gobernador de la provincia de Arauco, Carlos González Anjarí; normalmente el Estado ha asumido a los mapuches como una clase social pobre y, por tanto, las soluciones tendían a resolverse haciendo más caminos, más escuelas y más postas, lo cual está muy bien, pero se requiere avanzar en algunos compromisos de otra índole con los pueblos originarios. Es necesario antes que nada asumir un grado de reconocimiento formal, constitucional, de su condición de pueblo de las etnias originarias. Diario el Sur, 12 de Abril de 1999

 Proyecto de Documentación Ñuke Mapu

 Cronica Local

Lunes 12 de Abril de 1999

Gobernador de Arauco cree que país no ha asumido tema
"En Chile existe un pueblo distinto"

"Ha habido un error del Estado y la sociedad chilena frente al pueblo mapuche al asumirlo, discriminadamente, casi como una clase social y no con las características propias de un pueblo", afirma Carlos González.

En medio de los conflictos mapuches el gobernador de la provincia de Arauco, Carlos González Anjarí, ha desarrollado una visión propia de los problemas que parecen acercarse desde Malleco a la Octava Región.

A juicio de la autoridad, la situación tiene su origen remoto en el error histórico del Estado y la sociedad chilena frente al pueblo mapuche y a las etnias originarias en general.

Para él, avanzar en el reconocimiento de la calidad de pueblos de las etnias originarias es un elemento clave, antes que ningún traspaso de terrenos. "Evidentemente existe un conflicto en estas zonas que se arrastra de muy antiguo y puede que éste permanezca o tienda a disminuir en función de los acuerdos y compromisos que se puedan adquirir entre el gobierno y la etnia mapuche", indicó González.

-En su opinión, ¿cómo surgió este conflicto?

-Producto de las condiciones de subdesarrollo brutal desde el punto de vista productivo, la marginalidad y extrema pobreza en que se ha mantenido el pueblo mapuche, de las pérdidas significativas de más de 200 hectáreas de su patrimonio histórico durante estos últimos años, se generaron los factores para que estallara esta serie de conflictos, que no significan más que el reflejo del cansancio de un pueblo.

Además, se suma el hecho de que tradicionalmente ha habido un error del Estado y la sociedad chilena frente al pueblo mapuche al asumirlo, discriminadamente, casi como una clase social y no con las características propias de un pueblo.

Normalmente el Estado ha asumido a los mapuches como una clase social pobre y, por tanto, las soluciones tendían a resolverse haciendo más caminos, más escuelas y más postas, lo cual está muy bien, pero se requiere avanzar en algunos compromisos de otra índole con los pueblos originarios. Es necesario antes que nada asumir un grado de reconocimiento formal, constitucional, de su condición de pueblo de las etnias originarias.

En segundo lugar, hay que adecuar la institucionalidad del Estado de manera tal que al adquirir los terrenos indispensables para que pueda desarrollarse el pueblo mapuche, puedan existir formas que concilien la estructura político administrativa del Estado con formas de administración de esos territorios que puedean estar en manos del pueblo mapuche.

Creo que el pueblo mapuche no ha tenido la oportunidad de realizar esta tarea, pero creo que debería haber un compromiso del Estado de prestar la mayor cantidad de asesoría posible y acelerar el proceso de formación y capacitación del pueblo mapuche, de manera de ir incrementando y formando una mayor masa crítica e intelectual de este pueblo, pero esperar a que se constituya esta masa para dar otros pasos es un error gravísimo.
 


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