Seguir creyendo que el campesino mapuche es algo así como un Mesías colectivo que redimirá al pueblo o la nación mapuche (asumida-impuesta como campesina), y seguir apoyando cualquier disparate que nazca de dirigentes que se afirman campesinos, pero que son tan urbanos y colonizados como el resto; más que expresar una visión política meditada, responsable y calculada de la realidad mapuche, refleja las influencias religioso-mesiánicas judío-cristianas que fluyen al movimiento mapuche desde la derecha, centro e izquierda chilena. Los "sabios", "cósmicos" y "filosóficos" líderes etnogremiales campesinistas sólo existen en las mentes de arquitectos de la política con una visión esencialista de lo mapuche, que hasta ahora solo ha aportado retórica cosmológica pero no proyectos políticos. Azkintuwe, Marzo de 2004  (2004-3-17)

 
Centro de Documentación Mapuche Documentation Center

Identidad Fragmentada - II Parte

El gigante silenciado

Los arquitectos políticos que piensan que la construcción de la identidad nacional mapuche es un proceso, del cual las identidades fragmentadas son un eslabón, que más temprano que tarde convergerá hacia la identidad nacional; deberían explicarle a su audiencia campesino-mapuche por qué entonces los huilliche continúan creyéndose un pueblo distinto de los mapuche, aún cuando su cultura y lengua son cultura y lengua mapuche...

Por José MARIMAN

Decía en el artículo Identidad Fragmentada publicado en el segundo número de Azkintuwe, que la fragmentación de la identidad mapuche que apreciamos hoy (se habla de nagches, wenteches, lafkenches, etc.), no ayuda ni construir una identidad ni un proyecto nacional mapuche. Por el contrario, esa tendencia en el movimiento mapuche trabaja en perspectivas de mantener la dominación del estado, pues divide y debilita a los mapuche frente al estado, y por lo tanto facilita el reinado del estado sobre ellos.

El presente artículo continúa polemizando sobre el tópico de la fragmentación de la identidad mapuche. Pero, a diferencia de aquel artículo, se concentra en discutir las incongruencias de los discursos fragmentacionistas, como la creencia de que las pichi-chovinistas identidades, son parte de un proceso que conducirá a una síntesis cualitativamente superior: la identidad nacional mapuche y el proyecto nacional del pueblo mapuche.

Las incongruencias de las pichi-chovinistas identidades mapuche

Los intentos de minimizar la identidad mapuche habían sido terreno explorado en forma casi exclusiva por el nacionalismo chileno durante el siglo XX (tener presente las leyes indígenas, las opiniones de políticos, y las de cientistas sociales que trabajaron y trabajan sobre un sujeto mapuche entendido-impuesto como campesino). Sin embargo, los mapuche entraron tímidamente en los 1980s y con todo en los 1990s, a disputarle al n acionalismo chileno esa exclusividad. Por ejemplo, el discurso mapuche contra historia, anti intelectual y por extensión anti urbano (otro préstamo cultural tomado por los mapuche tanto de la derecha, centro, como de la izquierda chilena), se insinúa como sigue. "Hay también muchas personas que han tenido la oportunidad de estudiar. Muchos han terminado la educación media, e incluso algunos tienen títulos universitarios, y todos ellos tienen mentalidades colonizadas...".

La autora de este comentario, Isolde Reuque, en sus memorias -"When a flower is reborn: the life and times of a mapuche feminist" (2002)- trata a su ex compañero en la directiva Admapu 1983, Rosamel Millamán, de mal "combatiente callejero", así como de "intelectual de sillón" (1). Otra variante de ese discurso se expresó en la prédica de Aucán Huilcamán, quien al mejor estilo nazi en la búsqueda del "ario" perfecto, en los 1990 dividía a los mapuche como sigue. "[H]ay tres tipos de mapuche: está el mapuche racialmente definido, que tiene rasgos como yo por ejemplo, pero con cabeza de chileno o sea con mente de chileno. El mapuche que está racialmente definido y está compenetrado de su cultura, es decir el mapuche racial y culturalmente definido. Este es el que representa el Consejo, es el que hoy día participa en la dinámica interna de la comunidad. Y el tercer mapuche es el que ha perdido todo y sólo tiene s entimiento de pertenencia porque su abuelo, su padre o algún otro familiar vino de la comunidad. Esos tres perfiles hoy día actúan en el escenario mapuche" (2).

