El lonco Pascual Pichún, líder en Temulemu, sostuvo que esta temporada las pérdidas por la baja producción del trigo y las papas serán totales. "Este año ha sido pésimo. Tendremos pérdidas que serán mayores al ciento por ciento".Una semana después del incidente con los carabineros, sus palabras calaron hondo entre sus vecinos. "No debemos bajar la guardia, peñi. Nosotros somos los herederos, no pueden arrebatarnos lo que es de nosotros. Hay que sufrir juntos, peñi", sostuvo en un enfático discurso el lonco a su comunidad. Julio, un joven mapuche de 20 años, cifra sus esperanzas en la carrera de pedagogía básica intercultural que imparten en Temuco. El no sueña con llegar a Santiago; "A nosotros no se nos inculcó la cultura mapuche, pero ahora hay un resurgimiento, ganas de volver a vivirla, a sentirla. Muchos jóvenes estamos estudiando la historia que no se ha contado de nuestra cultura y nos sentimos orgullosos de ser mapuches". Tercera en Internet, 28 de Febrero de 1999
| NACIONAL
CRONICA
28 de Febrero de 1999 |
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los mapuches de Traiguén sólo les interesa trabajar la tierra
Los sinsabores de un pueblo indómito "No somos malos, ni curados, ni flojos,
sino que somos un pueblo triste en busca de una oportunidad y comprensión
de parte de los huincas".
Víctor Hugo Durán, enviado
especial
TRAIGUEN.- José Coñonao es uno de los pocos mapuches de la reducción indígena Antonio Ñiripil de la localidad de Temulemu -al poniente de Traiguén- que no participó en el enfrentamiento de miembros de su comunidad con Carabineros y brigadistas de la Forestal Mininco el pasado viernes 19 de febrero. A sus casi 70 años, sólo le interesa trabajar las hijuelas que tiene en aquellos terrenos otrora productivos y hoy prácticamente áridos. No quiso involucrarse en la pelea que terminó con 14 de sus "peñis" heridos y un número similar de policías lesionados. Detrás de los incidentes y las demandas por tierras que
tiene la comunidad indígena de la Novena Región se esconde
la historia de un pueblo que está triste, desilucionado, con muchas
necesidades, sueños y desafíos que solamente se conocen traspasando
las barreras naturales y culturales que separan la modernidad del campesinado
indígena.
AMISTADDespués de pasar varios días conversando con los habitantes de Temulemu, resulta casi increíble (y para ellos molesto) que se los haya tildado de "terroristas" por el incidente con los carabineros y el ataque a dos camionetas de la Forestal Mininco. Risa les causa que se hable de un "Chiapas araucano", como lo insinuó uno de los abogados que los patrocina, Camilo Salvo.Al llegar hasta esta comunidad, todos nos miraban con desconfianza y recelo y no dudaban en pedirnos credenciales e incluso observar cada uno de nuestros movimientos. Ellos no confían en los "huincas", menos después de lo ocurrido el viernes de la semana pasada. Pero a pesar de ello,todos sin excepción y en un gesto de amabilidad, nos estrechaban sus manos pequeñas, gordas y llenas de durezas para saludarnos. También nos ofrecían agua con harina tostada, cuyo sabor no tiene la dulzura de una bebida, pero que es bastante agradable. Los mapuches de Temulemu hablan rápido, golpeado, pero
cada palabra lleva algo de temor. De hecho, se les notó incómodos
durante toda esta semana en que recibieron equipos periodísticos
de distintos medios para conocer detalles del publicitado incidente. Pero
más que la presencia, lo que realmente les incomoda es que sean
tomados en cuenta sólo cuando ocurren incidentes de este tipo y
no por los verdaderos problemas que hay en esta comunidad.
CARENCIASEfectivamente, la vida para los mapuches de la Novena Región ha sido particularmente dura en los últimos años. Ya no viven en rucas, como mucha gente piensa, sino que en casas con dos habitaciones, de construcción de madera o planchas metálicas, y con algunos adelantos de la ciudad, como la televisión o la radio. Eso sí que para ver las noticias o una teleserie, recurren al sistema de baterías de automóviles,puesto que las casas aún no tienen conecciones al tendido eléctrico, ya que para cada familia representa un costo de 120 mil pesos en promedio.Las comunidades se están organizando para juntar los fondos necesarios para tener acceso a la electricidad, pero por ahora están lejos de hacerlo, según se nos contó en las comunidades de Didaico y El Pantano,además de Temulemu. ¿Agua potable?: "Ni siquiera un sueño", dicen ellos. Deben conformarse con pozos o con un camión aljibe que cada cierto tiempo llena estanques instalados a un costado de las viviendas. Para colmo, la lluvia ha estado tan escasa, que no sirve para llenar esos pozos y mucho menos para las siembras. De hecho, el lonco Pascual Pichún, líder en Temulemu, sostuvo que esta temporada las pérdidas por la baja producción del trigo y las papas serán totales. "Este año ha sido pésimo. Tendremos pérdidas que serán mayores al ciento por ciento", comentó. Es por eso que incluso la dieta de los mapuches ha ido decayendo.
