El tema de la revitalización de las identidades étnicas cobró enorme importancia durante los últimos años del siglo XX, desde el conflicto en los Balcanes en Europa, hasta el levantamiento de Chiapas, en Latinoamérica, dejando de manifiesto un proceso que hoy no sólo afecta a las sociedades nacionales, dentro de las cuales se ubican las denominadas “minorías étnicas”, sino también a aquella disciplina que se especializa en el estudio de aquellas: la antropología. En Chile, la situación generada por la construcción de una represa en territorio pehuenche, el conflicto entre comunidades mapuches y empresas forestales, y en menor grado (en cuanto al impacto de la noticia) el problema entre las poblaciones indígenas del norte con las mineras, introdujo la presencia constante de los indígenas en los medios de comunicación. A partir de esas imágenes y el tratamiento distorsionado de los hechos noticiosos, comienzan a aparecer sujetos que ya no provienen de la Araucanía ni del Altiplano, por ejemplo, sino que han emigrado en fechas recientes a distintas ciudades del país, o incluso han nacido en ellas, y que sin embargo, adscriben a una identidad étnica, a una identidad cultural distinta a la chilena.