La certificación ambiental, que garantiza el origen de los productos a los consumidores, es una tendencia que cobra fuerza en el mundo de- sarrollado, especialmente tras la Cumbre de la Tierra en 1992, que comprometió a los países en la protección de sus forestas nativas. El detonante que resintió las relaciones fue el lanzamiento en Chile del sello ambiental internacional Forest Stewardschip Council (FSC). Anuncio de una campaña ecologista en Estados Unidos - con el rostro de la escritora Isabel Allende- que a partir de la próxima semana promoverá, entre los consumidores y proveedores, sólo productos chilenos que lleven ese logo. Se argumentará que los bosques nativos se siguen destruyendo en Chile para sustituirlos por plantaciones de pino o eucaliptus y que el sello FSC es la garantía de que los productos no originaron la destrucción de foresta nativa. En el país participan en grupos técnicos y como miembros de ICEFI las empresas forestales Millalemu (Terranova), Biobío, Berango, Monte Águila, Sosur, Río Cruces, Savia, entre otras. Varias ya tienen el sello FSC para sus productos. No están las principales exportadoras (Mininco, de CMPC, y Arauco), que superan el 60% de los volúmenes enviados. La forma en que se defenderán las empresas forestales de la campaña ecologista en el mercado norteamericano no está del todo definida aún. En la campaña en Estados Unidos, que involucra a la organización ecologista Forest Ethics en alianza con Defensores del Bosque, Codeff y Greenpeace Chile, el mensaje es que se debe elegir productos forestales con el sello FSC, que hoy opera en 59 países, para detener la destrucción de los bosques nativos y su reemplazo por plantaciones forestales. El Mercurio, 2 de agosto de 2002 

 

Santiago de Chile, Viernes 2 de Agosto de 2002
La certificación ambiental será una exigencia de mercado. El inicio del sello FSC en Chile y su polémica campaña preocupan a muchas empresas forestales. 

CERTIFICACIÓN AMBIENTAL DE EXPORTACIONES \ BATALLA EN EL MERCADO DE ESTADOS UNIDOS:
La guerra declarada en el frente forestal

NIEVES ARAVENA E. 

NIEVES ARAVENA E. 

Diez años de desencuentros no terminan de la noche a la mañana.

Si no, que lo digan los representantes de la Corporación de la Madera (Corma) y las organizaciones ecologistas que avanzaban acuerdos en la mesa forestal - reuniéndose cada 15 días en el ministerio de Agricultura- , acerca del proyecto de ley de bosque nativo.

Ambos sectores, tradicionalmente apasionados en sus discusiones, vivían una tregua pública de varios meses que se acabó hace pocos días.

El detonante que resintió las relaciones fue el lanzamiento en Chile del sello ambiental internacional Forest Stewardschip Council (FSC). Y, en paralelo, el anuncio de una campaña ecologista en Estados Unidos - con el rostro de la escritora Isabel Allende- que a partir de la próxima semana promoverá, entre los consumidores y proveedores, sólo productos chilenos que lleven ese logo.

Se argumentará que los bosques nativos se siguen destruyendo en Chile para sustituirlos por plantaciones de pino o eucaliptus y que el sello FSC es la garantía de que los productos no originaron la destrucción de foresta nativa.

La acción ecologista en Estados Unidos, principal socio comercial en el área forestal, fue considerada un ataque alevoso a las exportaciones chilenas que hoy ingresan a ese mercado sin exigencias de sello ambiental. Así lo interpretaron la Corma y también las grandes empresas forestales, CMPC y Arauco, que hicieron sentir su grito de alarma ante el Gobierno (ver recuadro). La campaña ecologista, aseguraron a las autoridades, pone en riesgo miles de fuentes de trabajo y divisas por más de 
US$ 500 millones anuales.

