En las inmediaciones de este apacible lugar se vivió uno de los episodios más heroicos de la Guerra de Arauco, conocido por los relatos que de él dejaron Alonso de Ercilla y Pedro de Oña, en "La Araucana" y "El Arauco Domado", respectivamente. El Mercurio, 13 de diciembre de 2000
Suplicio de Galvarino
En las inmediaciones de este apacible lugar se vivió uno de los episodios más heroicos de la Guerra de Arauco, conocido por los relatos que de él dejaron Alonso de Ercilla y Pedro de Oña, en "La Araucana" y "El Arauco Domado", respectivamente.
Fue el 18 de noviembre de 1557. Al mando de 600 hombres, el gobernador García Hurtado de Mendoza cruzó el río Biobío en balsas y embarcaciones menores para proseguir la guerra contra los indómitos mapuches al sur del caudaloso afluente.
La columna acampó la primera jornada en el lugar denominado Lagunillas, en lo que hoy corresponde a un sector de la comuna de Coronel. Los españoles, al mando de Rodrigo de Quiroga, no pudieron derrotar a los indígenas, aunque sus armas de fuego obligaron a Caupolicán a ordenar la retirada para evitar más bajas entre los suyos. Esto permitió a los conquistadores tomar numerosos prisioneros. Uno de ellos era Galvarino, al que se dispuso se le cortaran ambas manos.
Cuando supo que sería mutilado, Galvarino miró con arrogancia a sus verdugos, avanzó sin temor al lugar del suplicio y puso uno de sus brazos sobre una gruesa rama de árbol y esperó el golpe del hacha que le cercenó la mano. Puso después la otra mano y, por último, su cabeza, para que también se la cortasen. Pero fue puesto en libertad para que su gente viese a qué se exponían de seguir combatiendo a los españoles.
Pero los mocetones al mando de Caupolicán
volvieron a la carga en el pequeño valle de Millarapué, donde
fueron derrotados el 30 de noviembre de 1557. Galvarino fue nuevamente
tomado prisionero y condenado a la horca.




