La intención real de los conquistadores ibéricos de Latinoamérica fue la de imponer señorío, dominio, poder, superioridad sobre los aborígenes. Los colonizadores ibéricos no llegaron a trabajar con sus manos de labriegos o artesanos ni a comerciar con los nativos. Vinieron con el claro propósito de establecer su señorío sobre tierras y gentes. En México, en otros lugares de Centroamérica y en el territorio incásico que abarcaba partes de Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina y Chile, bastó la sustitución de los divinizados gobernantes autóctonos por la implacable supremacía militar de los conquistadores para establecer el señorío español por siglos. Por desgracia, las contrapartes "chilenas", civiles y de autoridad, de las etnias aborígenes, enfocan el problema con criterios de mentalidades decimonónicas; en violenta desadaptación con la realidad de fines del siglo XX. Nuestras elites políticas y económicas no dan signo de percatarse de las proyecciones de la sociedad de los albores del tercer milenio: abierta, multifacética, de respeto y estímulo a las diversidades culturales y de rechazo a toda forma de "señoríos" o superioridades basadas en "raza", linaje o prejuicios. Es más que evidente que la extraterritorialidad de los valores del indigenismo tiene varios y poderosos medios para imponerse en cualquier parte del planeta. Diario el Sur, 17 de Mayo de 1999



