El único factor en contra de la central fue precisamente el que retrasó el proyecto, es decir, la reubicación de 92 familias indígenas. Endesa debió enfrentar con millonaria oferta a las dos mujeres que lideraron la resistencia indígena al proyecto, Berta y Nicolasa Quintremán, las ñañas de Alto Biobío. Diario El Sur, 17 de septiembre de 2003
| Miércoles 17
de septiembre de 2003 |
| Fin de una
"guerra" de ocho años |
| Histórico acuerdo da luz
verde a la central Ralco |
- El único factor en contra de la central
fue precisamente el que retrasó el proyecto, es decir, la reubicación
de 92 familias indígenas.
- Endesa debió enfrentar con millonaria oferta a las dos mujeres
que lideraron la resistencia indígena al proyecto, Berta y Nicolasa
Quintremán, las ñañas de Alto Biobío.
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Una historia cuyo fin era previsible es la que terminó ayer luego
de que Endesa y las familias de Berta Quintremán, Aurelia Marihuán,
y Mercedes y Rosario Huenteao suscribieran el acuerdo que permite
la continuación y el término de las obras de la central Ralco.
El proyecto hidroeléctrico nació hace
ocho años en el marco de una planificación del gobierno que tuvo por
objetivo principal asegurar y abastecer de energía eléctrica a la
población, así como el desarrollo industrial del país.
No obstante hoy es posible utilizar
otras fuentes de energía, se optó por la central debido a la estratégica
ubicación del curso del río Bio Bío en el sector cordillerano. Además,
se argumentó la limpieza y la economía de la energía hídrica.
El único factor en contra de Ralco
fue precisamente el que retrasó el proyecto, es decir, la reubicación
de 92 familias pehuenches que habitaban las tierras necesarias para
construir la hidroeléctrica.
Las obras preparatorias de Ralco comenzaron
en 1998. Eso alarmó a los dirigentes indígenas. La estrategia de Endesa
para iniciar las faenas previas, sin tener las autorizaciones gubernamentales,
fue la posesión de escrituras de arrendamientos a propietarios pehuenches,
a través de las cuales se autorizaron servidumbres de camino necesarias
para iniciar los trabajos.
Sin embargo, el problema real fue el
de las permutas de las tierras pehuenches indispensables para la ejecución
del proyecto. En 1998 Endesa logró el acuerdo de 77 familias. En marzo
de este año sumó el consentimiento de otras 11.
En el conflicto, Endesa debió enfrentar
duramente a las dos mujeres que lideraron la resistencia indígena
al proyecto; Berta y Nicolasa Quintremán, quienes se convirtieron
en las cabezas del grupo que juró una vez no salir nunca de sus tierras.
Endesa, no obstante, logró una gran
victoria en diciembre de 2002, cuando Nicolasa finalmente cedió y
aceptó 200 millones de pesos y 77 héctareas por permutar sus tierras.
El mismo camino sigió su hermano. Ese fue el detonante para que las
cuatro familias que quedaron en la resistencia llegaran ayer a La
Moneda. |
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