Las agrupaciones ecologistas acusaron a la Corma de sobrerreacción ante una campaña que recoge una tendencia mundial de la necesidad de proteger los bosques. Dicen que invitaron al empresariado nacional a certificarse con FSC, pero no le han impuesto usar ese sello.

El vicepresidente ejecutivo de la Corma, Juan Eduardo Correa, asegura que el sector no tiene un ánimo de enfrentamiento, sino de hacer las cosas bien en beneficio del país. Estábamos en una mesa forestal trabajando en forma tranquila y de repente nos salen por la espalda con esta cuchillada, no sé cómo llamarlo, se lamenta.

Y añade que si fue o no una sobrerreacción hay que evaluarlo en función del mercado que tenemos en EE.UU. Por esta campaña mentirosa, peligran exportaciones que este año pueden alcanzar los US$ 600 millones.

Caminos paralelos

La certificación ambiental, que garantiza el origen de los productos a los consumidores, es una tendencia que cobra fuerza en el mundo de- sarrollado, especialmente tras la Cumbre de la Tierra en 1992, que comprometió a los países en la protección de sus forestas nativas.

El timbre no se exige para entrar a los mercados, pero tanto los grupos ecologistas como la Corma están conscientes de que ese día llegará.

Por eso, hace tres años, ambos sectores iniciaron caminos paralelos para hacerse cargo de fijar los estándares de certificación respecto de las plantaciones y del bosque nativo. Esos estándares son criterios evaluables para que una explotación tenga manejo sustentable; es decir, que no destruya recursos ambientales ni impacte a las comunidades.

La Iniciativa Forestal Independiente (ICEFI), que elabora en Chile los estándares locales de FSC y representa esa certificación mundial, fue iniciada por Codeff, Defensores del Bosque y otros grupos ecologistas. Luego se sumaron varias empresas forestales. La coordina Hernán Verscheure, elegido por la asamblea general de la entidad que tiene una estructura en base a membresía.

El peso del FSC se lo dan los consumidores, afirma Verscheure, agregando que es el sello de mayor reconocimiento en Estados Unidos, algo que detectaron también muchas empresas de Nueva Zelandia que son competidores de Chile.

En el país participan en grupos técnicos y como miembros de ICEFI las empresas forestales Millalemu (Terranova), Biobío, Berango, Monte Águila, Sosur, Río Cruces, Savia, entre otras. Varias ya tienen el sello FSC para sus productos.

Sin embargo, no están las principales exportadoras (Mininco, de CMPC, y Arauco), que superan el 60% de los volúmenes enviados. Los invitamos a participar, pero declinaron, dice Verscheure.

Éstas esperaban la otra iniciativa de certificación ambiental, de la cual los ecologistas se restaron. Es el sello nacional Certfor, que desarrolla la Fundación Chile, con financiamiento del Gobierno (unos 200 millones de pesos) a través del Fondo de Innovación de la Corfo, el ministerio de Agricultura y la Corma.

El ministro de Agricultura, Jaime Campos, cuenta que este sello partió porque la Corma nos pidió ayuda, mientras en la Fundación Chile su director general, Eduardo Bitrán, remarca que fue un proyecto propio y que invitaron a todos los actores relevantes a participar.

El trabajo va en la línea de varios países europeos que crearon su sello nacional, explica. No es ni oficial (de Gobierno) ni de la Corma, precisa Bitrán, sino independiente de cualquier tipo de presiones. En ese sentido, destaca que los comités técnicos están integrados por científicos y representantes del colegio de ingenieros forestales, pequeños agricultores, la Conaf, la Conama, y se han traído consultores suecos para diseñar la mejor respuesta de certificación ambiental.

Bitrán asegura que los estándares del Certfor son comparables con los del FSC y con otros que existen en el mundo, como el Pan European Forest (con el cual iniciaron el proceso de convalidación) y el SFB de Estados Unidos.

