En el último tiempo se ha desarrollado una serie de movilizaciones del pueblo mapuche. Cada una con características propias y diversidad de organizaciones a la cabeza, que utilizan distintos métodos de lucha, pero claramente unidas por una idea común: la necesidad de defender la identidad, los derechos y la supervivencia de su pueblo frente a un sistema que busca, con ahinco, convertirse en el sepulturero de una raza. Lo que no lograron la ocupación española ni la mal llamada "pacificación" impulsada por el Estado chileno a fines del siglo pasado, ni el despojo brutal de tierras, ni la represión, crímenes y normativa legal de la dictadura, hoy busca conseguirlo el modelo neoliberal mediante la sistemática ocupación y destrucción del territorio que ancestralmente perteneció a los mapuches. Las empresas forestales son la punta de lanza de este nuevo intento de etnocidio en marcha. El Siglo, Nº 941 - Del 23 al 29 de julio de 1999

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Nº 941 - Del 23 al 29 de julio de 1999 - El Siglo

Crónica

Pueblo mapuche: una lucha con nuevos aires
Javier Chávez
 

En el último tiempo se ha desarrollado una serie de movilizaciones del pueblo mapuche. Cada una con características propias y diversidad de organizaciones a la cabeza, que utilizan distintos métodos de lucha, pero claramente unidas por una idea común: la necesidad de defender la identidad, los derechos y la supervivencia de su pueblo frente a un sistema que busca, con ahinco, convertirse en el sepulturero de una raza.
Lo que no lograron la ocupación española ni la mal llamada "pacificación" impulsada por el Estado chileno a fines del siglo pasado, ni el despojo brutal de tierras, ni la represión, crímenes y normativa legal de la dictadura, hoy busca conseguirlo el modelo neoliberal mediante la sistemática ocupación y destrucción del territorio que ancestralmente perteneció a los mapuches. Las empresas forestales son la punta de lanza de este nuevo intento de etnocidio en marcha.

UNIDAD EN LA DIVERSIDAD

Las últimas movilizaciones en la zona tienen un sello nuevo, una calidad distinta. Ellas son el reflejo de una decisión de defender los derechos pisoteados, de mantener la identidad y terminar con los atropellos, de exigir y ejercer el derecho a optar por formas de vida propias.
Este proceso de movilización tiene distintas expresiones que paulatinamente confluyen hacia demandas comunes. Un observador desprevenido podría destacar que el movimiento mapuche está profundamente atomizado y disperso, que son muchas las organizaciones que intentan asumir la conducción, que aparecen liderazgos diversos y contrapuestos, que hay diferentes métodos de lucha. Esto es cierto. No obstante, en lo principal, esas expresiones tienden a ir convergiendo en torno a demandas similares, en una compleja diversidad donde van surgiendo, aún con lentitud, los elementos de la unidad de acción. Los liderazgos expresan diversas realidades de un pueblo discriminado por la sociedad mayor.

DEMANDAS SON DE FONDO

Otra característica relevante es que las demandas no se limitan a la formulación de peticiones puntuales, de corto alcance. Un examen de las distintas propuestas estructuradas permite concluir que asuntos como el reconocimiento constitucional, la necesidad de lograr la autonomía de los pueblos originarios, la solución de los problemas de tierra y territorio, el respeto de la cultura y cosmovisión mapuche, la instalación de un parlamento mapuche, así como la adopción de medidas que resuelvan la grave miseria a que está sometida la mayoría de la población indígena en Chile, son comunes de casi todos las agrupaciones que hoy son parte activa de este proceso de movilización. Esto, sin perjuicio de que el énfasis que cada organización ponga en uno u otro tema sea diferente.
Este proceso de movilización se confronta, casi de manera lógica, con una entidad que es clara expresión del Estado opresor, y muy definido representante del modelo: las empresas forestales. Ellas han sido las que, en los hechos, han invadido el espacio, el territorio considerado ancestralmente mapuche. Los métodos son la usurpación "legal" de las tierras o el aprovechamiento de las tierras usurpadas. Pero éstos constituyen sólo un aspecto: tal vez los hechos más graves tengan que ver con la destrucción sistemática del medio ambiente, del entorno, de la naturaleza, la degradación del suelo, la transformación radical del tipo de vida. No es casual que los puntos más confrontacionales de este movimiento se relacionen con las empresas forestales, las mayoría de ellas conformadas por capitales foráneos.

