ño aún no llega a Collipulli, el sol de la mañana reverbera en el profundo verde de las frágiles hojas. Es un verde hermoso, de loicas y bandurrias asustadas por el paso del viento, pero es el verde de pinos y eucaliptos, es el color de las forestales, duro e implacable. Y claro, porque antes, según cuentan los antiguos, se irisaban los campos mapuche para los mapuche, la tierra para la gente de la tierra y no como ahora que sus frutos se quedan en manos de empresas transnacionales. Han robado tanta tierra que “hasta da vergüenza decir lo que nos queda”, dice indignado Domingo Millalen, lonko de la comunidad Catrio Ñankul, una de varias comunidades en conflicto en la zona de Collipulli.Punto Final, 16 de junio de 2000 

 Proyecto de Documentación Ñuke Mapu

16 de junio de 2000

El depojo clama justicia
Collipulli
     

    DOMINGO Millalen, lonko de la comunidad Catrio Ñankul de Collipulli.
    El otoño aún no llega a Collipulli, el sol de la mañana reverbera en el profundo verde de las frágiles hojas. Es un verde hermoso, de loicas y bandurrias asustadas por el paso del viento, pero es el verde de pinos y eucaliptos, es el color de las forestales, duro e implacable. Y claro, porque antes, según cuentan los antiguos, se irisaban los campos mapuche para los mapuche, la tierra para la gente de la tierra y no como ahora que sus frutos se quedan en manos de empresas transnacionales. Han robado tanta tierra que “hasta da vergüenza decir lo que nos queda”, dice indignado Domingo Millalen, lonko de la comunidad Catrio Ñankul, una de varias comunidades en conflicto en la zona de Collipulli. La situación no es nueva, por cierto. Es una constante en la historia mapuche a partir de la llegada de los españoles y del Estado chileno. De hecho, señala el lonko, “a mi abuelo que era del cerro Mulchén, le quitaron todas las tierras a su comunidad y les quemaron las casas y allí tuvo que arrancar y se vino para acá. Hace como cien años pasó todo esto y después le quitaron todo acá también. Nos acusan de ladrones, pero nosotros jamás le hemos robado a la gente chilena, ellos nos han robado a nosotros. Por eso es que no estamos pidiendo nada que no sea que nos devuelvan nuestra tierra”. La eterna tierra, la madre tierra, la escasa tierra, la que les han usurpado por la fuerza, a sangre y fuego, con mentiras o tecnicismos legales. La tierra que les nutre y que les ahoga al carecer de ella, porque de las 15 mil hectáreas que originalmente poseían las comunidades del sector sólo les queda un centenar. De hecho, la comunidad Catrio Ñankul reclama la devolución de 450 hectáreas del que ahora es el fundo Santa Ana, porque pertenecieron al lonko Pedro Mellao. Se las quitaron y le dieron un caballo a cambio. Los actuales comuneros poseen documentos que les acreditan como dueños legales -además de históricos- de las tierras en conflicto. Sin embargo, como acontece siempre, la justicia se niega a aceptar tales evidencias y falla regularmente a favor de las empresas forestales o de particulares que se han adueñado de territorio mapuche. Es por ello, señala furioso y altivo Domingo Millalen, “que sabemos de antemano que la justicia es del huinka y para el huinka, estamos cansados de decirle al tribunal de Collipulli que tenemos documentos. Simplemente no nos escuchan”.
    Tal vez por ello un grupo de comuneros se tomó las dependencias del tribunal de Collipulli en marzo pasado. Fueron tan sólo dos horas de una ocupación pacífica para exigir justicia y libertad para los presos políticos mapuche. Tan sólo dos horas en 500 años de represión y despojo bastaron para que, nuevamente se aplicara toda la fuerza de la ley contra un grupo de comuneros que sólo intentaban hacerse escuchar. La mayoría de los detenidos en relación con este incidente fue recluido en la cárcel de Temuko donde permanecieron por dos meses antes de ser dejados en libertad condicional. No todos tuvieron tal suerte, puesto que Víctor Ancalaf, dirigente de la Coordinadora Mapuche Arauko-Malleco, y su hermano Luis, permanecen en prisión. Víctor está, además, acusado de secuestro, lo cual complica su situación judicial. Sin embargo no es algo que le preocupe particularmente toda vez que conoce, como todos los mapuche, de la parcialidad de los jueces. “Ellos saben perfectamente -indica Víctor en la oscura humedad de la cárcel temukense- que nuestra acción fue una acción pacífica y que nunca hemos secuestrado a nadie. Es simplemente persecución política. Aquí hay colusión entre el Estado, el poder judicial y los poderes económicos. El gobierno necesita justificar de alguna manera la represión contra las comunidades. Pretende, además, quebrar el movimiento mapuche y por eso reprime a sus dirigentes. Pero estamos firmes, no importa el tiempo que pasemos en prisión. Desde acá también podemos luchar. Hemos aprendido mucho de una realidad que desconocíamos, como por ejemplo que el 30% de la población penal es mapuche, hermanos que viven en condiciones miserables, que pasan hambre y frío, que duermen en una colchoneta”.

