Antiguamente se construía una represa tras otra sin que nadie chistara, todo en medio del solemne silencio con que en patricios tiempos solían contestarse los rezongos de la chusma, pero sobre esas excelentes costumbres de respeto y obsecuencia ya cayó el telón. QuePasa 1427,  17 al  24 de agosto de 1998 

 Proyecto de Documentación Ñuke Mapu
 
 
 

FERNANDO VILLEGAS
 Que Vienen los Indios... 

Fue bochornoso: voló por los aires la vajilla institucional para conferencias de prensa, volaron tazas, platillos, cucharillas y galletas de monitos, se dieron y recibieron escupos, se propinaron silletazos, se hicieron recriminaciones, se profirieron amenazas. Para poner distancia entre su persona y los proyectiles el ministro de Planificación debió guarecerse en un baño. Así terminó la primera batalla campal por Ralco librada en Santiago, un malón que preludia con aires de comedia lo que puede llegar a ser un tema mucho más trágico. Así termina, aquí termina el largo preámbulo de una historia con demasiados capítulos de inveterada negligencia o tardía diligencia hacia los derechos de las minorías. A gritos se juzgó y condenó esa mañana un estilo faraónico de hacer gobierno. 

Dirá el oficialismo político y económico que Chile necesita ese proyecto hidroeléctrico y no será un puñado de indígenas azuzados por activistas los que van a detenerlo. Se dirá que los mapuches recibirán mejores tierras y se han resguardado sus derechos, que se trata de un problema "artificialmente generado por gente ajena a la zona". Como prueba señalarán el magro número de familias que se resisten a la permuta ofrecida. Pero esa argumentación, aunque cierta, es incompleta al punto que termina siendo parcialmente falsa. Puntualicemos:

 Primero, la razón y sustancia de un reclamo, idea o derecho, su alcance y trascendencia, jamás ha dependido exclusivamente del número de gente que en un momento dado la expresa. Eso es circunstancial. Las enseñanzas de Cristo, las cuales sin duda el Presidente venera como la Verdad misma, fueron al principio seguidas por apenas doce individuos a los que se opuso todo el mundo. 

Segundo, tampoco la calificación de activista desmerece instantáneamente a quienes se han congregado para apoyar una causa. Asumir que su presencia sindica aquella como un engendro artificial señala más bien la voluntad de cerrarse ante los hechos para luego abrirle la cabeza a palos a dichos "perturbadores del orden". Los activistas no pueden activar lo que no existe y lo que existe no desaparecerá ahuyentando a sus testigos. "Activista" es simplemente el modo de bautizar peyorativamente a quien promueve una actividad que nos disgusta; tiene todas las resonancias de la literatura anticomunista del período de la guerra fría, cuando mediante un lenguaje descalificador se preparaba al público a aceptar la "restauración del orden" infligida por guardias pretorianas. Las tumbas secretas que horadan por doquier el suelo de América Latina están repletas de activistas con el cráneo agujereado. No se irá tan lejos en este caso, pero ya se ha ido demasiado cerca de un enfrentamiento doloroso. 

En síntesis, ni la presencia de afuerinos ni la cuantía escasa de los reclamantes desligitima una causa, como tampoco lo contrario. 

Toda causa debe ser examinada de acuerdo a sus méritos, en especial cuando la importancia del asunto trasciende su condición local. En verdad llamar "local" a algo sólo porque obviamente se origina y concreta en determinado lugar y tiempo es una falacia. 

Perfectamente sus consecuencias pueden abarcar al planeta. ¿Acaso lo que se haga en Ralco no debe interesar a ningún chileno que no viva en Ralco? Allí no está simplemente en juego la suerte de los indígenas o incluso del medioambiente de esa zona, sino la legitimación o rechazo de un estilo de iniciar proyectos que pese a su obsolescencia sigue siendo el prevaleciente. 

El gobierno se obstina en no aprender que la participación ciudadana no es auténtica si se convoca post factum; el gobierno porfía en confundir participación con comunicación de los hechos consumados y se taima en creer que si surgen resistencias es por una mala puesta en escena de sus cosmetólogos. Participación significa oír a la ciudadanía involucrada antes de involucrarla, no después de joderla. Sí, hubo un proceso de estudios y consultas, pero después que se decidió hacer la represa en los términos conocidos, después de concluidos los estudios técnicos, después de tomarse la decisión política de echarle para adelante. Ese después es el pecado original que ahora se paga. Si se cree en la democracia, los brochures para la prensa preparados a posteriori por escribanos a sueldo debieran sustituirse por algo más contundente; ¿qué tal hablar con la gente antes? Antiguamente se construía una represa tras otra sin que nadie chistara, todo en medio del solemne silencio con que en patricios tiempos solían contestarse los rezongos de la chusma, pero sobre esas excelentes costumbres de respeto y obsecuencia ya cayó el telón. Cada conflicto que incendia hoy en día el mundo ha surgido de un interés que había sido pisoteado por siglos con la mayor impunidad y que de pronto, como Godzilla, salió de su letargo. Vivimos la era de la sed de justicia más grande de todos los tiempos y aún incluso en el error, esa llama arde como loca. Tómese razón. 

 

Revista QuePasa 1427
Lunes 17 al lunes 24 de agosto de 1998 
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