Como el Certfor requiere convalidarse con un sello internacional para operar, a comienzos de año lo intentaron con el FSC (cuya sede central está en Oaxaca, México). No entramos al proceso; la puerta se nos cerró porque nos dijeron que ellos estaban trabajando con Codeff.

Defensores del Bosque da otra versión sobre la negativa del FSC al Certfor: Se les dijo que no, porque no es un sello que dé garantías ambientales, afirma Malú Sierra.

También la Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque Nativo descalifica al Certfor, asegurando que no tiene ninguna validez real y que eso difundirán en cualquier parte del mundo.

Sin monopolios

Ni la Corma ni el Gobierno quieren descalificar al sello FSC.

La posición del sector forestal es tener alternativas. No nos gustan los monopolios. No puede ser que exista un sello determinado, más encima manejado por sectores ecologistas que hagan boicot para que todo el mundo se pliegue, sostiene Correa, de la Corma.

Y asegura que el sello nacional Certfor no está hecho a la medida de la Corma, ni ella promueve su uso. Cada empresa tendrá que ver qué es lo que más le conviene. Millalemu y Monte Águila son socios nuestros, pero nadie ha pretendido pedirles la renuncia al gremio porque utilicen la certificación FSC.

El ministro Campos reconoce que estamos comprometidos con el Certfor, en el sentido de que nos han pedido ayuda. Pero no hemos dicho que este sistema sea exclusivo o excluyente de los otros.

Y acto seguido añade: A mí no me gusta esta polémica, no es bueno para la imagen del país que estas materias se discutan de esta forma. 

Su temor es que, así como van las cosas, las relaciones se deterioren en la mesa forestal, donde se sientan la Corma, ecologistas, académicos y los organismos no gubernamentales. 

Pero asegura que en el contenido de la ley sí hay consenso y ahora el proyecto está en Hacienda para ponerle números.

La estrategia de defensa

La forma en que se defenderán las empresas forestales de la campaña ecologista en el mercado norteamericano no está del todo definida aún. En la Corma dicen que verán cómo se da el curso de los acontecimientos y que lo que se haga afuera va a depender de cada empresa.

Pero estiman que debe abordarse como un tema país.

Respecto a las acusaciones de sustitución de bosque nativo, afirman que hay estudios que demuestran que más del 85% de las plantaciones se hicieron en suelos desnudos.

El ministro de Agricultura, Jaime Campos, asegura que el Gobierno no contrarrestará la campaña ecologista, sino que va a transparentar toda la información oficial, la que estará disponible ante quien lo requiera en las representaciones nacionales en EE.UU.

En lo principal, explica, al Gobierno le inquieta que se diga que Chile no cuenta con legislación que regule la explotación del bosque nativo, lo que es incorrecto, porque la tiene y es la que administra la Conaf.

En materia de cifras planteadas por grupos ecologistas, que hablan de 2 millones de hectáreas de bosque nativo destruidas en 10 años, Campos las desmiente.

Todos sabemos que el 95% de la industria forestal 
chilena está centrada en plantaciones y no en el bosque nativo.

Campaña sin fin

En la campaña en Estados Unidos, que involucra a la organización ecologista Forest Ethics en alianza con Defensores del Bosque, Codeff y Greenpeace Chile, el mensaje es que se debe elegir productos forestales con el sello FSC, que hoy opera en 59 países, para detener la destrucción de los bosques nativos y su reemplazo por plantaciones forestales.

El rostro en los avisos del país del norte será la escritora Isabel Allende, quien ha estado ligada a Defensores del Bosque desde su fundación.

Malú Sierra, vocera de la organización, asegura que esta campaña puede durar años y que partirá en la costa oeste. La financian fundaciones americanas como la Rockefeller y American Lands Alliance, ninguna ligada a Tompkins, dice, aunque no da a conocer los aportes.

¿Qué dirá Isabel Allende? Algo muy elemental: durante mucho tiempo se ha estado destruyendo en Chile el bosque siempre verde, no lo sigan haciendo. 
 
 


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