    OTROS SE LEVANTARAN
     


    PROTESTA mapuche en las calles de Collipulli.
    El lonko Millalen señala categóricamente que “aunque el hermano Víctor Ancalaf esté detenido seguiremos luchando y si yo caigo otros se van a levantar”. Como se levantaron en su tiempo Lefraru y Callfulican, Paikavi y Pelantaru, porque, en definitiva, se trata de lo mismo, de bregar por el derecho a vivir en paz, en un territorio que nadie tenía ni tiene el derecho a usurpar. En la actualidad las 40 familias de la comunidad Catrio Ñancul, algunos con ocho y nueve hijos, más varios allegados, deben conformarse con dos o tres magras hectáreas de tierra para intentar subsistir, mientras las empresas forestales poseen miles de hectáreas en las Regiones Octava, Novena y Décima, territorio histórico mapuche. También particulares han ocupado desde tiempos inmemoriales tierras indígenas en Collipulli, dice Millalen, como “el huinka Mosquera que ocupó 70 hectáreas y el Ministerio de Bienes Nacionales legitimó esto dándole un documento de ocupación. Más encima ahora nos exigen que le demos caminos. Este huinka tiene más derechos que los mapuche”. Y más tierra también, como la viuda Fuenzalida que tiene mil hectáreas, mientras nosotros no tenemos plata para comprarle zapatos o remedios a los niños. Los jóvenes no tienen tierra, no tienen nada. Las forestales no dan trabajo a nadie, traen máquinas para cosechar, traen sólo problemas y represión. No nos dan trabajo, porque dicen que somos muy conflictivos, pero son ellos los únicos que provocan problemas, traen a guardias de seguridad que cortan puentes y sabotean sembrados para echarle la culpa a los mapuche. Siempre nos andan hostigando, provocando para que salgamos a pelear con ellos. Algún día se tendrá que saber lo que pasa con las forestales, que los cortes de luz, los ataques a camionetas los hacen ellos para luego acusarnos a nosotros y para que venga Carabineros o Investigaciones a buscarnos”. De hecho, hay varios comuneros detenidos y procesados por la quema de una camioneta de la Forestal Mininco en febrero de este año. El último detenido por esta causa es Enrique Millalen Milla, miembro de la comunidad Catrio Ñankul y de la Coordinadora Arauko-Malleco. Fue detenido, al igual que David Millalen acusado de participar en la toma del juzgado de Colipulli, cumpliendo una orden del ministro Leopoldo Llanos de la Corte de Apelaciones de Temuko.
    En el caso concreto de la quema de la camioneta, los comuneros están siendo procesados en base a declaraciones de Pedro Maldonado, yerno del lonko Domingo Millalen quien, de acuerdo a los dichos de este último, “no es mapuche fino y por eso lo han engañado diciéndole que lo iban a soltar si declaraba en contra de los mapuche. Él es una persona enferma, está malo de la cabeza después de una golpiza que le dieron los carabineros hace un par de años. El día que se quemó la camioneta él estaba en la casa enfermo, por eso no sabe nada de nada y le están obligando a decir cosas”. Maldonado estuvo incomunicado dos semanas y acorde a su testimonio fue “obligado a dar vuelta su declaración”. La jueza Georgina Solís, de Collipulli, a pesar de los desmayos y evidentes signos de enfermedad de Maldonado, no ha querido reconocer tal situación, simplemente se niega a aceptar que el comunero es una persona con serios problemas de salud. Ante esto, las comunidades en conflicto, Temu Cui-Cui, Choin Lafkenche, Catrio Ñankul y Lonko Mahuida, todas de la zona de Collipulli, han denunciado “las presiones, malos tratos y chantajes de las que ha sido objeto el comunero no-mapuche Pedro Maldonado Urra, evidenciando que esta persona carece de credibilidad por el hecho que tiene sus facultades mentales perturbadas, siendo esto de conocimiento público”.
    También han sido denunciadas públicamente, sin que hasta el momento se haya hecho nada al respecto, el constante amedrentamiento y persecución a la familia de Víctor Ancalaf. Este último señala que “alguien ha introducido artefactos explosivos a la comunidad, obviamente con la intención de culparnos de tener estos elementos. Además, el auto de mi abogado, Pablo Ortega, sufrió un atentado, le soltaron los pernos de las ruedas cuando viajaba con mi señora y mis hijas a visitarme. Afortunadamente, él se dio cuenta de la situación y no pasó nada”. De esto hay constancia en los tribunales de Temuko, sin embargo tanto a la justicia como al gobierno sólo les interesa investigar cuando se trata de reprimir al pueblo mapuche, no cuando se trata de defender sus derechos. Por ello es que los mapuche de Collipulli van a continuar las movilizaciones, pues es la única manera de defenderse de los atropellos de las forestales y del Estado. Es que “ya está bueno con el abuso, antes no sabíamos ni leer ni escribir, pero esto ahora ha cambiado”, dice orgulloso Domingo Millalen. El mismo que con la frente en alto encabezó una marcha por las calles de Collipulli para entregar una carta de protesta a la magistrada Georgina Solís y luego, acompañado por un centenar de personas, dirigirse a la cárcel a expresar su solidaridad con los dos hermanos allí detenidos, Luis Ancalaf y Pedro Maldonado.
    Era importante manifestarse allí, en el corazón administrativo de la ciudad, en el seno de la institucionalidad huinka, para demostrarle a ésta que los mapuche no les tienen miedo, que a pesar de las detenciones, las golpizas, las torturas y los allanamientos, los mapuche proseguirán su lucha, porque no hay otro camino, porque, como dicen los niños mapuche de Collipulli, “no somos ni secuestradores ni terroristas”, simplemente mapuche dignos

    Mauricio BuendIa
    En Collipulli


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