No obstante, no ha sido sino hasta muy reciente (fines de los 1990s principios del 2000), que esa fragmentación y jibarización de la identidad mapuche ha alcanzado su cenit, bajo la forma de identidades nagches, wenteches, lafkenches, etc. Con ello el caos identitario ya es una realidad, y con ello las posibilidades de unir a los mapuche tras un proyecto nacional más complicadas que antes. Pero, ¿son consistentes con la historia y con el presente estos intentos de fragmentar la identidad mapuche? En mi opinión ¡no! Primero, y en apelación a la historia, ¡no! porque si bien en un sentido histórico museológico esas pichi identidades fueron reales, no hay que olvidar que ellas se correspondieron con un fragmento de la historia mapuche (siglos XVIII y XIX), en asociación a las relaciones de poder con la colonia española de Chile, y luego con el embrionario estado de Chile. Pero esa etapa de la historia ya fue superada (por desgracia a favor de los wingka). En otras palabras, en un sentido político de la historia desde mediados del siglo XIX los mapuche fueron sometidos militarmente e incorporados al estado de Chile (y de Argentina), y a partir de entonces su sociedad e historia -quebrada y trastocada- no puede sino ser replanteada en nuevos términos bajo las nuevas condiciones.

¿Cuáles? Pues las de dominación y colonización de todos los mapuche sin importar pedigrí, y que indica de que así no hayan sido nagches, wenteches o lafkenches en tiempos remotos, todos los mapuche fueron puestos y expuestos a la misma historia de dominación y colonización sistemática. La dominación y la colonización terminaron haciendo por los mapuche lo que ellos mismos fueron incapaces de lograr por si solos: su unificación (como dominados-colonizados sin imp ortar pedigrí). En consecuencia, en su esfuerzo por reinventar tradiciones los nostálgicos de la identidad mapuche fragmentada no sólo deben considerar la "recuperación de la historia", sino también su arquitectura política debería poner ojo en no repetir los errores de la historia pasada. Puesto de otra forma, no deberían pasar por alto que la derrota de los mapuche (como un todo), se explica también por su fragmentación al combatir al wingka. Los mapuche fragmentados en pichi chovinistas identidades ni ayer pudieron ni hoy podrán con el wingka.

Y segundo, ¡no! en apelación al presente, porque creo que la gran mayoría de los que hacen el discurso de la defensa de la tradición, viven en un doble estándar que los hace declarar una cosa y practicar otra. Me explico, aquellos que se precipitan a presentarse ante los demás como el estándar de lo que "es" ser mapuche (esos que milagrosamente han escapado a la colonización según vociferan), curiosamente son los mapuche que hoy por hoy viven de manera más intensa que ningún otro la influencia de la cultura no mapuche. Y como no, si viven inmersos en el mundo de la cultura ajena más profundamente que otros mapuche (usan teléfonos celulares, viajan en avión, usan computadoras, visten a la moda y se disfrazan para la foto, y disponen de casas sin pisos de tierra ni techos de paja, que poseen todas las ventajas del mundo moderno). Los autores de celebres -y tristes- frases para el bronce de la desidia, no pueden ocultar a quien indague lo mínimo sobre sus vidas, que en realidad viven unas vidas de chilenos urbanos que les gusta, y que es ajena a las "comunidades" mapuche (en donde por lo demás los campesinos compiten en incorporar, radios, televisores, vehículos y otras ventajas del mundo moderno... al cabo la cultura y sociedad mapuche siempre se mostró permeable a los prestamos culturales... lo que no fue malo ayer ni es malo hoy).

Puede que la niñez de algunos dirigentes etnogremiales se haya desarrollado en una "comunidad", donde aprendieron los restos de una cultura y lengua ya contaminada y solamente funcional en el ámbito rural, pero ya desde los seis años en adelante la escuela, la iglesia, los partidos políticos, otras instituciones estado dominantes, la radio y la TV los conectó al mundo urbano, que les ha colonizado como a cualquier otro, y en cuyas aguas nadan como el más diestro de los peces (es dudoso, incluso, que sus propios padres no estuvieran ya bastante colonizados vía la escuela, la iglesia, la milicia, la militancia, la radio y la TV). Por desgracia no hay cremas protectoras de la pureza cultural en situaciones de relación colonial, al modo en que las personas se engrasan con bloqueadores de sol. Por lo anterior, sino toda al menos parte muy significativa de la vida de los dirigentes etnogremiales mapuche se ha desarrollado en la ciudad (desde sus estudios básicos hasta los medios y universitarios sin descuidar el lugar desde donde hacen g remialismo), expuestos día a día a las "influencias". Y es más, podría arriesgar la opinión de que no hay dirigente mapuche hoy día que no haya vivido más tiempo de su vida vinculado al mundo urbano e influido por la cultura urbana no mapuche, de lo que ellos mismos consciente o interesadamente admiten.

