Ahondemos
el esfuerzo de comprensión acerca del fenómeno de los conflictos
étnicos, que desafortunadamente se ha hecho presente en el país,
en primer término a través del proceso reivindicativo mapuche,
con menos espectacularidad con las demandas rapa nui, y por qué
no dejar de reconocerlo, con la intensa inmigración de trabajadores
peruanos. Nos referiremos en el presente artículo al accionar de
las elites étnicas y al apoyo externo que esos movimientos reciben.
El conflicto
étnico puede manifestarse de distintas formas, desde la actitud
individual caracterizada por el rechazo, la exclusión y la hostilidad
acompañada de estereotipos, prejuicios, intolerancia y discriminación
a nivel de las relaciones interpersonales, pasando por la acción
política institucional y los movimientos secesionistas, hasta las
confrontaciones violentas que pueden revestir las formas de disturbios,
genocidios y guerras de liberación nacional.
Robert Gurr,
profesor de la Universidad de Maryland y especialista en violencia étnica,
manifiesta que aunque es posible que los individuos sean víctimas
de discriminaciones o de genocidio simplemente por su afiliación
étnica, las reivindicaciones y demandas de esta índole son
formuladas y fomentadas, generalmente, por las elites militantes antes
de que la base de la etnia haya incluso tenido conciencia de ella y, por
supuesto, antes que las haya formulado como reinvindaciones propias. Los
líderes de los movimientos étnicos apelan a los resentimientos
de las minorías acerca de sus derechos denegados -participación
política, autonomía y reconocimiento cultural-.
Cabe preguntarse
si las elites étnicas expresan únicamente las exigencias
y aspiraciones subyacentes de quienes pretenden representar, o además
sus propias ideologías sobre sus seguidores, adversarios y rivales
políticos. No es posible responder fácilmente a esa interrogante
en la actividad real que se da en las situaciones de pugna étnica,
ya que por su propia índole es poco probable que las decisiones
se tomen democráticamente entre los miembros de una etnia en conflicto.
A su vez, dichas
elites pueden dividirse en distintas facciones que se distinguen no sólo
por lo que respecta a cuestiones de estrategia y de táctica, sino
también -y a menudo- por lo que respecta a los objetivos del conflicto
en sí. Cabe cuestionarse, en el caso del conflicto mapuche, si las
elites dicisivas que lo atizan pertenecen realmente a esa etnia o tienen
motivación en la política partidista nacional; o bien están
siendo azuzadas desde el extranjero.
Hay varias
razones por las cuales un conflicto étnico puede desbordarse a través
de las fronteras nacionales y afectar actores externos. Es frecuente que
un grupo étnico en conflicto tenga miembros de la misma etnia en
otros países. Así, las relaciones con grupos étnicos
afines en el exterior pueden ser un importante factor en la evolución
de un conflicto étnico, al parecer, exclusivamente interno.
Roberto Stavenhagen,
indigenista mexicano al que anteriormente nos hemos referido, manifiesta
que pueden haber otras razones para explicar la participación externa
en un conflicto étnico. El caso más corriente se refiere
a las simpatías ideológicas que una de las partes en el conflicto
puede suscitar entre los actores externos, y éstos, a su vez, pueden
considerar el conflicto étnico como una oportunidad para ampliar
su influencia y fortalecer su ideología. Los movimientos izquierdistas
de la década de los 70 y de los 80 apoyaron los "movimientos de
liberación nacional" en distintas partes del mundo.
Los grupos
conservadores, por su parte, proporcionaron apoyo moral y a veces material
a los gobiernos de tendencia ideológica afín que trataban
de hacer frente a los conflictos étnicos. ¿Existe apoyo de
cierta izquierda europea o de indigenistas extremos de nuestro continente
al caso mapuche? Esos movimientos prefieren accionar bajo la cobertura
del anonimato, resultando muy complicado aclarar su participación.
Refiriéndose
al interesante caso de la inmigración peruana, hay que manifestar
que cuando los conflictos étnicos surgen como resultado del cambiante
equilibrio demográfico en algunos países, el "país
de origen" de los emigrantes puede manifestar cierta preocupación
a nivel internacional o bilateral acerca del bienestar de sus connacionales.
Perú, utilizando los canales formales de su diplomacia, lo está
haciendo y ,oficialmente, nuestro país respeta a esas personas.
Surge algún problema en aquellos trabajadores que pudieran ver peligrar
su fuente laboral por esa competencia, pero, con un accionar moderador
de la autoridad, el caso puede mantenerse en la racionalidad, y esperamos
que así suceda.
Germán
Goddard Dufeu
Cientistas
Políticos Integrados A.G. |