El conflicto indígena, que no es sólo entre Estado e indígenas, sino que es un problema nacional que también involucra al sector privado, no puede agotarse en soluciones administrativas Existen temas pendientes y largamente postergados. Entre éstos la ratificación del Convenio 169 de la OIT, que considera sus prácticas e instituciones tradicionales y propicia, además, la consulta a los pueblos originarios en aquellos temas que los afecten. Tercera en Internet, 24 de marzo de 2002
Conflicto Indígena
Señor director:
En Chile, cuando se aborda el llamado tema indígena, se tiende
a caer en el simplismo coyuntural, que está más caracterizada
por actos judiciales y hechos de violencia, que por acciones de diálogo
y de entendimiento entre los actores involucrados Con todo, se mantiene
en la sociedad una percepción que da cuenta de la conciencia de
los chilenos, de que como Estado hemos sido cómplices de las discriminaciones
contra las etnias en general y con el pueblo mapuche, en particular, lo
que constituye una deuda histórica, que algunos -como el historiador
Sergio Villalobos- creen ya superada. Frente a ese afán xenófobo
de forzar la historia y la cultura para que todos los chilenos seamos iguales
por decreto, la voluntad política de los gobiernos de la Concertación
no ha bastado para la resolución de este tema El conflicto indígena,
que no es sólo entre Estado e indígenas, sino que es un problema
nacional que también involucra al sector privado, no puede agotarse
en soluciones administrativas Existen temas pendientes y largamente postergados.
Entre éstos la ratificación del Convenio 169 de la OIT, que
considera sus prácticas e instituciones tradicionales y propicia,
además, la consulta a los pueblos originarios en aquellos temas
que los afecten En esa misma situación se encuentra la reforma constitucional
que reconoce a los pueblos originarios como parte de la nación chilena,
siendo Chile el único país del continente que no lo ha hecho.
Lamentablemente en el Senado se ha incorporado el concepto puramente demográfico
de poblaciones indígenas. Por ello, es un imperativo moral reponer
el concepto de pueblos originarios que otorga a éstos la condición
de sujetos de derecho, tal como ocurre en países como Canadá,
Noruega y Nueva Zelandia Chile no debe temer a avanzar en esta materia.
Chile debe temerle más a no ser capaz de resolver este importante
tema político, social y cultural de cara a la conmemoración
del Bicentenario de la Independencia. En un mundo globalizado, en que los
derechos de personas y pueblos son patrimonio universal, Chile puede y
debe dar los pasos necesarios para llegar al 2010 habiendo reconocido su
condición de Estadio pluriétnico
Alejandro Navarro B., Diputado PS
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