Las vacas no dan leche, por lo tanto, los niños no cuentan con este
producto o con quesos. Los chanchos están flacos y enfermos. Casi
no hay gallinas o pavos. El trigo ha escaseado y cuesta mucho hacer pan.
Y las papas,otro elemento fundamental de la dieta, germinaron muy pequeñas
y en escasa cantidad esta temporada.
TRABAJOEl viernes, todas la familia de Pichún estaba agachada en la chacra cosechando las pocas papas de esta temporada. Con suerte, recogerían siete u ocho sacos que debían repartir para todo el año que se avecina en una familia que es muy numerosa.Para José Cañonao la situación no es distinta. En su hijuela sembró siete sacos de trigo junto a otro mapuche. La cosecha arrojó sólo 32 sacos, los que deben dividirse. Prácticamente la ganancia es escasa. "Así no más estamos, pues, caballero. Pero igual el pobre tiene que seguir trabajando", sostuvo. En la cercana reducción de El Pantano la situación no cambia mucho. Las siembras también se vieron perjudicadas por la falta de lluvias, "y ello tiene a mi gente muy triste", comentó el cacique Segundo Ancamilla. Pero es en estos eventos cuando se nota la solidaridad y el espíritu comunitario de estas familias. Si la alimentación escasea en una casa,otra familia le ayuda a darle comida a los niños. Pero la exclusiva solidaridad no los hace salir de la pobreza. Por eso, que una semana después del incidente con los carabineros,
sus palabras calaron hondo entre sus vecinos. "No debemos bajar la guardia,peñi.
Nosotros somos los herederos, no pueden arrebatarnos lo que es de nosotros.
Hay que sufrir juntos, peñi", sostuvo en un enfático discurso
el lonco a su comunidad.
MIGRACIONLas escasas oportunidades han obligado a muchos jóvenes a emigrar a Temuco o Santiago para buscar trabajos mal remunerados debido a su escasa capacitación. Limpiar baños, trabajar en la construcción, en panaderías u otros servicios prácticamente básicos son las pocas posibilidades que se abren para estos jóvenes. Incluso salir desde esta zona es complejo, pues el único micro que conecta a Temulemu con Traiguén sale a las 7.30 de la mañana y regresa sólo a las 18.30 horas.Ni siquiera la posta les puede servir para viajar a Traiguén, pues no tiene ambulancia y el único teléfono del lugar, dicen, está permanentemente malo. En caso de una urgencia vital, difícilmente podrían llegar a Traiguén con vida. Aunque la relación con los traigueninos es buena, muchos mapuches se quejan de racismo. Pero a pesar de todos estos problemas, hay muchos jóvenes de la comunidad de Temulemu que pretenden capacitarse fuera, particularmente en Temuco,donde pueden acceder a carreras técnicas y volver así a las comunidades a aplicar sus conocimientos en el área agrícola o en la transmisión de sus costumbres ancestrales en los más pequeños. Julio, un joven mapuche de 20 años, cifra sus esperanzas en la carrera de pedagogía básica intercultural que imparten en Temuco. El no sueña con llegar a Santiago. "Santiago ofrece muchas cosas, pero casi siempre son ilusiones", señaló y agregó que "en esa ciudad la gente mapuche es discriminada y tratada como lo peor". Dijo que con más tierras no sería necesario que los mapuches emigraran de la zona, pero las carencias económicas y la baja producción agrícola los obligan a buscar el sustento en otras zonas. Por eso, explicó, es que se producen conflictos con las empresas forestales a los que acusan de usurpar las tierras que pertenecían a sus ancestros. "A nosotros no se nos inculcó la cultura mapuche, pero ahora hay un resurgimiento, ganas de volver a vivirla, a sentirla. Muchos jóvenes estamos estudiando la historia que no se ha contado de nuestra cultura y nos sentimos orgullosos de ser mapuches", sentenció. Las comunidades no ven con odio a los carabineros con los que pelearon, ni a los brigadistas que evitan que ellos caminen por senderos que los conectaban a caminos donde podían tomar un vehículo para volver a Traiguén. Dicen y reclaman que ellos "no son malos, ni curados, ni flojos", sino que son un pueblo triste en busca de una oportunidad y comprensión de parte de los huincas.
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