Decenas de miles de hectáreas devastadas, millones de dólares en pérdidas, vidas humanas en peligro y personas que ven reducida a cenizas sus casas, enseres y animales, es el resultado de los incendios forestales que cada temporada afectan a nuestro país. El fuego no perdona. No distingue personas, plantaciones ni casas; no se cansa, no escucha gritos ni obedece a su peor enemigo: el agua. Para él, todo es una sola cosa, superficie a devorar. Por eso aprovecha cualquier descuido para hacer de las suyas: una colilla de cigarro tirada en un pastizal seco, una quema no autorizada o una fogata mal apagada. Da lo mismo, mientras pueda saciar su voraz apetito. Diario El Sur,3 de noviembre de 1999.
3 de Noviembre de 1999
Incendios forestales
El fuego nuestro de cada temporada
Decenas de miles de hectáreas devastadas, millones de dólares en pérdidas, vidas humanas en peligro y personas que ven reducida a cenizas sus casas, enseres y animales, es el resultado de los incendios forestales que cada temporada afectan a nuestro país. Un problema que, sin duda, constituye la otra cara de un verano que ya se acerca.
Marcelo León Hernández
El fuego no perdona. Así de simple. No distingue personas, plantaciones ni casas; no se cansa, no escucha gritos ni obedece a su peor enemigo: el agua. Para él, todo es una sola cosa, superficie a devorar. Por eso aprovecha cualquier descuido para hacer de las suyas: una colilla de cigarro tirada en un pastizal seco, una quema no autorizada o una fogata mal apagada. Da lo mismo, mientras pueda saciar su voraz apetito.
Que Chile cuenta con un gran recurso forestal no es un descubrimiento. Así lo confirman las 33.8 millones de hectáreas de superficie de suelos con aptitud para estas labores, 25.7 protegidos y preservados, y 8.1 forestal productivo. De estas últimas, 2.1 millones corresponden a plantaciones, de las cuales cerca de un 50 por ciento se concentran en la octava región.
En nuestra región, las brigadas ya se vieron enfrentadas a su primera lucha contra el fuego: el 21 de octubre pasado, una quema forestal arrasó con 375 hectáreas (de las cuales más de 70 correspondían a bosque nativo), entre los kilómetros 7 y 15 del camino a Santa Juana. El hecho provocó que la Corporación Nacional Forestal (Conaf) adelantara la temporada de combate a los incendios forestales y ya desde el pasado 24 de octubre se encuentran operativas las tres primeras brigadas que, normalmente, comienzan a funcionar el 1 de noviembre.
Temporada difícil
Asimismo, en el transcurso de la semana se reunió el Comité Regional de Emergencia, con el objeto de coordinar las medidas de prevención y combate de los incendios forestales para la temporada que recién se inicia.
Para hacer frente al fuego, Conaf dispone en nuestra región de 18 brigadas (dos de ellas helitransportadas) compuestas por 192 funcionarios, un avión dromedario, y un presupuesto que bordea el millón y medio de dólares. Además, para esta temporada se contempla el apoyo de 470 uniformados capacitados y 370 millones de pesos adicionales solicitados al gobierno, que serán destinados a la implementación del plan de emergencia.
Por su parte, las empresas forestales en conjunto, cuentan con 47 brigadas, 400 hombres, 13 brigadas helitransportadas, 13 aviones Cisterna y un presupuesto que en nuestra región alcanza los 10 millones de dólares, aproximadamente un 50 por ciento más que la temporada anterior.
A simple vista, dotación y equipamiento suficientes para enfrentar el fuego, pero que en caso de una emergencia como la registrada el verano pasado resultan escasos en el intento por controlarlo. Más aún, si todo hace prever que se avecina una temporada similar a las dos anteriores, en las que las condiciones meteorológicas se han presentado demasiado favorables para la ocurrencia de incendios forestales, producto de una mayor frecuencia de viento puelche, altas temperaturas, humedad relativa baja y escasez de precipitaciones.
El jefe regional de la Unidad de Gestión Manejo del fuego de Conaf, Sergio Mendoza, señaló que "al existir una mayor probabilidad de ocurrencia de incendios y días con condiciones meteorológicas extremas, es obvio que aumenta la probabilidad de que se registre una mayor cantidad de urgencias que, en un momento dado, puede hacer colapsar el sistema de protección. Por eso nos estamos preparando y nos hemos reunido con el intendente, Martín Zilic, para mejorar la respuesta a los planes de emergencia. Lo importante es crear instancias que nos permitan afrontar estas situaciones en forma rápida. Que cada día sea más eficiente la activación del plan y poder disponer en forma casi inmediata de personal, para que pueda llegar a apoyar las labores de extinción".
El personero destacó la importancia del trabajo realizado, en el sentido de "establecer un equipo de trabajo bastante bueno, entre las Fuerzas Armadas, Obras Públicas, Bomberos, Carabineros y todos quienes son útiles en un incendio, con una capacidad de respuesta que excede lo que ha sido el normal de los planes de emergencia", afirmó.
