En Chile hay cerca de cinco mil hectáreas dedicadas a cultivos transgénicos, todos autorizados por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG). Se trata de semillas transgénicas -maíz, soya, canola, remolacha y tomate-, que se importan para ser cultivadas en el país y reproducirlas. Según cifras del sector industrial, el 30 por ciento del maíz que se cultiva en Chile presenta características transgénicas. No obstante, la comercialización interna de este tipo de semillas aún no se autoriza, y por tanto se cultivan sólo para multiplicarlas y exportarlas. Felipe Sánchez,gerente de semillas de la empresa Anasac, dice que la superficie cultivada con transgénicos supera ampliamente los números informados por el organismo oficial: "El año pasado, en Chile se plantaron 14 mil 500 hectáreas de maíz. De ellas, más de cinco mil correspondían a cultivos transgénicos". Una parte minoritaria de las hectáreas plantadas con transgénicos en Chile corresponde a experimentación, donde la delantera la lleva el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIA). Esta actividad -realizada por 10 empresas, la mayoría de ellas extranjeras- están sometida a estrictas medidas de seguridad que se establecen en la normativa vigente para asegurar el aislamiento de los predios donde se desarrollan estas semillas y evitar la dispersión del polen a otros cultivos. Tercera en Internet, 12 de Marzo de 1999

 
 Proyecto de Documentación Ñuke Mapu

 
NACIONAL CIENCIA Y SALUD
12 de Marzo de 1999 
 
Mayores plantaciones corresponden a maíz, soya y canola 
Los desconocidos cultivos transgénicos en Chile 

Cerca de cinco mil hectáreas se dedican en nuestro país al desarrollo de semillas manipuladas genéticamente para mejorar su calidad. Nada de ello se consume internamente, ya que -exceptuando las plantaciones para investigación- todo se exporta.
 

Alfredo Galleguillos 

Los transgénicos son "alimentos de laboratorio", a los cuales se les introducen cambios genéticos para mejorarlos.

 Foto: Eduardo Vargas

  Melones resistentes a uno o varios virus
Otro proyecto del INIA, que se realiza desde 1995 en el Centro de Investigación Experimental La Platina, en Santiago, se centra en el desarrollo de melones resistentes a uno o varios virus que afectan buena parte de la producción nacional.

 El responsable de la iniciativa es el doctor en biología molecular Patricio Hinrichsen, quien intenta introducir un gen en el melón que lo inmunice del virus del Mosaico de la Sandía Tipo 2, el cual trae problemas en el rendimiento y calidad del fruto. "El trabajo consistió en la caracterización molecular de los virus existentes en Chile. Después se manipuló el gen del melón para aislarlo y transferirle las características de tolerancia al virus. Ahora tenemos que evaluar el nivel de resistencia incorporado, lo cual se realiza en invernaderos,tras lo cual llevaremos el experimento al campo", explica.

 

Para los chilenos, la polémica por los alimentos transgénicos -productos manipulados genéticamente para mejorar su calidad y resistencia- parece lejana. Tal vez porque el tema, que data de los años 70, comenzó con desarrollos biotecnológicos en Estados Unidos y luego en Europa. Además,ha sido en esas tierras donde esta materia se ha discutido públicamente,por los supuestos efectos que estas mutaciones genéticas podrían tener en la salud.

 En agosto pasado, por ejemplo, la opinión pública europea se aterró cuando Arpad Pusztai, investigador en biotecnología del Instituto Rowett de Londres, declaró que varias ratas de laboratorio perdieron su inmunidad y retardaron su crecimiento por comer papas transgénicas. Cinco meses después, una encuesta del diario Independent on Sunday mostró que el 68 por ciento de los británicos no deseaba comer alimentos transgénicos. A fines de febrero, en tanto, el Príncipe Carlos criticaba abiertamente al gobierno laborista por su posición favorable a estos alimentos modificados.

 Sin embargo, Chile también tiene su historia al respecto. En el país hay cerca de cinco mil hectáreas dedicadas a cultivos transgénicos, todos autorizados por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG). Se trata de semillas transgénicas -maíz, soya, canola, remolacha y tomate-, que se importan para ser cultivadas en el país y reproducirlas. Según cifras del sector industrial, el 30 por ciento del maíz que se cultiva en Chile presenta características transgénicas. No obstante, la comercialización interna de este tipo de semillas aún no se autoriza, y por tanto se cultivan sólo para multiplicarlas y exportarlas.

 Esta actividad -realizada por 10 empresas, la mayoría de ellas extranjeras- están sometida a estrictas medidas de seguridad que se establecen en la normativa vigente para asegurar el aislamiento de los predios donde se desarrollan estas semillas y evitar la dispersión del polen a otros cultivos.
 
 

LAS SEMILLAS

Los semilleros internacionales aprovechan los campos del hemisferio sur para mantener abastecido el mercado global durante todo el año. Ellos llaman a nuestros países winter nurseries; es decir, lugares con condiciones estacionales benignas cuando en el hemisferio norte el clima no permite faenas agrícolas.

 Según la industria semillera, las cifras del SAG respecto de la superficie cultivada con transgénicos se quedan cortas. Felipe Sánchez,gerente de semillas de la empresa Anasac, dice que la superficie cultivada con transgénicos supera ampliamente los números informados por el organismo oficial: "El año pasado, en Chile se plantaron 14 mil 500 hectáreas de maíz. De ellas, más de cinco mil correspondían a cultivos transgénicos".
 
 

PARA INVESTIGACION

Una parte minoritaria de las hectáreas plantadas con transgénicos en Chile corresponde a experimentación, donde la delantera la lleva el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIA). Desde 1993,desarrolla papas resistentes al glifosato, un herbicida que inmuniza a la planta del tubérculo.

 Los resultados parecen promisorios. "Si logramos controlar la bacteria Herguinia Carotovora, que produce una pudrición blanda del tubérculo,eliminaremos las mermas en producción que llegan en nuestro país al 10 por ciento en bodega y cinco por ciento en el campo", explica el doctor Julio Kalazich, del Centro de Investigación Experimental Remehue, que el INIA tiene en Osorno.

 Agrega que, a nivel de laboratorio, se han obtenido líneas experimentales con cierto grado de resistencia a la bacteria, tras lo cual ahora se realizan pruebas en el campo.

 

La Tercera Internet 
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