CONDUCCION JOVEN

Adicionalmente, en todo este proceso surge una característica de particular importancia, que podríamos ubicar en el terreno de lo subjetivo: es posible apreciar el surgimiento de una generación de jóvenes dirigentes mapuches que asumen la conducción de las luchas. Hoy, las tradiciones de este pueblo no sólo son una cuestión de sus exponentes más antiguos, de los más ancianos, sino que existe un contingente de jóvenes que de manera creciente toman estas banderas, mostrando la potencia de una cultura que no muere y se fortalece.
Estas características hacen que la lucha mapuche esté ubicada de manera distinta en la vida nacional, obligando a los distintos actores a tomar una posición frente a ella. Complementariamente, un reciente estudio de opinión pública determinó que cerca de un 80% de los chilenos respaldaba al pueblo mapuche y sus demandas.

ESTRATEGIA GUBERNAMENTAL

Contrariando lo señalado por los propios hechos, el gobierno ha tomado posición del lado de las empresas forestales, e iniciado una campaña de desprestigio del movimiento. Se buscó instalar la idea de la presencia de "infiltrados" de todo tipo, se acusó a los mapuches de tener "fines políticos" y unas cuantas perlas más. Esta fase fue encabezada por un patético Guillermo Pickering, quien debió ser rápidamente apartado del tema por su comportamiento "errático y contradictorio". Incluso la misma gente de gobierno calificó al violento subsecretario del Interior como "un pirómano político" que provocó "un incendio en la pradera que va a costar mucho apagar". Después, y de la mano del ministro Germán Quintana, el gobierno ha intentado administrar el conflicto, abriendo una parodia de diálogo que busca hacer tiempo. Quintana intenta utilizar la táctica de la división del pueblo mapuche entre los "buenos", que estarían dispuestos a conversar, y los "malos", que recuperan tierras y utilizan la denuncia ante los abusos de las forestales. Tampoco esta táctica parece dar mucho resultado. Lo comprobó Rodrigo González (Director de la CONADI), quien al mentir delante de los propios mapuches desató la ira de las mujeres, cansadas de tanto engaño.
Hay sectores y dirigentes mapuches que han participado del diálogo, pero que están atentos a las conclusiones que de allí salgan. Si el gobierno no da verdadera respuesta a las cuestiones de fondo, la reacción puede ser aun más compleja, reeditando en mayor escala lo que antes detonaron Pickering y González.

COMPROMISO DE LA IZQUIERDA

Los candidatos presidenciales se han planteado de distinta manera frente a lo que ocurre con los pueblos originarios. Ricardo Lagos se ha limitado ha formular frases generales, casi de buena crianza, eludiendo tomar una postura explícita frente a los temas de fondo. Algunos personeros de su campaña han intentado precisar mejor una posición, pero al no tener una política distinta al modelo, se quedan en enunciados parciales y eluden las cuestiones más complejas. Joaquín Lavín, por su parte, intenta hacer olvidar que el fue parte de un gobierno que asesinó y torturó a mapuches, y que dictó el Decreto Ley Nº 2568 donde se decía: "A partir de la fecha de inscripción en el Registro de Propiedad del Conservador de Bienes Raíces, la hijuelas resultantes de la división de las reservas, dejarán de considerarse tierras indígenas, e indígenas a sus dueños o adjudicatarios."
La candidata de la izquierda ha sido la única en respaldar de manera resuelta las demandas las organizaciones mapuches. En la Convención Programática de la Izquierda, culminada el pasado junio, se acordó respaldar la lucha de los pueblos originarios, luchar por las modificaciones constitucionales que permitan declarar al Estado chileno como plurinacional, y abogar por la autonomía del pueblo mapuche y de los otros pueblos originarios. Gladys Marín resumió en Temuco, el 4 de abril de este año, el pensamiento de la izquierda al afirmar: "Respaldamos las luchas del pueblo mapuche, en todo lugar, en todas sus formas."
La izquierda, por definición, no puede sino respaldar las aspiraciones de autodeterminación que hoy se levantan desde el sur de nuestro país.
El movimiento mapuche sólo ha comenzado a caminar. Es una marcha que no debiera detenerse, hasta conseguir todos sus objetivos. El movimiento popular, los sectores democráticos chilenos, deben unir sus demandas a las de los hermanos pueblos originarios.
 
 


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