La aplicación de la Ley de Seguridad Interior del Estado a casos de supuesta participación mapuche, de una ley concebida para castigar delitos de índole política, es una señal ominosa. Nos dice que las autoridades políticas son incapaces de resistirse a las excitaciones de emocionalidad masiva de una prensa dedicada a explotar el sensacionalismo noticioso. Diario El Sur, 20 de marzo de 2000

 Proyecto de Documentación Ñuke Mapu


lunes 20 de marzo de 2000

Puntos de vista
Cacería de brujas en contra de mapuches

El tratamiento que algunos periodistas y editoriales de prensa están dando a los casos de incidentes violentos, de supuesta participación mapuche, causan alarma y preocupación. De modo paulatino y con progresivo incremento, se está creando un clima propicio para la apertura de una "cacería de brujas" en contra de mapuches.

En su acepción originaria, se denominó "cacería de brujas" al siguiente fenómeno de sociología medioeval europea: una virulenta propagación de odios populares que culminaban en asesinatos colectivos horrendos.

La historia nos suministra abundancia de ejemplos de esa práctica social inhumana. Las víctimas de cacerías de brujas siempre tienen características personales o colectivas diferentes de las que predominan en el grupo mayor o más poderoso. Los innovadores en las artes, en las ciencias, en la revisión crítica del pensamiento religioso o filosófico, o personas de notable originalidad, fueron víctimas de odiosidades sociales lanzadas en cacería y linchamientos. Durante veinte siglos los judíos, fieles a su religión, a sus costumbres ancestrales y leales con otros judíos, han sido el objeto preferido de esta clase de odios de los "otros" que son diferentes de "nosotros". Los gitanos, los negros, las minorías extranjeras de fuerte diferenciación antropomórfica y de cultura de maneras y los pueblos derrotados en guerras de conquista, también han sido víctimas consuetudinarias de esta malvada propensión humana al odio de los que son diferentes.

Uno de los rasgos más perversos del fenómeno genérico de "cacerías de brujas" consiste en que las víctimas pierden su derecho de presunción de inocencia mientras no se prueba su culpa. En las "cacerías de brujas" las personas que tienen otro color de piel, otros rasgos faciales, otras creencias religiosas y otras ideas políticas, son siempre presuntivamente culpables y por tanto están condenadas a recibir el mayor castigo, desde el momento en que son acusadas de cualquier modo: difuso e irresponsable. Desde hace algunos siglos las sociedades de fuente cultural europea regulan las cacerías de brujas con algún remedo de juicio formal. (Es acertada la comparación de procedimientos de limpieza de brujas y herejes de la Inquisición Católica con los métodos estalinistas de limpieza de revisionistas y de disidentes. La revolución cultural de Mao Tse Tung prescindió de esas lindezas).

Las palabras "terroristas", "tácticas de guerrilla de Vietnam", "escalada de violencia" y las comparaciones con la insurgencia indígena de Chiapas, en México, que están apareciendo con demasiada frecuencia en las informaciones de prensa, pueden estar obedeciendo a un mero afán de competencia en sensacionalismo noticioso. Pero, en los hechos, van sembrando con pérfida tenacidad una odiosidad antimapuche. A menos que nos encastillemos en una superlativa hipocresía, tenemos que reconocer que el racismo antiindígena impregna la mentalidad de amplios sectores desde muy antiguo. (El calificativo de "indio" es, en general, tanto o más peyorativo que el de "roto"). La odiosidad que la prensa excita en contra de los mapuches puede entrar en peligrosa combustión con un racismo subyacente y demasiado difundido.

La aplicación de la Ley de Seguridad Interior del Estado a casos de supuesta participación mapuche, de una ley concebida para castigar delitos de índole política, es una señal ominosa. Nos dice que las autoridades políticas son incapaces de resistirse a las excitaciones de emocionalidad masiva de una prensa dedicada a explotar el sensacionalismo noticioso.

Las frecuentes quejas de personeros de empresas y de autoridades por una supuesta falta de diligencia de los jueces a cargo de juicios en contra de mapuches, son también de mala naturaleza. Son presiones indebidas, contrapuestas a la protección de la necesaria independencia de los tribunales en cuanto a lo procesal y sustantivo de sus fallos y son radicalmente contradictorias con la conducta usual del mismo gobierno, de permisividad a la violencia colectiva de huincas en los estadios y manifestaciones callejeras.

Esperemos que el nuevo gobierno sepa oponerse a las ilegítimas presiones enemigas de los mapuches.

Carlos Neely I.


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