A pesar de los conflictos que ha traído la construcción de la central Ralco, las costumbres pehuenches siguen muy bien enraizadas. A la feria llegan unas 300 personas a ofrecer sus productos y el trueque se transforma en el principal medio de intercambio. El Diario Austral, 17 de febrero de 2001

En Alto Biobío
La mágica feria de Ralco Lepoy
- A pesar de los conflictos que ha traído la construcción de la central Ralco, las costumbres pehuenches siguen muy bien enraizadas.
- A la feria llegan unas 300 personas a ofrecer sus productos y el trueque se transforma en el principal medio de intercambio.
Es un evento rural, de aquellos que sólo se ven en la alta cordillera, aquí 300 personas bajan una vez al mes desde las más recónditas comunidades pehuenches y se reunen en torno a un predio denominado Villakautún en Ralco Lepoy, para asistir a una actividad comercial que les servirá para proveerse de los bienes que les permitirán subsistir en el duro clima del Alto Biobío.
Pehuenches de comunidades como El barco, Los Guindos y Guayalí, esperan esta fiesta mensual, que comienza a las seis de la mañana y termina 12 horas después. A la feria suben vendedores de Los Angeles, Chillán y Concepción, con la intención de suministrar algunos productos que necesitan los pehuenches.
Monturas desde 36 mil pesos son la máxima atracción para los lugareños, aunque la mayoría, debido a los pocos ingresos, prefiere esperar todo un mes a Don Juan Lucares, para que le refaccione la montura que falló, ''sale más barato y conveniente'', señala Juan Gallina, mientras revisa la ''cangalla'' o casquete que le arreglaron para su caballo ''Pinto'' que tiene parado bajo los robles del lugar.
En la feria de Ralco Lepoy, no existe atochamiento, todo se realiza en calma y en forma pausada, el tránsito por la única calle del pueblo, no se ve congestionado, pues los caballos y carretones se estacionan ordenadamente a orillas del camino público y ojalá bajo la sombra de lengas y robles, donde después almorzará toda la familia.
Para la comerciante Karina Cofré, el negocio es bueno, pero nada
para entusiasmarse demasiado. Los pehuenches prefieren las novedades y
chucherías, pues sólo viven con lo necesario. ''Lo que más
se venden son los dulces y los pinches, las niñas de acá
se preocupan de verse bonitas'', asegura, mientras vende unas calcetas
a una mujer pehuenche.
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