Cuando uno observa a los actuales pueblos indígenas y su condición tan deteriorada y decaída, no deja de preguntarse por qué algunos que habían alcanzado una cultura de superior nivel no siguieron desarrollándose. Hay quienes creen que les faltaron dos cosas: la rueda de los occidentales y la pólvora de los chinos. Con tales elementos, es probable que el Descubrimiento de América se hubiera convertido en un gigantesco conflicto bélico. Sin embargo, esos pueblos contribuyeron en gran medida al progreso de los europeos cuyo mundo fue el que dominó por varios siglos en todo el orbe. El profesor norteamericano Jack Weatherford en su libro ''El legado indígena'', publicado por Editorial Andrés Bello, nos habla de los numerosos aportes de esas etnias que hoy son citadas como simple recuerdo histórico. Diario El Sur, 9 de abril de 2001

lunes 9 de abril de 2001
Legado indígena
Cuando uno observa a los actuales pueblos indígenas y su condición tan deteriorada y decaída, no deja de preguntarse por qué algunos que habían alcanzado una cultura de superior nivel no siguieron desarrollándose. Hay quienes creen que les faltaron dos cosas: la rueda de los occidentales y la pólvora de los chinos. Con tales elementos, es probable que el Descubrimiento de América se hubiera convertido en un gigantesco conflicto bélico. Sin embargo, esos pueblos contribuyeron en gran medida al progreso de los europeos cuyo mundo fue el que dominó por varios siglos en todo el orbe.
El profesor norteamericano Jack Weatherford en su libro ''El legado indígena'', publicado por Editorial Andrés Bello, nos habla de los numerosos aportes de esas etnias que hoy son citadas como simple recuerdo histórico. Publicada por Editorial Andrés Bello, la obra es una investigación financiada por la Fundación Kellogg. Contiene informaciones conocidas y sorprendentes hallazgos que el autor transforma en fundamentos para ciertas tesis que pueden ser consideradas demasiado audaces. A raíz de la llegada de Colón y de otros navegantes, la humanidad mejoró su alimentación con las papas, diversas variedades de porotos, la yuca, la mandioca, el mote, el maíz, el tomate, la quínoa, el pavo y el charqui, además del cacahuete y el chocolate, productos todos originarios del nuevo mundo. Todavía se discute si la papa fue llevada desde Perú o desde Chiloé por sir Walter Raleigh, quien la dio a conocer en las casas reinantes junto con el tabaco que los palaciegos aspiraban en polvo como rapé y los ingleses en cachimbas.
La medicina pudo tratar varias enfermedades con la quinina, la coca y otros extractos vegetales obtenidos en la Cordillera de los Andes. Hay pruebas de que los incas practicaban difíciles operaciones quirúrgicas ayudados con primitivos instrumentales y una especie de anestésico. Jack Weatherford trata de demostrar que el capitalismo fue posible gracias a los torrentes de miles de toneladas de oro y plata de las minas de Potosí y otros lugares. La era mercantilista se reafirmó con esos metales preciosos que también provocaron inflación económica debido al exceso de dinero circulante y pocos bienes que comprar. Va más lejos aún, al afirmar que gracias a esta riqueza se originó en Europa la era industrial. Nos parece que su excesiva admiración indigenista lo hizo olvidar a Santiago Watt y su descubrimiento del vapor para mover máquinas, barcos y trenes.
Algunas culturas precolombinas alcanzaron altos grados, como los mayas con su calendario y sus sistemas de cálculos superiores al de los árabes; los aztecas con su maravillosa ciudad de Tenochtitlán en cuyas ruinas se edificó la moderna Ciudad de México. Lo positivo del legado indígena es grandioso. Lo negativo son los alucinógenos, cuyo mayor representativo es la cocaína. El libro abre un abanico de recuerdos históricos.
Tito Castillo
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