jurídico de la Coordinadora Arauco-Malleco, una de las más importantes organizaciones de las comunidades mapuches en conflicto con empresas forestales, descree de la actual institucionalidad chilena. Reivindica que se ampare jurídicamente el control de espacios territoriales por parte del pueblo mapuche y que se le otorguen grados de autonomía política. El Mostrador, 1 de marzo de 2000 

 Proyecto de Documentación Ñuke Mapu



 
Alihuén Antileo, asesor jurídico de la Coordinadora Arauco-Malleco (Foto: Alvaro Hoppe) 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

"Los aspectos culturales, lingüísticos y religiosos se pueden rescatar en un centro cultural. Estamos aburridos de ese enfoque". 
 

"Hay sectores vinculados a la Conadi a los que este conflicto les cayó del cielo. Simplemente tienen que pasar por caja o preguntar dónde tienen que firmar". 
 

"El reconocimiento constitucional tiene que ir aparejado con la entrega de zonas en conflicto. No nos sirve que un papel diga que existimos porque eso lo sabemos". 

Miércoles, 1 de Marzo de 2000
Alihuén Antileo, intelectual mapuche
''Estamos en peligro de extinción''
por Claudia Urzúa 
 

El asesor jurídico de la Coordinadora Arauco-Malleco, una de las más importantes organizaciones de las comunidades mapuches en conflicto con empresas forestales, descree de la actual institucionalidad chilena. Reivindica que se ampare jurídicamente el control de espacios territoriales por parte del pueblo mapuche y que se le otorguen grados de autonomía política.

El joven asesor jurídico de la Coordinadora Arauco-Malleco, egresado de Derecho de la Universidad La República, no quiere contar mucho de su vida privada. "Es por respeto a los líderes de la Coordinadora, porque yo no ocupo ningún cargo público dentro de la organización", se excusa. Pero se sabe que es uno de los intelectuales "en la sombra" de la lucha que sostiene Arauco-Malleco por detener la inversión forestal en la novena región, recuperar las tierras en litigio para los mapuches y desprenderse definitivamente de la institucionalidad chilena. Escasamente accede a revelar que su nombre significa "roble centenario", pero por lo demás es amable, instruido y no ha perdido el sentido del humor, incluso frente a la difícil situación de su pueblo. 

La Coordinadora, que agrupa a unas veinte comunidades en conflicto, nació a la vida pública con la toma indígena del fundo Santa Rosa de Colpi, a principios de 1999. Desde entonces se le ha identificado como el movimiento indígena más radicalizado debido a su opción por realizar ocupaciones periódicas de las tierras en litigio y obstaculizar el trabajo de las empresas forestales Mininco y Arauco. Lo que ellos quieren, sin ambages, es detener el avance forestal que amenaza su supervivencia en esas tierras. 

Ni ahí con Tuma

-¿Por qué se deciden a reiniciar las movilizaciones?
-No se han resuelto nuestros problemas. Las movilizaciones se van a mantener. Ahora, lo que tenemos que evaluar con las comunidades es la profundidad que queremos darle a las acciones y cómo las vamos a canalizar. Ese es un aspecto interno por resolver. La movilización es la etapa en que estamos ahora, como producto del desgaste y del casi nulo avance en nuestras demandas en el plano institucional y legal. Vamos a utilizar este mecanismo como forma de presionar para que el conflicto se posicione como un tema nacional. Lo dijimos en Traiguén, dos días después de la toma en Santa Rosa de Colpi: sólo vamos a detener las movilizaciones cuando se establezca un cronograma y un itinerario concreto de restitución de tierras. Estamos hablando de un plazo de hasta ocho años, no de mañana o dos años más. 

-Pese a la inesperada defensa que les brindó el diputado Eugenio Tuma, la semana pasada, queda la duda sobre el atentado de Collipulli. No parece cuerdo que los guardias forestales se hayan quemado a sí mismos para responsabilizar a los mapuches. ¿Qué saben del incidente?
-Nosotros nos informamos a través de la prensa de la situación en Collipulli, porque a mediados de enero acordamos no movilizarnos durante febrero para trabajar en la cosecha. Eso es un hecho público. Pasado ese mes teníamos que resolver si continuábamos o no con la movilización. 

-¿Qué opina del llamado que hizo el diputado Tuma a reevaluar la cuestión mapuche?
-Los aspectos culturales, lingüísticos y religiosos se pueden rescatar en cualquier centro cultural. Estamos aburridos de ese enfoque. Este señor no nos representa. Tampoco las leyes. Cuando Tuma pide que se aplique la Ley Antiterrorista, le decimos "eh, momento". Eso podrá funcionar en la Cámara de Diputados, pero en zona de conflicto nos suena a que vamos a estar presos y que nos van a aplicar la ley a nosotros. Tuma busca posicionar las posturas y salidas que el gobierno quiere darle al conflicto: es decir, mayor integración de los mapuches a la sociedad chilena manteniendo la inversión forestal. Por lo mismo, no nos van a ver cerca de Tuma, ni de Domingo Namuncura, aunque no tenemos problema en conversar con ninguno de ellos. 

