Junto a otros dos jóvenes, este presbítero de 29 años hace poco fue ordenado para la arquidiócesis de Concepción. En entrevista con este medio habló de su vocación y otros temas, como el conflicto indígena. Diario El Sur, 4 de diciembre de 2000

 


lunes 4 de diciembre de 2000

Padre Hernán Llancaleo Moreno
Del rito mapuche
al sacerdocio

  • Junto a otros dos jóvenes, este presbítero de 29 años hace poco fue ordenado para la arquidiócesis de Concepción. En entrevista con este medio habló de su vocación y otros temas, como el conflicto indígena.
Por Ricardo Riquelme Ferrari

La arquidiócesis de Concepción celebró recientemente la ordenación de tres nuevos sacerdotes, los padres Manuel Zúñiga, Rodrigo Villalobos y Hernán Llancaleo. Hacía años que no se registraba una consagración múltiple. Los ahora presbíteros entraron hace siete años, junto a otros 12 jóvenes, al Seminario Metropolitano de Chiguayante. Los demás eran de Los Angeles y Chillán. Once llegaron a consagrarse, uno aún está formándose y los tres restantes abandonaron el camino del sacerdocio.

El padre Hernán Llancaleo Moreno nació en Talcahuano hace 29 años. Muy pequeño se fue a la comuna de Carahue, Novena Región, a un sector llamado Pichinhuá, ''porque de ahí es mi papá y él tiene la descendencia mapuche. Mi mamá es de Tomeco''. También vivió en Tranapuente y Nueva Imperial. Allí egresó del Liceo Industrial de esa ciudad. Ahora está en la Parroquia del Santuario de San Sebastián de Yumbel, desde donde viajó a Concepción a conversar con este medio. Su tono de voz es pausado y su acento algo distinto, muy modulado. Además, en las frases que usa al hablar, los sustantivos y adjetivos no están en el orden en que se les suele escuchar. El conjunto da la sensación de que experimenta una gran paz interior.

Vocación, un llamado

-¿Cuando sintió el llamado de ser sacerdote?

-Desde la enseñanza media...

-A pesar de no estar en un colegio de Iglesia...

-Actividad de Iglesia no tenía. Solamente cuando entré al seminario. Ahí fui conociendo un poco más sobre la Iglesia. Pero sí la vocación nace por la lectura del Nuevo Testamento. Además, el mismo campo a uno lo hace más reflexivo, madura más. El mismo trabajo ya lo orienta también a forjar su vida desde muy joven, a tener proyectos. Que son los normales de todo joven. Sí con más sacrificio, pero a la larga éstos siempre son recompensados. Luego llegué a Talcahuano con la idea de hacer mi práctica de técnico en nivel medio. Pero ya tenía esta inquietud vocacional. Creo que la vocación nace cuando uno vive la vida cristiana. Y dentro de ella madura y despierta ese deseo de querer servir al prójimo. Además siempre hay acontecimientos importantes en la vida de uno. Primeramente es un paso de conversión.

-¿Cómo llega a la lectura del Nuevo Testamento?

-En el campo no hay diarios, revistas. Y si las hay llegan porque en el verano familiares llevan. Y los pocos libros que había ya los habíamos leído todos. Y quedaba siempre el Nuevo Testamento.

-¿No había televisión?

-Por lo menos en mi casa no. Y lo más importante es que fui experimentando la conversión. Porque uno siempre cuando va creciendo es un poco rebelde. Pero fui viviendo lo que decía el Nuevo Testamento, sin murmuraciones, sin estar quejándose. Porque uno se va moldeando. Y me di cuenta de algo importante, que por obedecer, mis papás o quien me mandaba o pedía algo, se sentían contentos. Eso me producía también felicidad.

-¿Pero hay un instante específico en que siente este llamado?

-Es un proceso que se va dando. Pero me recuerdo una vez en que un sacerdote fue a celebrar la misa y levantó el cáliz. Y yo me dije, sin reflexión, yo igual quiero hacerlo. Pero hasta ahí no más. Y después van dándose otro tipo de acontecimientos muy personales, que si se miran desde la fe uno va captando que es algo de Dios.

-¿Podría compartir alguno de ellos?

-Uno es la confirmación. Porque para recibir este sacramento hay que estar en estado de gracia. Y eso fue algo muy intenso en mí. Poder sentir la gracia de Dios. Lo otro también es la profunda oración. Sin eso uno no entendería nada de esto.

-Usted señalaba que de joven era rebelde, como cualquier muchacho ¿Se sintió alguna vez atraído por una mujer, como también suele sucederle a la mayoría de los jóvenes?

-Sí. Siempre está esa pregunta. Eso se vive, se siente igual. No hay que olvidar -y esto lo comprendí en el seminario- que el sacerdote es sacado de entre los hombres. Dios cuando lo llama no le quita nada de lo que le ha creado, sino que todas estas potencialidades del hombre están presentes y van a estar siempre presentes. Y es bueno que estén, o si no no se entendería la vocación.

-¿Cómo es la vida en el seminario?

-Y la vida en el seminario es de oración, estudio, de fraternidad y también de crecimiento.


©2000 todos los derechos reservados para Diario del Sur S.A.


Enlace al artículo original.