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Con su indumentaria, era imposible que María Saravia Puñén
pasara inadvertida. Y menos, después del breve encuentro con la
canciller Soledad Alvear. Ella le regaló un manojo de marcadores
de libros hechos a telar, y la ministra, un abrazo afectuoso.
Desde la localidad de Sara de Lebu, en Los Alamos, invitada por ProChile,
María vino a la jornada de difusión del acuerdo Chile-Unión
Europa en compañía de la religiosa Teresa Bull, de la Congregación
Hermanas del Niño Jesús. Y con su voz ronca anticipa que
pronto se irán a Alemania, Francia y Bélgica, los tejidos
que sus manos y las de otras mapuches han ido entrelazando en el invierno
de Arauco.
Diez mapuches, en su mayoría madres solteras como ella, conforman
el taller. Alfombras, telares, bajadas de cama y estolas en hilo (ornamento
sacerdotal) cautivan en Europa, cuenta la religiosa, y María (35)
aprueba con una sonrisa. Y para Alemania -"parece que es para ayudar a
un hogar, dice"- acaban de terminar un pedido de 8 mil 500 pulseritas artesanales
y treinta estolas.
Allá, todo lo hecho a mano es apreciado; en Chile, para nada, afirma
la religiosa. Y aunque tímida, María piensa que si están
bien organizadas, pueden salir adelante, sin andar peleando por ahí.
Mirando a su madre, aprendió a entrelazar la lana en el típico
telar de dos palos apoyándose con el ñirehue para apretar
el tejido. Entonces, todo era más rústico, porque ahora siente
que con una fundación alemana para el desarrollo que les brinda
su apoyo, "estamos más modernas". |