Jorge Serón, en tanto, presidente de la Corporación Chilena de la Madera (Corma), indicó que ven con mucha preocupación lo que puede ser la temporada 2000, producto del desastroso período anterior. "Por eso estamos trabajando muy fuerte para crear conciencia en la comunidad de lo que significan los incendios forestales, el peligro que representan y por qué es un problema que nos afecta a todos, porque se tiene la imagen de que ocurren lejos, afectan a otras personas y no tienen relación con la comunidad en forma directa, pero el tema de fondo es que comprometen no sólo al bosque, sino al medio ambiente, que es tarea de todos y no particular", manifestó.
Prevención
En conjunto, Conaf y las empresas forestales gastan cerca de 20 millones de dólares al año, a nivel nacional, en el combate del fuego, de los cuales sólo un cinco por ciento (un millón de dólares) está destinado a la prevención. Un monto insuficiente si se considera que en el 99 por ciento de los casos es el hombre el causante de los incendios forestales y que el índice de ocurrencia ha aumentado.
Eduardo Peña, vice decano de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Concepción, y experto en ecología del fuego, sostuvo que no se han destinado los recursos necesarios a la prevención, que es fundamental, porque "si las estadísticas muestran que hemos pasado de mil (inicios de los 70) a prácticamente 6 mil incendios, y que la superficie quemada ha ido descendiendo significa que estamos fallando en ese punto, porque en el combate a los incendios somos efectivos. En el futuro hay que gastar más en prevención, responsabilidad que va a recaer principalmente en el Estado, porque hay que realizar una prevención nacional, regional y, probablemente, a la empresa le interesará hacer una de carácter comunal, donde tiene el bosque".
En ese sentido cobra importancia el tema de la silvicultura preventiva, que consiste básicamente en reducir el peligro, y cortar la continuidad de un combustible, tanto en forma vertical como horizontal. Apunta a manejar los bosques, para ofrecerles las peores condiciones en el inicio de un incendio forestal: mínima cantidad de residuos; de material seco; implementación de redes de cortafuegos, para entorpecer la propagación del fuego; y establecimiento de algunas especies inífugas, de difícil encendido. Peña planteó la importancia de esta actividad, principalmente, en términos de decidir con qué especies se va a trabajar. "En una zona de alta ocurrencia de incendios no es conveniente plantar pino radiata o eucalipto, sino otras especies que se queman menos. Se pueden trabajar otros factores, pero lo ideal es elegir la especie de acuerdo a las condiciones. Organizar la plantación como en un mosaico de distintas edades y especies. Es necesario planificar la distribución de los bosques, los sectores de cultivo agrícola, y dónde dejar algún plano de pastizal para controlar un eventual incendio. Tenemos que aceptar que el fuego es un elemento que va a estar con frecuencia aquí y si no hacemos nada las plantaciones se van a quemar entre 12 y 17 años, y nunca vamos a tener bosque adulto, indicó.
Por su parte, Jorge Serón, señaló que "lo que hoy se hace es tratar de atacar el problema y no resolver la fuente y aquí el problema es de conciencia y educación. Estamos gastando mucho dinero en medicina y se nos ha olvidado tener un estado físico sano, para evitar gastar en medicamentos. Entonces efectivamente existe una desproporción importante, y hay que focalizar en el tema de la prevención: generar estrategias, políticas educacionales, crear conciencia en términos globales en la población, para evitar tener que gastar dinero en apagar los incendios".
Para esta temporada, Corma implementó una acción orientada a las comunas rurales, tratando de generar conciencia en el uso del fuego en labores agrícolas. Además, "estamos recurriendo en términos directos a los líderes de opinión para que nos ayuden a crear conciencia, y a los medios de prensa, a través de la difusión del concepto de que cuando algo se quema se nos quema a todos y no sólo a su propietario", indicó Serón.
Conaf, en tanto, que en la región invierte alrededor de 40 millones de pesos anualmente en prevención, desarrolla durante el invierno un trabajo de educación ambiental, que contempla charlas en establecimientos educacionales, con el objeto de dar a conocer a los niños la importancia del cuidado del medio ambiente.
En el inicio de la temporada, la entidad orienta su labor al trabajador silvoagropecuario, al usuario del fuego, para capacitarlo en su uso.
Sobre la proporción de los recursos que se destinan a la prevención, Sergio Mendoza, indicó que "hay que establecer un equilibrio, porque tenemos que realizar acciones de prevención y tener los medios necesarios para poder combatir. El mejor incendio es el que no se produce, pero tampoco podemos generar un desequilibrio y destinar todos los recursos a prevención. Lo que ha hecho el gobierno en ese sentido es adicionar los recursos que se requieran de acuerdo a las condiciones existentes".
