Endesa choca con
los indios en Chile
Familias pehuenches se niegan a abandonar sus tierras
para que la empresa española construya una
presa
Mujeres pehuenches, en el territorio
que se niegan a abandonar.
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MANUEL DÉLANO
Los mapuches -«hombres de la tierra» como se llaman a sí
mismos los araucanos- libran en el Alto Biobío el río más
ancho de Chile 640 kilómetros al sur de Santiago la última
batalla por el territorio de sus antepasados. El enemigo es la central
hidroeléctrica Ralco que inundará sus terrenos. Se trata
de una inversión de 500 millones de dólares (76.500 millones
de pesetas) de la empresa Endesa, cuyo principal accionista es Endesa España.
Ralco, una presa de 155 metros de altura, con capacidad de embalsar 1.222
millones de metros cúbicos, inundará 3.395 hectáreas
para satisfacer el 10% de las necesidades eléctricas de la zona
central de Chile a partir del año 2002.
Los afectados son un grupo de 500 pehuenches -hombres del pehuén
o araucaria, una conífera latinoamericana-, que integran el pueblo
mapuche y habitan en las faldas de la cordillera de los Andes. Cerca de
600 hectáreas de su territorio, incluyendo sus viviendas y cementerios,
quedarán bajo las aguas cuando Ralco comience a operar. Ocho de
las familias se resisten a ser trasladadas a los nuevos terrenos que les
ofrece Endesa, mientras 83 ya han aceptado ser reubicadas.
A los que se trasladan, Endesa les ofrece terrenos cercanos que, según
tasadores independientes, valen 9,36 veces más que las tierras inundadas.
Y a cambio de sus 638 hectáreas les ofrecen 21.337. Además,
planes de asistencia agrícola, forestal y ganadera, un fondo de
asistencia y viviendas con servicios básicos. En total, la empresa
gastará unos 20 millones de dólares (más de 3.000
millones de pesetas).
Pero la cultura de estas gentes se define por su relación con
la tierra y la naturaleza. Y, al menos para los pehuenches que se resisten,
no es lo mismo un terreno cualquiera que sus tierras ancestrales. Además,
critican que el terreno de compensación no es de mejor calidad y,
en una de las áreas, está cubierto la mayor parte del año
por entre 45 y 90 centímetros de nieve, lo que lo imposibilita para
la ganadería y la agricultura.
«Nosotros no estamos disputando tierras ajenas, estamos defendiendo
lo que nos dejaron nuestros antepasados. Es Endesa la que actúa
ilegalmente y trata de apoderarse de lo ajeno», sostiene Nicolasa
Quintremán, líder de quienes se resisten al traslado. «La
tierra es una madre para nosotros», afirma José Antolín,
cacique de una de las comunidades.
En una carta que entregaron a universitarios y ecologistas que se manifestaban
en el Alto Biobío contra Ralco, los pehuenches partidarios de la
represa replicaron: «Ustedes dicen que a nosotros nos engañan,
pero no es verdad, nosotros sabemos lo que queremos. Nosotros queremos
un futuro mejor y eso lo vamos a lograr con trabajo y las permutas de tierras
que hemos arreglado con la Endesa».
Quienes resisten tienen en jaque, por ahora, al millonario proyecto:
como el traslado es voluntario según la ley indígena, basta
que una familia no lo acepte para que Endesa deba acudir a los tribunales
y esperar una resolución judicial que dirima si tiene más
peso la legislación que protege la tierra de los pueblos autóctonos
o la ley eléctrica, que permite expropiar terrenos por interés
público.
El conflicto ha suscitado una aguda polémica, movilizaciones
de los pehuenches a favor y en contra, un guillatún (ceremonia
religiosa y comunitaria) masivo, agresiones a autoridades, cortes de caminos,
una marcha a pie de mapuches desde Santiago al Congreso, ubicado en Valparaíso,
a 110 kilómetros de distancia, y ayunos.
