay que decir que abundaron los contactos entre los mapuches y los corsarios ingleses y holandeses que llegaban a las costas de Chile”.

¿Qué fuentes existen sobre Juan Barba?

“Casi nada. Una carta en el Archivo de Indias lo describe como un ‘sacerdote endemoniado’ que encabezaba a los indios en una batalla encarnizada lanzando alaridos. Fue el punto de partida, el momento en que descubrí a mi personaje. La carta terminaba con una lista de españoles muertos y la acostumbrada petición de refuerzos. Los cronistas Arias de Saavedra, en su ‘Purén Indómito’ y González de Nájera, en ‘Desengaño y reparo de la guerra de Chile’, así como el jesuíta Diego de Rosales en su ‘Historia General del Reino de Chile’, mencionan a Barba entre los españoles ‘traidores’ que se pasaron al bando mapuche. Fueron numerosos pero a Barba se le denigra con especial virulencia por tratarse de un sacerdote que llegó a catequizar a los indios y terminó catequizado por ellos. Dicen que se fue tras una india.

Francisco Antonio Encina lo acusa de haber azuzado al toqui Pelantaro en el gran ‘butamalón’ de 1598. Los mapuches derrotaron a España en toda la línea, decapitaron al gobernador Loyola y destruyeron las ‘siete ciudades de arriba’, que Pedro de Valdivia había fundado en el sur. Así se consolidó La Frontera, territorio mapuche que conservó una autonomía de hecho durante dos siglos y medio. Las líneas que se dedican a Barba en estos libros son particularmente odiosas”.

EN RUCAS DE LONKOS

¿En qué medida hay en su libro verdad y ficción?

“Cuando se habla de novela se habla de ficción. Pero leí todo lo que es imaginable sobre el tema. Muchas cosas de la época, tratados religiosos, descripciones de plantas, animales y paisajes, cartas, crónicas. Hasta que los libros empezaron a estorbarme, empapado como estaba del asunto, de modo que los dejé a un lado para dar paso al personaje, el cual empezó a crecer poco a poco, descubriendo un mundo ajeno y asumiéndolo dolorosamente. De hecho, me convertía en Barba y escribía. Tan empapado estaba de todo, que algunos pasajes me salieron en mapudungu y otros en castellano antiguo”.

Usted tuvo de niño relación directa con mapuches...

“Mi bisabuelo paterno y mi abuelo fueron ganaderos en La Frontera. Les compraban animales. Mi abuelo tenía una montura con adornos de plata cincelada que le había regalado un lonko, compadre suyo. Mi abuela materna tomaba té con las mujeres mapuches, con las que conversaba en una mezcla de ‘castilla’ y mapudungu, mientras mi madre jugaba con los niños hablando en ‘lengua’. Mi madre me llamaba hueñi y me despertaba con un marimari. En los años 60 y 70 estuve en la Araucanía en actividades de la Juventud Comunista y del diario ‘El Siglo’. En Chol-Chol me alojaba en las rucas de los lonkos Painemal, que eran comunistas. Durante el gobierno de Allende tenía el sueño de irme a vivir con los mapuches, filmar una película y escribir un libro, pero vino el golpe”.

¿Qué proyección sobre la situación actual atribuiría a esta historia?

“A mi novela, no; sería pretencioso. Lo que me parece enorme es la proyección del choque feroz de españoles y mapuches en aquella guerra. España era entonces la primera potencia mundial y los mapuches un pueblo perdido en un rincón del planeta. Sin haber sido tradicionalmente guerreros, los mapuches se cruzaron en el camino de España desde el primer momento. Treinta mil españoles murieron combatiendo en Chile. Un millar de mujeres españolas fueron capturadas por los mapuches. El número de mapuches muertos es incalculable, pues a los caídos en batallas se suman los que murieron en las minas o a raíz del quebrantamiento de la sociedad indígena, del secuestro de mujeres y niños mapuches, la quema de los bosques, la destrucción de cultivos y el saqueo de los ganados que practicaban los españoles. Igualmente mortíferas resultaron las viruelas y otras epidemias. Españoles y mapuches fueron grandes guerreros: los españoles destacaban en técnica y armamentos; los mapuches los superaron siempre en ingenio e iniciativa. Ese legado se proyecta en el presente: la valoración del componente originario mapuche y el pleno reconocimiento del pueblo mapuche sólo pueden potenciar a Chile. En cambio, cada vez que negamos el componente indígena que hay en cada uno de nosotros y en nuestra sociedad, estamos empobreciéndonos nosotros mismos”.

¿Vincularía la actividad de Barba con la de O’Higgins y otros patriotas que luego no vacilaron en buscar contacto con los mapuches?

“Al enfrentarse al imperio español, los gestores de la Independencia se identificaron idealmente con los mapuches que también habían luchado contra España, especialmente con Lautaro. En Londres, O’Higgins propuso que la logia que conseguiría la independencia de las colonias americanas se llamase Logia Lautarina. Su reglamento fue redactado de puño y letra por O’Higgins que hablaba mapudungu y sostuvo parlamentos con los lonkos”.

¿Qué nuevos proyectos literarios tiene ahora?

“Acabo de terminar una trilogía: ‘Cadáver tuerto’ que transcurre en nuestra época. Se compone de tres novelas cuyos títulos son ‘Cuadrilátero’, ‘Triángulo’ y ‘Círculo’. En ciertos momentos aparece un dictador preso en un país lejano, aunque algunas páginas las escribí hace veinte años. No pretende ser una novela histórica ni política, sino simplemente literaria”

SERGIO VILLEGAS
 

 

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