Bosque en llamas Las cifras del terror
"Incendio forestal" resulta una expresión conocida y recurrente en nuestro país. La verdad es que demasiado si se recuerdan las cifras: 95 mil hectáreas quemadas durante la última temporada en un total de 9 mil 500 incendios. De estos, 2.712 se registraron en nuestra región, con un saldo de más de 52 mil hectáreas arrasadas por la implacable acción del fuego y donde resulta inevitable no recordar la emergencia ocurrida durante el verano pasado, cuando un cordón de fuego consumió en la región más de 40 mil hectáreas en sólo 6 días, constituyendo así el triste récord de ser el incendio forestal más grande de la historia en nuestra zona.
En promedio, en las temporadas que abarcan 1993-97 el fuego arrasó con aproximadamente 44 mil hectáreas; en los últimos dos períodos, sin embargo, esta cifra se incrementó en más de un 100 por ciento, superando las 96 mil hectáreas. Asimismo, sólo en la temporada pasada se produjeron, a nivel nacional, 1.500 incendios más que el año anterior. En nuestra región esta cifra bordeó los 850.
Factor humano
Cifras preocupantes cuando el período de altas temperaturas se acerca; principalmente porque el problema radica en que, aunque se adopten todas las medidas necesarias, nadie puede asegurar que esa situación no volverá a repetirse. Claro, porque, por un lado, la llegada de la temporada estival aumenta considerablemente los riesgos de ocurrencia de incendios y, por otro, se avecina un verano seco, producto de la permanencia del fenómeno de La Niña, que ha rehusado retirarse del océano y que, probablemente, se quede hasta el próximo año. A eso hay que agregar un factor fundamental: el humano, porque la imprudencia del hombre es la principal, si no la única, causa del origen de estos siniestros.
Crear conciencia:
Fuego hoy, pobreza mañanaAunque las autoridades y los organismos vinculados al tema estén decididos a cerrarle las puertas al fuego, los riesgos de que se repita una situación como la del verano pasado existen.
Si el número de incendios ha aumentado paulatinamente a lo largo de los años es, en gran medida, porque la actividad forestal también ha crecido, al igual que las actividades desarrolladas en ambientes naturales. En definitiva, porque el hombre entra más al bosque: a descansar, cosechar, podar o fertilizar, aumentando los factores de riesgo.
Por eso, al parecer, la solución va más allá del incremento de recursos para el combate de los incendios. Fundamental resulta prever, prevenir y planificar eventuales situaciones de emergencia y superar dificultades en el área de interfase (zona de mayor riesgo compuesta por las 10 comunas metropolitanas de la región), como problemas de evacuación, inflamabilidad de las construcciones, falta de red húmeda, difícil acceso, falta de medidas preventivas, difícil localización de viviendas y una alta concentración de combustible seco.
Para Sergio Mendoza, uno de los principales inconvenientes radica en que "en Chile nunca se ha incorporado la variable incendio al plan de ordenamiento territorial. Recién estamos elaborando un trabajo con el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, normas de carácter general que de una u otra manera incorporan la variable al plan metropolitano. Significa identificar un área de interfase (área de contacto entre la ciudad y el bosque), donde los municipios y la comunidad en general debieran cumplir algunas actividades básicas, antes del inicio de la temporada de incendios. Por otro lado, construir en sectores donde hay una menor probabilidad de que la población vaya a ser afectada por estos siniestros. Así estamos incorporando la variable incendio forestal", explicó.
¿Lo mejor? prevenir
La preocupación es evidente, porque nadie quiere ver repetidas escenas como las de febrero pasado: casas, escuelas, bosques enteros devorados por el fuego y cientos de hombres combatiéndolo día y noche, en el intento por aplacar su rabia.
"Lo que nosotros seamos capaces de hacer hoy con el medio ambiente es lo que vamos a heredar a nuestras generaciones. Si heredamos destrucción, un medio ambiente avasallado por el fuego, lo que estamos legando finalmente es pobreza y una calidad de vida bastante inferior que la que nos ha tocado vivir a nosotros", sostuvo el presidente de la Corma. El personero agregó que "estamos expuestos a que lo sucedido en el verano pasado se vuelva a repetir. Lamentablemente la situación viene indicando que año a año esto va teniendo mayor peligrosidad y por eso hay que prevenir, para que no exista el fuego. Debemos hacer nuestro el sentido de vivir sin incendios forestales, y así vamos a poder prevenir estos períodos secos, o de condiciones climáticas extremas, concluyó.
Conciencia parece ser la palabra indicada. Conciencia, porque aún con más tecnología, brigadas y recursos, resulta difícil seguir reduciendo la extensión de superficie quemada en cada incendio. Por eso todo apunta a la disminución en el índice de ocurrencias y, ahí, el único responsable es el hombre. Es a él a quién hay que explicarle que en el bosque, no se juega con fuego
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