lenka Azucena Zencic Rodríguez es una ciudadana chilena, hija de padre croata y avecindada en Pudahuel. Pero desde ayer se agregó una nueva referencia sobre su persona: es mapuche. Más aún, se convirtió en la primera "huinca" (nombre con el que los mapuches denominan al chileno que no pertenece a la etnia mapuche) en la historia que recibe un certificado que acredita su calidad de indígena, pese a no tener ninguna proximidad étnica, salvo su trabajo de 15 años con las comunidades de las regiones Novena y Metropolitana. La Tercera en Internet, 24 de agosto de 2001

| 24 de Agosto de 2001 |
Hija
de inmigrante croata recibió certificado que la acredita como parte
de esa etnia
Mapuches
otorgan por primera vez identidad indígena a "huinca"
Milenka
Zencic recibió ayer un reconocimiento de parte de la Conadi por
los 15 años de trabajo que ha realizado junto a comunidades de las
regiones Metropolitana y Novena.
Alan
Rivera
Más aún, se convirtió en la primera "huinca" (nombre con el que los mapuches denominan al chileno que no pertenece a la etnia mapuche) en la historia que recibe un certificado que acredita su calidad de indígena, pese a no tener ninguna proximidad étnica, salvo su trabajo de 15 años con las comunidades de las regiones Novena y Metropolitana.
Tras siete años de estudiar los antecedentes, la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (Conadi) decidió acoger la solicitud que en 1994 presentó la propia beneficiada, cuyo documento que la acredita simbólicamente como parte del pueblo mapuche le fue entregado en la sede del organismo por el jefe de la Oficina de Asuntos Indígenas de Santiago, Marcos Hueiquilaf.
Como una manera de graficar la importancia que le asignó a la ceremonia, Milenka Zencic se presentó ataviada a la usanza típica de esa etnia, claro que con imitaciones de la trapelacucha (colgante que también sirve de prendedor para sostener la manta de lana) y el trarilonko (cintillo con que se afirma la pañoleta que cubre la cabeza de la mujer) que habitualmente se confeccionan en plata. Explicó que ello obedece a que "de otro modo me los robarían en la calle", si bien no es el atuendo que usa comúnmente.
En la ceremonia se encontraba presente su hijo Fernando, de 24 años, quien también ha formado parte en la transformación de la vida de su madre, iniciada hace aproximadamente 15 años, cuando se decidió a vender la casa, dejar a su marido y sus antiguos empleos como secretaria, además del trabajo pastoral en la Iglesia Católica, para trasladarse con todos sus enseres a la comuna de Nueva Imperial, con el fin a "conocer de cerca esa cultura". Así, el pequeño creció jugando al palín y acompañando a su madre a los nguillatunes a los cuales era invitada.
Fue tal su compromiso con la causa indigenista que incluso terminó separándose definitivamente de su esposo, Renato Valenzuela, con el cual conserva una estrecha amistad, a tal punto que también se encontraba presente en la ceremonia. "El hombre es bueno, el problema es que no nació para casarse", explicó.
Respecto
de sus motivaciones dijo que "me di cuenta que me dolía mucho la
forma en que maltrataban a la gente mapuche, cuando les decían 'indio
brutó. Buscaba la forma de poder hacer algo por ellos. Con esto
no estoy renegando de mi condición, porque todo mapuche saca su
carné que dice: chileno".
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