Conjuntos folclóricos

-La existencia de al menos tres grandes movimientos mapuches (Arauco Malleco, Identidad Lafkenque y el Consejo de Todas las Tierras), ¿es una forma de evitar que se apunte y destruya a un líder, o una mala estrategia que puede costar cara en una eventual negociación con el gobierno?
-Los mapuches somos una nación de un millón y medio de personas. El PC y la UDI también comparten el territorio, la bandera, la canción nacional y la cueca, pero no logran ponerse de acuerdo y nadie se asusta por eso. Nosotros también tenemos diferencias sobre cómo resolver el problema mapuche y es normal. 

-Pero, objetivamente, están en minoría. ¿No les conviene trabajar unidos?
-Esa situación no corresponde a la realidad. No tenemos puntos de acuerdo. La Coordinadora plantea la autonomía del movimiento mapuche como condición imprescindible para avanzar, por lo tanto no participamos en partidos políticos o elecciones. En segundo lugar, nosotros no respetamos la institucionalidad chilena, porque es opresora. Eso no significa que los que vivimos en Santiago no vayamos a pagar la luz y el agua. Estamos diciendo que el movimiento debe empezar a desligarse de las instituciones chilenas que nos intervienen y dividen, como la Conadi, los partidos políticos, las ONGs y distintas otras formas de cooptación económica. Nosotros planteamos la reconstrucción de nuestra nación mapuche y subordinamos a eso los demás planteamientos políticos, culturales, religiosos. Todos los demás grupos con que dialoga el gobierno son conjuntos folclóricos. Hay sectores vinculados a la Conadi a los que este conflicto les cayó del cielo. Simplemente tienen que pasar por caja o preguntar dónde tienen que firmar. Basta ver cómo ha aumentado el presupuesto de microempresarios mapuches o de proyectos culturales, por lo bajo un 20%. 
"¿Por qué es importante saber quiénes somos? Porque si las otras organizaciones no tienen esa definición y se conforman con 50 hectáreas, dos tractores, tres sacos de harina y uno de azúcar, no veo qué podemos conversar. La unidad tiene que ser un proceso acompañado de definiciones políticas y de comportamientos que las avalen". 

Una cuestión de sobrevivencia

-¿Cómo se puede redefinir entonces la "cuestión mapuche", fuera del típico enfoque de las condiciones sociales o de pobreza?
-Existe un estado chileno opresor que mantiene esa relación con respecto a una nación mapuche oprimida. En esa instancia, nuestra lucha es de liberación. Pero hay un aspecto más básico: queremos sobrevivir. Estamos en peligro de extinción y lo hemos demostrado técnicamente. El millón 700 mil hectáreas de pinos que fueron plantadas entre la octava y la novena región desde 1975 y 1987 consumieron las napas subterráneas y perjudicaron a personas, animales y cultivos. Alguien me diría que esto se puede cambiar a partir de ahora, con planes ecológicos, etc. El problema está en que la Corma anunció, hace dos años, que iba a plantar unos dos millones más en los próximos cinco años. Si ya nos dejaron en estado agónico, de acá a veinte años sólo sobrevivirán las expresiones folclóricas santiaguinas. Por eso queremos detener el avance de la inversión forestal en los alrededores de las comunidades mapuches y a eso se debe que se haya visto a mapuches arrancando pinos. 

-Esas son demandas concretas, ¿pero qué importancia atribuyen a gestos simbólicos como el reconocimiento constitucional o una actitud de asumir errores por parte del gobierno (como sugirió el Informe de Derechos Humanos de Estados Unidos)?
-El reconocimiento constitucional tiene que ir aparejado con la entrega de zonas en conflicto. No nos sirve que un papel diga que existimos porque eso lo sabemos. Lo que queremos es que se reconozca, y ampare jurídicamente, el control de espacios territoriales y grados de autonomía en la sociedad chilena. 

-¿Hasta dónde llega esa autonomía? ¿Proponen crear instituciones propias o conservarían como tutores a las entidades chilenas?
-Pretendemos reconstituir la organización comunitaria tradicional, donde existen nuestras autoridades que son las que deben administrar vidas y destinos de esas comunidades y zonas. En un plano de respeto con las autoridades chilenas, no va a haber problema en poder conversar e intercambiar ideas. Porque ahora el no reconocimiento es mutuo. Si el gobierno no nos pesca, nosotros tampoco. Nos fuimos del Estado, no dependemos, nada nos obliga. Seríamos simplemente estúpidos si quisiéramos mantenernos ahí, después de haber perdido 30 millones de hectáreas de nuestras tierras originarias. Nosotros no estamos pidiendo que se nos devuelva "del Bío Bío al sur", como el Consejo de Todas las Tierras. Queremos determinadas zonas de conflicto territorial, donde tenemos fuerte presencia, y espacios donde podamos convivir, con huincas, sí, pero no con forestales. Es bastante más modesto nuestro planteamiento, porque se ajusta a nuestra fuerza y capacidad real. 


 
 
 
 

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