Un dulce sueño de caridad y servicio compartido por el matrimonio Hartmann y la religiosa Iracema Mattje terminó abruptamente. Ambas partes acreditan méritos y exhiben falencias. El intercambio telefónico de gritos y amenazas los sacó de quicio. Los faxes se transformaron en cartas-documento y ahora está la justicia de por medio. Los perjudicados: los paisanos. Territorio Digital, Posadas (Misiones), 1 de junio de 2003.
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Conflicto - La aldea Pindó Poty ve peligrar la construcción del comedor comunitario.
Territorio Digital, Posadas (Misiones), 1 de junio de 2003.
Una fundación alemana condiciona ayuda a los guaraníes de dos aldeas
EL SOBERBIO. La Fundación Ayuda al Guaraní, de Alemania, le quitó su confianza a la religiosa Iracema Mattje reclamándole la devolución de “algunos bienes de la entidad -un vehículo 4 x 4, una computadora, un proyector de diapositivas-” y desde marzo último canaliza las asistencias a través de un grupo de personas. Por su parte, Iracema defiende su trabajo argumentando el uso transparente de los recursos recibidos y la falta de consignas claras para el trabajo. El conflicto se ha profundizado al punto que la aldea Pindó Poty ve peligrada la construcción de un comedor comunitario comprometido por el presidente de la fundación.
Críticas a Iracema
Herbert Hartmann presidente de la
organización alemana estuvo en El Soberbio en marzo último.
En diálogo con El Territorio dijo: “Iracema no hacía evangelización,
eso le reconocemos, se ocupaba de la plata, debía cuidar que los
aborígenes aprendieran oficios, estimular su producción artesanal.
Ella pagaba para que un aborigen trabaje su propia huerta, y no puede ser
que eso suceda cuando están produciendo para su alimento”.
En sus críticas enfatizó
que “hubo mala administración, fue amiga nuestra durante muchos
años, y cuando por primera vez le exigimos el año pasado
un balance, demoró muchos meses en responder”; además definió,
“los paisanos son conscientes que deben buscar su autogestión. Llevamos
siete años en esa búsqueda, lo más difícil
es aprender. Ellos van a revalorizar más si tienen que trabajar
por sus cosas, no pueden vivir eternamente de regalos”.
La versión de Iracema
Iracema Mattje hasta hace poco era religiosa activa de la congregación Siervas del Espíritu Santo. “Comencé mi relación con el matrimonio Hartmann en San Ignacio cuando yo trabajaba con el padre Max. Con la ayuda alemana fui una especie de tutora de los paisanos durante siete años, sin descanso. Sin ser especialista tuve que supervisar obras, construcciones, con el dinero pagué mano de obra, fletes, combustible hasta para la Gendarmería o la Policía y la ambulancia del hospital cuando vinieron a ayudarnos”, se defendió. Iracema expresó, “estoy muy sola, y a veces se produce una anarquía en el manejo de las rendiciones y la administración de las ayudas. Además tenía que cumplir como asesora del Asilo de Ancianos y en el Consejo Multilateral. Nadie me dijo gracias por todos los trabajos que hice. Mediante mi intervención llegó el equipo de rayos al hospital, me hice cargo de trámites, gestiones, aduana, traslados”. A todo esto, la religiosa acusó “ahora pretenden marginarme del trabajo con los paisanos”.
El cacique
Alejandro Benítez lleva cuatro años como cacique de la aldea Pindó Poty. “Queremos herramientas, habíamos mandado proyectos a Asuntos Guaraníes pidiendo estas cosas. Recibimos ayuda de gente de Chajarí, también la hermana Raquel de Aristóbulo del Valle nos visita. Acá llegaba menos ayuda que en la aldea Její, pero Iracema se preocupaba por nuestra salud. No tenemos medicamentos. Somos 44 familias con alrededor. Nos faltan ropas, cubiertos, me cansé de viajar a Posadas pero siempre sin resultados, con éstas y los anteriores autoridades”, detalló el cacique. Asimismo dijo que tienen esperanza con la ayuda de Hartman.
El maestro
Norberto Benítez es el maestro
auxiliar de la escuelita. “Por ahora carecemos de maestro titular. La escuelita
lleva dos años, la gente de Chajarí construyó ésta,
pero antes teníamos apenas una casita de tacuara. Los útiles
trae Iracema, recibo un sueldo de la fundación alemana para mi trabajo”.
En esa visita a Pindó Poty
Hartmann se comprometió “a instalar un comedor de mampostería,
del mismo tamaño que el de la aldea Její, además de
continuar enviando el sueldo del maestro y de $ 200 mensuales para mantener
el comedor. Lo más urgente para nosotros es mejorar la higiene,
instalar agua buena y tratar las excretas, siempre desde el punto de vista
del cacique ver qué es lo más importante. Más adelante
proveeremos una yunta de bueyes” aseguró.
El agente sanitario
Rudy Zacha es agente sanitario en Její. “En el puesto de salud no hay nada, sólo está la balancita para bebés, no hay camilla y los medicamentos están vencidos. Algunas veces nos visitan médicos de Gendarmería Nacional y hace poco empezó a venir un médico de El Soberbio dejando algunos medicamentos. Las enfermedades más comunes son diarrea, fiebre, y las heridas e infecciones producidas por picaduras de insectos”.
El docente auxiliar
Antonio Morínigo es el maestro auxiliar del aula satélite de la escuela número 812 en Její. “Recibo sueldo de la fundación alemana hace 5 años. El comedor funciona con recursos donados por la misma fundación y de una empresa tabacalera. Útiles nos donan de otras escuelas.
La Fundación
En su visita, Hartmann deslizó
que la organización que preside había enviado -en siete años-
alrededor de 150 mil dólares para equipamientos, alimentos y gastos
de funcionamiento. Este año, está construyendo un Hogar de
Ancianos en la planta urbana de El Soberbio, cubrió los gastos de
instalación del equipo de Rayos X donado al Hospital local, adquirió
un terreno para construir una vivienda que aloje a los aborígenes
en sus viajes al pueblo, puso en marcha una carpintería en Její,
a cargo de Julio Pittas un experimentado carpintero que trabajará
junto a los paisanos.
opinión
Increíble
Un dulce sueño de caridad y servicio compartido por el matrimonio Hartmann e Iracema terminó abruptamente. Ambas partes acreditan méritos y exhiben falencias. Están a la vista las máquinas, edificaciones y otras inversiones y gastos realizados. El intercambio telefónico de gritos y amenazas los sacó de quicio. Los faxes se transformaron en cartas-documento y ahora está la justicia de por medio. Iracema no pretende devolver el vehículo porque le servirá para seguir atendiendo tantas comunidades marginadas. Gestionar para y con los aborígenes no es cosa fácil. De la teoría y las declamaciones a la práctica posible, hay un abismo. El aprender a aprender supone también aprender a desaprender la visión ajena que nos es inculcada de nuestra propia realidad y sus necesidades. Deben dejarse de lado la compasión, el paternalismo y los contenidos frívolos y turísticos. A pesar de su marginación y sus carencias, las comunidades demuestran una vida más espontánea, natural y menos existencialista. También la receta de autogestión compulsiva cae por su propio peso. Hace falta una actitud igualitaria, empezando por diagnosticar la fantasía de nuestro presunto esclarecimiento.
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