El comienzo de la celebración del Inti Raymi, o Fiesta del Sol de las culturas andinas, se pierde en los orígenes casi míticos de la civilización que se instaló en el actual Tahuantinsuyu. El regreso del Sol, que es el que invocan los yatiris, amautas y ancianos de cada comunidad, se inicia inmediatamente de su desaparición en la víspera, tras el horizonte de cualquiera de los cuatro rumbos de los suyus. Más allá de su significación e influencia cósmica, el ritual puede ser calificado de ceremonia cósmica en el solsticio de invierno, que busca predisponer el movimiento del astro rey sobre la Tierra, para mantener la vida y la armonía entre todo lo existente. San Salvador (Jujuy), 21 de junio de 2003.
El Inti Raymi, o regreso del Sol
Más allá de su significación e influencia cósmica, el ritual puede ser calificado de ceremonia cósmica en el solsticio de invierno, que busca predisponer el movimiento del astro rey sobre la Tierra, para mantener la vida y la armonía entre todo lo existente.
Los centros ceremoniales aymaras y quechuas se manifiestan, igual que hace milenios en Saqsayhuaman, en el corazón del Cusco (Cosqo), actual territorio peruano y en el Kalasasaya, o templo del Sol, en el Tihuanacu boliviano. Esta es la historia nueva, que recomenzó en 1944, cuando un grupo de intelectuales del Perú, encabezados por Humberto Vidal U., decidieron recuperarlo de la prohibición estricta y el olvido, al que había sido sometido por la dominación española y católica de la América India (Abya Yala), que "cubrió" esta fecha con la celebración Corpus Christi (21) y de San Juan el Baustista (24) aunque sin poder evitar las connotaciones mágicas (sorteos con plomo, etc.) que rodean al recordatorio del anunciador de Jesús.
El intento de la intelectualidad peruana de los 40, tuvo la virtud de un rescate parcial, ya que se hizo desde una clase media ciudadana, que le dio una forma cuasi teatral, apelando a actores profesionales y bailarines de proyección quienes siguieron una línea argumental que fue modificándose en los años sucesivos, aunque sin perder la impronta de sus orígenes.
En las épocas del Imperio Inca, el Inti Raymi era una forma de ejercer el poder humano, desde una espiritualidad universal y cósmica, con acciones de lo que hoy llamaríamos "magia simpatética". En otras palabras, hacer en el microcosmos, lo que se quiere mover en el Universo, o macrocosmos, articulando la conciencia humana con los centros de la luz y el poder, desde el juego primordial de los cuatro elementos: fuego (Inti-sol); agua (Quilla-Luna), tierra (Pacha) y aire (huayra-aliento).
El Inca, con la ayuda de los yatiris (sacerdotes) inducían al Inti a regresar de su alejamiento terminal del solsticio, para devolver el favor de sus rayos que fecundan la tierra y de la que nace transformado todo lo que el hombre necesita. En la víspera todos los fuegos se apagan en consonancia con las caída del sol y en el centro del Cusco, en la gran plaza Huaycapata (hoy Plaza de Armas) se concentraban los más brillantes, sabios, yatiris y personajes del imperio.
Entre las sombras, la multitud esperaba la aparición del Inti (Sol), con máximo respeto y en silencio. Muchos de ellos se vestían representando animales "de poder" o fuerzas del universo. Al aparecer el primer rayo de sol se producía el éxtasis, por la emoción mayor de haber recuperado el fuego, la luz, la fuerza y la vida. A partir de allí el fuego sagrado era renovado con un brazalete cóncavo de oro que se ponía contra la luz solar, cuyos reflejos se proyectaban sobre un trozo de algodón teniño de púrpura. La lumbre sagrada era llevada a Coricancha, en donde sería conservada -en su esencia- por los Acllas.
Parte del ritual, comprendía
el sacrificio de una llamita, para observar sus entrañas y predecir
los acontecimientos venideros. También se observaba -con los mismos
fines- el aspecto de los astros del cielo, las sagradas hojas de coca,
el canto de los pájaros. El Tarpuntay (sacerdote del Sol que tiene
a su cargo dar de comer a las Huacas), sacrificaba una llama negra o blanca;
entregaba als vísceras al Cápac-Ricuy, quien hacía
los vaticinios. en tanto tomaba el sebo el Wirapiruj y hacía también
sus augurios observando el humo".
Hoy, en Jujuy
A diferencia del popular y masivo homenaje a la Pachamama, que cumple la mayoría de la población jujeña, en todas sus clases sociales, el culto al Sol, en la forma del Inti Raymi, puede decirse que recién está en sus comienzos, con el empuje del Nuevo Pachakuty, que marca la preponderancia espiritual de América india, sobre los otros continentes del planeta.
En Jujuy, salvo algunas ceremonias caseras, principalmente en el altiplano puneño, la celebración empezó a centralizarse en el "Intihuatana" (reloj solar) de Huacalera, a los exactos 30 grados de latitud Norte en donde se sitúa al Trópico de Capricornio; luewgo floreció casi simultáneamente en Abra Pampa, Tilcara y Maimara y en otros sitios de las distintas regiones y en la ciudad Capital.
Las personas acostumbran llegar la víspera hasta los sitios en donde se vela el Sol. Aquí, se encienden grandes fogatas, y se invita coca y yerbiao hasta el amanecer. El silencio se rompe con el sonido de voces e instrumentos propios de la tierra (quena, charango, bombo, zamponia). Para el momento culminante, las manos se elevan portando mazorcas de maíz, yuros de chicha o simplemente y con la mano izquierda, dejando pasar los primeros rayos del Sol, a través de cristalinas botellas de agua, que atesoran así la propiedad de cuidar la vida de quien la posee y de sus familiares, cuando la necesitan.
El momento es de de una comunión espiritual notable, de una emoción sublime, entre el murmullo humano, alternado con invocaciones en quechua, aymara y español, la brisa helada de las primeras horas y el trinar siempre presente de los pájaros.
La ceremonia puede ser realizada
en cada hogar, instalando previamente y de cara al Sol una mesita de piedra,
cemento o madera, con los cuatro elementos: agua, una vela encendida (mejor
si no es de sebo animal), humos de koa (o sahumerio natural) y algún
fruto de la tierra. De cara al sol y con sentimiento devocional, se hacen
los agradecimientos primero y luego los pedidos. De esa manera el Inti,
vuelve a traer y a ayudar a los propósitos humanos, con toda la
fuerza de la vida.
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