Líder mapuche consagró para su pueblo una nueva forma de hacer política y de lucha en el marco de la Constitución y la Ley; la búsqueda de espacios de poder por una causa real y digna, sin violencia. Fue una tarde sombría para distintos sectores indigenistas de Temuco y la Región. Así como se fue conociendo la noticia, la inquietud, la decepción y la molestia cundieron en las comunidades mapuches, más allá de las fronteras de la Araucanía. El Servicio Electoral, en dictamen de primera instancia, impugnó la candidatura de Aucán Hulcamán. Primero fue un trascendido, más tarde se confirmaría, para ser publicada tal decisión en el Diario La Nación, este viernes. Aucán, que retomó sus actividades en la región, conversando y solidarizando con los estudiantes del hogar Mapuche Las Encinas, parece haberse enclaustrado. El periodismo lo buscó. El hoy ex candidato, desapareció. Entendible. No sólo ésta es una decisión burocrática, en el marco de la legalidad vigente que sectores de izquierda y el progresismo ya han impugnado. Aucán y sus “huestes” vivieron un inclemente proceso de recolección de firmas. El frío, la lluvia, la actitud renuente y “discriminatoria” de algunos notarios; una cabalgata que incluso fue objeto de “encerronas” por parte de las autoridades y la policía en la zona central; una verdadera odisea, inédita en la historia electoral del país; un intento que originalmente había terminado en Santiago con un objetivo cumplido. De forma y fondo único en el mundo electoral e indigenista de Chile y Latinoamérica. De una plumada, claro sí, legalmente, Aucán será borrado de la lista de candidatos a la Presidencia de la República, al no reunir las firmas necesarias. Si bien presentó cerca de 40 mil, sólo un 10 por ciento de ellas son válidas. Y ello, según la norma que rige los procesos de este tipo, es suficiente para determinar su exclusión. Si bien Huilcamán tiene opción de apelar, se estima ya, que atendido el número de firmas legales faltantes, sería imposible revertir el dictamen que se publicará en las próximas horas. Decepción, porque independientemente de críticas, diferencias, posturas políticas, ideológicas o étnicas, la pre-candidatura de Aucán, ciertamente marcó un hito. El mundo mapuche, incluso quienes en su momento, fueron adversarios o disidentes de sus posturas, se alinearon en torno a esta postulación. Los medios de comunicación siguieron la cabalgata, no sólo como una forma curiosa y peculiar de hacer proselitismo político, sino que arrastrar a cada paso de los caballos y sus jinetes, un ideal, en el marco de la constitución vigente, la búsqueda de un espacio, legítimo para “los excluidos” como dijera el werken; un lugar en la política chilena con democracia plena o imperfecta, según pareceres, pero democracia al fin, a la cual Aucán se sumó, como también, así fue su intento, a las reglas del juego imperantes. Aucán, tras su cabalgata, su objetivo, aunque frustrado, deja una impronta que no resultará fácil olvidar, mucho menos su entorno, matices y plataforma política-étnica y ética, un sentido de Gobierno, que será necesario recoger por quienes siguen en camino. Aucán optó por la vía que impone la legislación chilena lo que no sólo es meritorio, sino que un reconocimiento y acercamiento a la institucionalidad. Ello debe ser reconocido y porqué no, admirado, especialmente en momentos en que grupos minúsculos del pueblo que representa o simplemente infiltrados prefieren el violentismo y el caos para imponer sus ideas o inquietudes. Detrás de Aucán, sus jinetes y adherentes, no sólo mapuches, hay un ideal que las autoridades y los propios candidatos, con inteligencia, sin miopía ni egoísmos deberían reconocer, evaluar y aceptar, según sus respectivas posiciones y en consecuencia, como han dicho, del respeto a un pueblo que exige reconocimiento y participación. La nota precedente, no es por tanto el réquiem para una candidatura sino que sólo el epílogo administrativo de un intento, pero la causa, aquella que tiene como itinerario la paz, la no violencia, la dignidad, siguen vigentes. Diario El Gong; Jueves 15 de Septiembre de 2005.