Contra todo aquello puesto en evidencia en los párrafos anteriores, hay que decir que lo mapuche es más complejo hoy de lo que fue alguna vez en el pasado, y que se expresa tanto bajo la forma de una minoría campesina, como por sobre todo, una mayoría urbana. Los mapuche son la suma de todo eso y la suma de todo eso es lo mapuche. La mayoría de los mapuche que viven en el mundo urbano no lo hicieron por opción, sino como la consecuencia de la derrota y la expoliación territorial que le impuso a la sociedad mapuche una historia nueva de dominación, colonización y de diáspora. La diáspora mapuche y el mapuche urbano son una realidad gracias a la dominación y el coloniali smo, tanto como lo son los mapuche campesinos viviendo en "comunidades" (las famosas “comunidades” son la obra de la expoliación y arreduccionamiento de los mapuche en el pasado, como la necesidad presente de empadronar lo mapuche y otorgarle “personalidad jurídica”-control).

Por ello, necesitamos un proyecto para todos y sobre todo para la mayoría urbana (operativo para un mundo que es urbano preferentemente), y no exclusivo a un segmento, los campesinos, que cada vez se fraccionan más así mismo en pichi-chovinistas identidades. Seguir creyendo que el campesino mapuche es algo así como un Mesías colectivo que redimirá al pueblo o la nación mapuche (asumida-impuesta como campesina), y seguir apoyando cualquier disparate que nazca de dirigentes que se afirman campesinos, pero que son tan urbanos y colonizados como el resto; más que expresar una visión política meditada, responsable y calculada de la realidad mapuche, refleja las influencias religioso-mesiánicas judío-c ristianas que fluyen al movimiento mapuche desde la derecha, centro e izquierda chilena. Los "sabios", "cósmicos" y "filosóficos" líderes etnogremiales campesinistas sólo existen en las mentes de arquitectos de la política con una visión esencialista de lo mapuche, que hasta ahora solo ha aportado retórica cosmológica pero no proyectos políticos.

Lecciones elementales de política en relación a identidad nacional mapuche

Temprana mi adolescencia política, y en un momento de la historia de Chile en que "disfrutábamos" la dictadura, aprendí que a la hora de provocar cambios políticos es mejor sumar fuerzas que restar. Como resultado de esa elemental noción de matemática-política, no puedo sino sentirme incomodo con los discursos ahistóricos y voluntaristas, que reivindican pichi-chovinistas identidades, que restan fuerza a la construcción de una identidad nacional y un proyecto nacional mapuche (no suman voluntades en esa dirección). Por ello, nunca fue de mi agrado -escribí un artículo sobre ello- la irrupción a comienzo de los 1990 del Aukiñ Wallmapu Ngülan sobre la base inventar tradiciones y desempolvar títulos nobiliarios (cual más cual menos todos los dirigentes etnogremiales mapuche competían a principios de los 1990s en abolengo, bajo denominaciones tales como longkos, werkenes y machis) (3).

Tampoco congenio desde fines de los 1990s con la nueva moda consistente en reinventar pichi-chovinistas identidades que han hecho un lugar común para ser un "auténtico mapuche", presentarse en público como el longko, werken o machi de origen nagche, wenteche, o lafkenche. Toda esa parafernalia ha llevado a sus arquitectos políticos a pensar la problemática mapuche en función del new look, en donde la preocupación por la problemática mapuche en su conjunto ha pasado a ser reemplazada por la problemática mapuche en específico. Los intentos de formular una utopía nacional mapuche de comienzos de los 1990s, comienza a ser erosionados por los intentos de construir una utopía cacical, como se puede leer en las resoluciones de la "Asamblea Constituyente del Territorio Nagche" (23-24/Ene/2004), que reivindica la autonomía para un territorio nagche (ya no para un territorio mapuche y toda la población en él) (4).

Por desgracia para los nagche y por suerte para quienes sólo nos definimos como mapuche, las iniciativas de construir utopías rurales están desfasadas de la historia. Los interesados en utopías rurales deberían leer y tener presente la experiencia de terror y muerte de los jemeres rojos de Pol Pot, en Camboya (por aconsejar sólo una). Y, más cerca nuestro aún, deberían prestar oído a las experiencias de los "mayores" (cuando no de ellos mismos), que ponen sus hijos en las escuelas wingkas, esperando que ellos les superen y tengan mejor vida, antes que aconsejarles vivir de acuerdo a un pasado -entre varios pasados- reinventado a la voluntad de a lgunos arquitectos políticos, y con una fuerte dosis de esencialismo cósmico.