Fuertes intereses presionan en uno y otro sentido: grupos ecologistas
y dirigentes de partidos de izquierda apoyan a los pehuenches que resisten,
mientras el Gobierno ha destituido al director de la Corporación
Nacional de Desarrollo Indígena (Conadi), y dos de los consejeros
de esta agencia gubernamental han dimitido, todos por su oposición
a las permutas. Las obras de construcción de los caminos de acceso
a la futura central, que había iniciado Endesa, están paralizadas,
y la Iglesia ha mediado para celebrar una reunión entre las partes
que no ha logrado unificar criterios.
Como la demanda de energía eléctrica crece a razón
de un 8,4% anual, un punto y medio sobre el crecimiento medio de la economía
en los últimos años, el ministro de Planificación,
Germán Quintana, estima que si Ralco no entra en funcionamiento
en la fecha prevista «es indudable que existirían problemas
de suministro». Además, un eventual retraso podría
verse reflejado en las tarifas de electricidad.
Uno de los opositores al proyecto, el director del Instituto de Ecología
Política, Manuel Baquedano, afirma no ser contrario a la hidroelectricidad,
«siempre y cuando sea desarrollada en lugares donde no produzca un
costo social o ambiental irreparable». Y el Alto Biobío, a
su juicio, es uno de esos sitios. Refuta también la apelación
de la empresa a la independencia energética, pues «Endesa
es una multinacional española».
Bajo el régimen militar, dos decretos-leyes permitieron la división
de las tierras comunitarias de los indígenas, su arriendo a «huincas»
-los no indígenas- por hasta 99 años y su venta después
de 20 años. Por este proceso, los indios perdieron unas 400.000
hectáreas.
En democracia, en 1993, el Congreso aprobó por unanimidad una
nueva ley destinada a promover el desarrollo indígena y un año
después se creó la Conadi. Mediante fondos estatales, se
espera que el año 2000 unas 100.000 hectáreas de tierras
hayan retornado a sus dueños originarios.
La legislación permite permutar tierras indígenas por
otras, siempre que éstas sean de mejor calidad, en una aprobación
que concede el consejo de la Conadi. Aquí ha tropezado el proyecto
Ralco, después de sortear la aprobación eléctrica
y medioambiental.
Según Domingo Namuncura, militante de un partido de izquierda
de la alianza de gobierno, y destituido de su cargo de director de la Conadi
por el presidente Eduardo Frei después de advertir que iba a rechazar
las permutas, los pehuenches, se enfrentaron a hechos consumados. «Endesa
les dijo: 'Los vamos a inundar; vamos a construir una represa y el proyecto
está aprobado por el Gobierno. Los vamos a compensar. Aquí
tiene usted un borrador de una promesa de permuta, estúdiela y cuando
lo tenga claro vamos a hacer un acuerdo'. Pero la alternativa del pehuenche
en estas condiciones no fue más que o se va o se va».
El ministro Quintana arguye que al Gobierno le interesa la transparencia
en las permutas, cuyo funcionamiento en este caso sentará jurisprudencia.
La resolución del consejo de la Conadi, en septiembre, se producirá
tras examinar si en cada caso los nuevos terrenos tienen mejores condiciones
que los antiguos.
Según los ecologistas, tanto el Gobierno como Endesa no desean
que el conflicto termine en los tribunales, porque mientras tanto, los
inversores no acudirán. «La batalla decisiva de Ralco no se
ha jugado aún. Ésa será en Wall Street y en España»,
dice Baquedano. Sostiene que en Nueva York harán lobby para
evitar inversiones de Endesa con apoyo internacional. Y en España,
con el apoyo de organizaciones ecologistas, la campaña contra Ralco
comenzará cuando la construcción se reinicie. «Endesa
perderá», pronostica. En la empresa, en cambio, están
convencidos en que el proyecto saldrá adelante. Basan su certeza
en que las familias que resisten se convencerán «cuando vean
que el plan de relocalización supone una mejora sustancial para
sus coterráneos».
Nicolasa Quintremán, hablando en mapudungún durante el
diálogo de conciliación que intentó la Iglesia católica,
lo negó: «Nosotros estamos en nuestra tierra, y ni por un
saco de oro me sacarán de ella. Sólo muerta». |