Con un ''¡ya, mis valientes!'', el jefe mapuche arengó a los cuatro mocetones que, justo a la medianoche y semi desnudos, se lanzaron a las aguas del estero Calebu. El resto, se desprendía de las energías negativas mojando sus rostros o lavándose las manos mientras las mujeres tiraban piedras a las gélidas aguas y el lonco Miguel Leviqueo Silva, alzaba al cielo el kuy kuy. Diario El Sur, 25 de junio de 2001

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| Con un baño de madrugada en las heladas aguas del estero Calebu para desprenderse ''del viejo hombre'', mapuches de la comunidad de Melimán, en Contulmo, revivieron la antigua tradición de We Tripantü. La fiesta, con presencia del gobernador de Arauco René Rojas, combinó expresiones de espiritualidad y de regocijo en torno al rehue y al fogón, punto de degustación de la comida y bebida mapuche típica. |
Celebración a orillas del
Lanalhue
Un año nuevo con raíces de antaño
- En la noche de San Juan, comunidad mapuche de Melimán revitalizó tradicional fiesta por otro ciclo de vida de la naturaleza. Hubo muday (bebida) kako (mote) y muchas sopaipillas o yiwin Kofke.
Con un ''¡ya, mis valientes!'', el jefe mapuche arengó a los cuatro mocetones que, justo a la medianoche y semi desnudos, se lanzaron a las aguas del estero Calebu. El resto, se desprendía de las energías negativas mojando sus rostros o lavándose las manos mientras las mujeres tiraban piedras a las gélidas aguas y el lonco Miguel Leviqueo Silva, alzaba al cielo el kuy kuy.
Con tres toques de cuerno, agradecía al Chaw Ngünechen -el padre creador- y pedía bendiciones espirituales y materiales para su pueblo, la comunidad de Melimán y, esta vez, también, para los no mapuches que asistían al año nuevo mapuche, una tradición que no revivían en toda su magnitud desde hacía 50 años.
¡We Tripantü, peñi!, ¡We Tripantü, peñi!, se escuchaba por doquier, mientras el reconfortante trago de agua muy caliente y ron contrarrestaba el intenso frío de la noche de San Juan en el valle de Elicura, casi a orillas del lago Lanalhue. Ahí, donde el cielo estrellado de esa noche parecía estar al alcance de la mano.
Una hora antes, especialmente ataviados y en torno al sagrado rehue, jóvenes, viejos, mujeres y niños de la pequeña comunidad de Melimán, con su lonco a la cabeza, habían iniciado esta tradición que quisieron compartir con autoridades y turistas. ''No queremos ser negativos: esta es una oportunidad para que nuestros hermanos chilenos se sientan un mapuche más, y conozcan mejor a quienes somos las raíces de esta tierra'', sentenció el lonco.
Y allí, casi un centenar de personas siguió atenta, respetuosa y entumida el ceremonial. El gobernador de Arauco, René Rojas Salinas y el alcalde de Contulmo, Eduardo Aguayo, también.
''Lo que dice el lonco es ley; todos lo respetamos'', dijo Lucinda Antil Leviqueo (64) interrumpiendo la entrevista y acomodando su chamal, en dirección a la pista: Ahí, en torno al rehue, flanqueado por canelos y dos banderas blancas al tope, la esperaban. Los sones del cultrún y de la trutruca ya estaban llamando a la despedida del año viejo, con una danza en caballos de palos, que dos jóvenes se encargaron de echar. Todos los malos espíritus, también.
Después, en lo que resultó ser el ''baile de los choiques'', otros muchachos consigueron alejar y salvar del maligno ''traro'' a dos niñas mapuches que, ajenas al peligro, danzaban. La astucia del ''traro'', en esta danza que imita a las aves, resultó ser la parte jocosa del ceremonial, como parte de la rogativa por el nuevo ciclo de vida de la naturaleza, en un ambiente de mucha espiritualidad.
Y a poco de concluir, el baile del rehue, donde, Daniel Leviqueo, sobrino del lonco, vestido de blanco y una capa azul -que simboliza el universo- de la que pendía una ristra de ajíes, bolsas de porotos, de trigo y de maíz, trepó a lo alto del rehue y cultrún en mano avisaba que el We Trupantü ya venía.
Faltaban pocos minutos para la medianoche. Alborozados, los comuneros levantaron y entrecruzaron ruidosamente las chuecas. Era hora de encaminarse al estero. Como antaño, la purificación, sumergiéndose en las aguas, aguardaba a los valientes guerreros del pueblo mapuche.
¡Marichi weu!, ¡Marichi weu!.
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