Los arquitectos políticos que piensan que la construcción de la identidad nacional mapuche es un proceso, del cual las identidades fragmentadas son un eslabón, que más temprano que tarde convergerá hacia la identidad nacional; deberían explicarle a su audiencia campesino-mapuche por qué entonces los williche continúan creyéndose un pueblo distinto de los mapuche, aún cuando su cultura y lengua son cultura y lengua mapuche. Los williche no llevan poco tiempo afirmando una identidad williche sino siglos, al estilo de lo que pasó con serbios y croatas en Europa, que finalmente terminaron enfrentándose.

Conclusión

Mientras esperamos por explicaciones -si es que se producen- hago votos porque despierte el gigante silenciado al interior de los mapuche. Me refiero a la inmensa mayoría de los mapuche urbanos desheredados de l a tierra, pero ricos en experiencias formativas, profesionales y políticas (entre los cuales hay médicos, abogados, ingenieros, sociólogos, antropólogos, historiadores, asistentes sociales, periodistas, politólogos, científicos, industriales, constructores, profesores, lingüistas, trabajadores, pobladores, etc.). Ellos, descalificados y vilipendiados a gusto por líderes miopes y vanos que se dicen campesinos no colonizados (con el concurso del nacionalismo chileno que impone el estereotipo del “mapuche campesino”), representan la intelligentsia del pueblo mapuche y sus mejores posibilidades de tener un futuro (5).

La intelligentsia mapuche debe saltar al poder y tomar la representación y conducción del pueblo mapuche. Ella debe plantearse la construcción de la fuerza nacionalitaria, empresa en la que hay también espacio para los campesinos mapuche (como un componente más y no como “el” Mesías). Todo pueblo o nación que se plantee seria y exitosam ente una lucha nacional, posee una fuerza política que dirige el proceso (no sindicatos campesinos), conformada por sus mejores cuadros. Esos cuadros deben provenir de sus diversas expresiones sociales y representar la suma de su heterogeneidad social (antes que encarnar una clase o casta mesiánica), si el objetivo es movilizar a toda la nación (6).

NOTAS:

1. Resulta curioso y baladí este comentario sobre Millamán en boca de Isolde. Quienes conocimos a Rosamel sabemos que si estuvo en las calles cuando había que estar.
 
2. Este extracto viene de una entrevista hecha en Ginebra, Suiza a Aucán Huilcamán, durante la sección décimo sexta del Grupo de Trabajo sobre Poblaciones Indígenas de la ONU 1988, por la antropóloga francesa Françoise Morin (del GRAL). La entrevista fue publicada para una audiencia universitaria francesa en el L´Ordinaire Latino-Americain Nº 177 correspondiente a julio-septiembre de 1999, pp. 25-28.
 
3. Tampoco congenio con los intentos regalistas de algunos mapuche en Europa, de imponernos un rey francés, escudándose en un episodio más bien gris en nuestra historia que afortunado (deben haber estado muy desesperados nuestros abuelos a fines de s. XIX, viendo como su mundo eminentemente sería destruido, que apelaron a cualquier recurso con tal de detener ese final).
 
4. Aún cuando se permiten licencias como las de opinar sobre las relaciones internacionales de los estados de Chile y Bolivia (ver resoluciones del Congreso nagche), apoyando al estado boliviano, sin pensar el hecho de que al igual que cualquier otro estado, el boliviano tiene sus propios problemas nacionales internos (en propiedad el mar sobre el cual Bolivia reclama "derechos históricos" fue y debería ser Aymara, nación indígena cuyo territorio cubre el norte chileno, sur peruano y parte de Bolivia y Argentina).
 
5. No es malo recordar que Leftrarü y otros grandes líderes mapuche fueron grandes, no porque se refugiaron reaccionariamente en la cultura mapuche, sino precisamente porque supieron abrirse a lo nuevo –al caballo, al metal, a los nuevos alimentos, etc.- y desde lo nuevo enfrentar al wingka (los mapuche usaron hasta arcabuses y cañones españoles).
 
6. En la dirección propuesta es saludable para este autor la posición que deja entrever en su entrevista en Azkintuwe 3, Víctor Ancalaf (ver su respuesta a la última pregunta de Azkintuwe). Esa posición deja entrever una posibilidad cierta de discutir temas nacionales mapuche, y avanzar en acuerdos mínimos en perspectivas de formular un proyecto nacional.

* Articulo publicado en Periódico Mapuche Azkintuwe, Marzo de 2004, pag; 12, 13 y 14.
 
 
 

Enlace al artículo original.