Antonio Paillafil se siente orgulloso de su cultura y sus ancestros y aunque "la situación económica" de sus padres lo alejó de su tierra natal a partir de los 3 años, edad en la que llegó a Santiago desde el Lago Budi en Puerto Saavedra, desde temprano se decidió por el rescate del patrimonio cultural de su pueblo, y la madera fue la materia natural. En ella encuentra la energía de la vida y el conocimiento: "uno aprende de la madera a través de ciertos nudos y vetas". "Nuestra cultura es inmensa -señala el artista. Estamos ahora en el rescate de nuestro patrimonio. Hemos dado pelea y la vamos a seguir dando. Somos una cultura viva y tenemos aún que hacer muchas cosas". El Siglo, noviembre de 2002 

 


Nº 191 - Año 2002
Antonio Pallafil, escultor mapuche:
"Nuestra cultura está viva"
Por Ana Muga

Sentado en un banco de la plaza que descansa a los pies del Cerro Welen con un "traro" (pájaro) tallado en madera en la mano, nos espera Antonio Paillafil para iniciar nuestra conversación. De partida nos informa lo que significa el nombre mapuche de este cerro en medio de Santiago. Significa "zona de dolor", nos informa, porque "detrás del cerro Welen había un cementerio mapuche-picunche, y en 1912 Vicuña Mackenna lo intervino, justo donde hoy está el jardín japonés".

Descendiente de machis por padre y madre, Antonio Paillafil se siente orgulloso de su cultura y sus ancestros y aunque "la situación económica" de sus padres lo alejó de su tierra natal a partir de los 3 años, edad en la que llegó a Santiago desde el Lago Budi en Puerto Saavedra, desde temprano se decidió por el rescate del patrimonio cultural de su pueblo, y la madera fue la materia natural. En ella encuentra la energía de la vida y el conocimiento: "uno aprende de la madera a través de ciertos nudos y vetas". En sus manos, los troncos caídos se vuelven gigantes erguidos y vigilantes.

Sus tótems están sembrados por distintos lugares públicos de Santiago, recuperando espacios y reivindicando su cultura. Estuvieron en La Moneda con ocasión de Wetripantu del 2000; en la comuna de La Pintana; en San Bernardo, en homenaje a la maestranza; en el colegio Almenar del Cajón del Maipo se ubica su "Totem: Rehué", en el Canelo de Nos está instalado "El Despertar de los Gigantes" y en el sector Tupahue del Cerro San Cristóbal reciben al visitante una familia de tótem-chemamülles (hombres de madera).

El trabajo de Antonio Paillafil ya traspasa las fronteras, llegando a instalar cuatro gigantes de madera en el "Bosque Totémico Antropológico Intercontinental", en San Antonio Pichincha, en La Mitad del Mundo, Ecuador, donde se instalarán los tótems de las grandes culturas ancestrales, siendo los tótems mapuches de Antonio Paillafil, los que inauguraron este parque totémico.

"Yo estoy tratando de recuperar todo mi patrimonio cultural prehispánico que la sociedad occidental trató de extirpar. Los tótems fueron cortados y quemados porque se miraban como paganos, como que los mapuches tenían miles de dioses", relata el escultor.

La palabra "tótem significa algo robusto, grueso", explica Paillafil, y en el caso de la cultura mapuche tienen un significado fúnebre. Hasta comienzos del siglo XX, los chemamüll eran erigidos en los cementerios indígenas al lado de la tumba, señalando el lugar donde descansa el cuerpo. "Antiguamente se hacían hasta las mascotas y se las ponía a un lado, porque nosotros no creemos en la muerte y dejamos algo en materia en esta vida para que se entrelace con los seres vivos".

El arte, en sus diferentes expresiones, es parte primordial de la cultura mapuche. Es a través de él que se escribe lo cotidiano y se trasciende, como en el caso de los telares y la música. "En nuestra cultura, todo tiene un carácter espiritual, porque la vida material es corta y la espiritual larga y toda la cultura mapuche está orientada hacia la otra vida", aclara Paillafil, y está consciente de que hay mucho desconocimiento y es ese mismo desconocimiento lo que lo llevó a profundizar en la historia de su pueblo y en las diferentes expresiones de su cultura.

"Nosotros tenemos un patrimonio cultural inmenso que es desconocido por la sociedad chilena y en los mapuches también hay un vacío. Es por eso que busco recuperar la autoestima de nuestro pueblo. Nosotros, con autoridad, podemos decir quiénes somos, de dónde venimos y que tenemos este patrimonio".

A 510 años de la llegada del europeo al territorio, la cultura mapuche sigue estando vigente, dice Antonio Paillafil. " Vamos a seguir luchando, le vamos a seguir dando pelea a la cultura occidental en ese intento por exterminarnos. Porque a nosotros nos miran, en vez de etnia, como hernia, como algo que hay que extirpar".

En esta lucha, Paillafil pone todo su arte a disposición. Interviene los espacios y continúa un proceso de creación que se vio interrumpido. "Cuando vino la colonia, se produjo un vacío de creación y evolución de mi cultura y estoy tratando de llenarlo haciendo talleres con jóvenes, mostrándoles primero los motivos de nuestros ancestros prehispánicos, que eran principalmente antropomórficos, y de ahí creando nuestros propios motivos, dándole un carácter más físico, más humano y mostrando la relación con la naturaleza, con pájaros y animales".

"Nuestra cultura es inmensa -señala el artista. Estamos ahora en el rescate de nuestro patrimonio. Hemos dado pelea y la vamos a seguir dando. Somos una cultura viva y tenemos aún que hacer muchas cosas". 


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