En los primeros días del mes de julio el director de la Conadi fue víctima de una iracunda agresión física de mujeres mapuches. Diario el Sur, 26 de Julio de 1999

 
 
Proyecto de Documentación Ñuke Mapu

Lunes 26 de Julio de 1999
Puntos de vista
Mapuches y burocracia

En los primeros días del mes de julio el director de la Conadi fue víctima de una iracunda agresión física de mujeres mapuches. No es justo que la persona biológica del director de la Conadi haga las veces de chivo expiatorio por una centenaria historia de agravios inferidos al pueblo mapuche por funcionarios públicos o mediante la complicidad pasiva o activa de los mismos. Es laudable la actitud de la víctima, al sufrir el castigo sin una defensa correlativamente violenta, y más aún, su afán de restarle importancia. Merecen reprobación las declaraciones a la prensa de algunos agentes políticos, excesivamente adictos a causar noticia bajo cualquier pretexto. Demuestran su estólida ignorancia de la cultura familiar mapuche y pusieron en evidencia su subliminal y acendrado machismo: el acusar de "cobardes" a los varones mapuches por haber "usado" a las mujeres para aquella agresión. Es cómico imaginar que hombres mapuches puedan azuzar a mujeres mapuches para ejecutar violencia física en contra de "huincas" u otros ejemplares de la especie humana, mientras los varones hacen de gozosos espectadores.

Las circunstancias precedentes al hecho en cuestión permiten deducir que las mujeres mapuches actuaron impulsadas por una ira incontenible y esto es una causal eximente de responsabilidad penal. Seamos honestos. Ningún chileno, hombre o mujer, adulto, puede negar que en innumerables ocasiones ha sentido impotente indignación frente a un funcionario público que le exige documentos y trámites irracionales, como requisito para conceder algo a lo que tenemos derecho innegable. Y las prestaciones sociales que nosotros invocamos de los servicios fiscales o municipales son siempre de importancia muy menor a lo que reclaman los mapuches. Es justificado que las mapuches agresoras no pidan disculpas y que, con admirable orgullo, repudien a cualquiera que las pida en su representación.

Se cometería una imprudencia temeraria si se impone una inhabilidad unilateral de representación al werkén Huilcamán, el líder mapuche presente en el mencionado acto de violencia. No sería la primera vez en la historia de las naciones que el portavoz más odiado por los opresores se convierte en el líder más amado por los oprimidos.

El pueblo mapuche no ha sido adiestrado a soportar con mansedumbre la cultura burocrática que, según el consenso de sociólogos, antropólogos, historiadores y politólogos, es consustancial a la existencia de los Estados naciones de la era contemporánea. En proceso azaroso de siglos los pueblos aprendieron que los desagrados y perjuicios de una burocracia inevitablemente autoritaria son mucho menores que los percances propios de una plena ausencia de autoridad; con la actuación impune de los bribones más fuertes, inescrupulosos y rapaces. Pero también no hay Estado que no haya sufrido convulsiones populares catastróficas por los excesos cometidos por los esbirros profesionales del poder, armados o simplemente burócratas.

En otros términos, soportamos la soberbia y las absurdas majaderías de la burocracia en razón de que, en contrapartida, ella nos garantiza la seguridad personal, la paz interna, el orden social y la libertad de desplegar nuestros talentos y esfuerzos personales en el marco del respeto indiscriminado de la ley y de la moral. Pero, en relación al pueblo mapuche, el Estado de Chile no puede acreditar una contrapartida equiparable a lo mucho que los mapuches han perdido desde que se constituyó la república independiente.

El Estado de Chile no tiene otro modo de relacionarse con los mapuches que a través de sus órganos burocráticos. Estos, a juicio de los mapuches, no tienen legitimidad moral y a nuestro juicio personal, tampoco tienen las facultades legales adecuadas para el caso.

Insistimos una vez más. Chile no cuenta con las instituciones públicas adecuadas para lograr una buena solución al problema mapuche. Y es más que notoria la manifiesta incapacidad de la sociedad civil para desempeñar roles claves en esta materia. Enfrentamos un problema gravísimo que no está recibiendo la necesaria atención de parte de nuestras elites dirigentes.

Carlos Neely I.


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