Al Ministro de Mideplan, Germán Quintana, se le ha encomendado desde La Moneda liderar una nueva tarea: ser "el" rostro del Gobierno en tierras mapuches. Con esta nueva misión, el ministro será el encargado de vincularse con la dirigencia indígena y hacer las veces de "embajador en la Araucanía" para buscar la firma de un acuerdo de paz que ayude a poner fin a los meses de agitación mapuche que ha vivido el país. "Consideramos que es posible conciliar la identidad de distintas etnias con el concepto de nación. Por lo demás, esta aspiración es menor, ya que lo que de verdad le interesa al mundo indígena tiene más que ver con cuestiones de tipo productivo y social. Esa demanda de autonomía es un discurso de apenas unos pocos dirigentes. Incluso, hasta le diría que el tema de la tierra no es tan generalizado y urgente para los mapuches si es que lo compara con las solicitudes sociales que ellos hacen." "El Gobierno se suma a esta ciudadanía que comparte las demandas de la etnia. Pero también tenemos preocupación. Si un 80 por ciento de los chilenos decía que los mapuches eran discriminados, ese mismo 80 por ciento aseguraba no tener sangre aborigen. Y esa es una clara expresión de racismo que nos preocupa. Creemos que la ciudadanía no ha dedicado suficiente atención al análisis del tema y se ha quedado en una expresión paternalista que dice que "los mapuches son pobrecitos a los que tenemos que ayudar". Nos gustaría que esta renovada sensibilización ciudadana se tradujera en el término de prácticas discriminatorias." El Mercurio, 16 de Mayo de 1999

 Proyecto de Documentación Ñuke Mapu

 
 
 
 
 
El Mercurio Electrónico

Santiago de Chile, Domingo 16 de Mayo de 1999
 

 
 
 

 


El Lonko de La Moneda. "Las Forestales No Fueron Buenas Vecinas"

Ministro de Mideplan, Germán Quintana, señala que la agitación mapuche es focalizada y que no tiene en jaque al Gobierno. También critica el trato de las madereras, del propio Gobierno y de la sociedad chilena hacia los indígenas.
 

Por RODRIGO BARRIA REYES

SI hay algo que se le reconoció a Germán Quintana cuando ocupó el sillón de la Intendencia de la Región Metropolitana fue su capacidad conciliatoria.

Ahora, desde el sillón del Ministerio de Planificación y Cooperación - entidad que tiene bajo su responsabilidad la actuación de la Conadi- , a Quintana se le ha encomendado desde La Moneda liderar una nueva tarea: ser "el" rostro del Gobierno en tierras mapuches.

Con esta nueva misión, el ministro será el encargado de vincularse con la dirigencia indígena y hacer las veces de "embajador en la Araucanía" para buscar la firma de un acuerdo de paz que ayude a poner fin a los meses de agitación mapuche que ha vivido el país.

¿Quién tiene la palabra?

- ¿Qué tan grave son para el Gobierno las movilizaciones mapuches de los últimos meses?

- Me parece que lo que ha existido es cierta agitación focalizada en algunas comunidades que, en verdad, es bastante baja en relación a la totalidad de la etnia mapuche. Además, muchas de estas apariciones públicas de "aparente movilización generalizada" se concentran únicamente en organizaciones que manejan un discurso politizado y que se aprovechan del conjunto de legítimas aspiraciones del resto de los mapuches.

- La autoridad ha insistido en señalar que se ha sobredimensionado el conflicto y que éste está limitado a un pequeño grupo de comunidades. ¿Mantiene esa impresión el Gobierno?

- Los mapuches, que son cerca de un millón de personas, tienen una amplia gama de representaciones. Que dos o tres de sus agrupaciones tengan un buen manejo de prensa no significa que sus denuncias sean las aspiraciones de la totalidad de los indígenas. Es claro para nosotros que algunos medios de comunicación se han concentrado en la cobertura de estas pocas entidades, cuestión que no es precisa, ya que no recoge la complejidad de lo que sucede en el mundo autóctono.

- ¿Se exagera, entonces, cuando se habla de un conflicto generalizado en el sur del país?

- Sí, se exagera. Presentar el problema mapuche sólo en base a las demandas de dos o tres agrupaciones es una caricatura que no se ajusta en absoluto a la realidad.

- Entonces resulta aún más incomprensible que un reducido grupo de agitadores sea capaz de poner en jaque al Gobierno...

- Creo que, en rigor, no nos han puesto en jaque. No creemos que tengamos la situación fuera de control. El conflicto mapuche es muy focalizado, no hay duda. Ello, en todo caso, no nos hace desconocer que varias de las situaciones de los últimos meses se expliquen por el retraso en la solución de algunas de las demandas históricas de la etnia.

- Pero la propia Oficina de Seguridad manejaba desde hace tiempo informes en donde señalaba que el '99 sería "el año del levantamiento mapuche". Hasta señalaba las zonas más conflictivas. ¿Cómo se explica esta aparente "sorpresa" de la autoridad frente a las movilizaciones indígenas?

- Desconozco esos informes de inteligencia. Lo que sí le puedo decir es que, más o menos cada cuatro años, se producen agitaciones de esta naturaleza. Durante el gobierno militar hubo varias situaciones de este tipo y también en los primeros años de los gobiernos de Concertación.

- ¿La pregunta es cómo el Gobierno no fue capaz de prever una situación que estaba anunciada desde hace tiempo por sus órganos de inteligencia?

- Mire, lo policial es lo de menos en este conflicto. Lo que es de verdad importante es el esfuerzo que como país, no sólo a nivel gubernamental, hagamos para dar una solución lo más acertada posible a la deuda histórica que mantenemos con la etnia mapuche.

- ¿Para ustedes este conflicto es producto de una dirigencia mapuche cada vez más preparada o es una agitación alimentada por grupos externos a las comunidades?

- Entre los mapuches hay organizaciones eminentemente políticas, algunas que privilegian el contacto internacional, otras concentradas en el mundo rural y también algunas focalizadas en las grandes ciudades. Hay lonkos bastante ancianos y otros muy jóvenes. Si hay algo que caracteriza a los mapuches es su propia diversidad al momento de escoger sus dirigencias, por lo que es un error asumir a ciertas entidades la representación global de su pueblo. Eso no es así.

La buena vecindad

- ¿Lo que sucede en el sur de Chile no tiene ningún parecido con el Chiapas mexicano?

- No, ningún parecido.

- ¿Los niveles de pobreza, el creciente apoyo político, económico e intelectual a nivel internacional y el buen manejo comunicacional en Internet exhibido por los mapuches no son semejanzas a escala menor de lo que sucede en Chiapas?

- No soy experto en los aspectos sociales de Chiapas, por lo que mi análisis sólo puede referirse a la expresión militar de lo que ha sucedido en México. En Chile, los mapuches no están concentrados en prácticas violentas para la expresión de sus demandas. Y ese es un esfuerzo que se debe mantener, para que nuestra etnia mantenga esa capacidad de dar a conocer sus demandas dentro de un marco de respeto generalizado a la ley. Chiapas y lo que sucede en nuestro país son situaciones incomparables.

- Sin embargo, al visitar los alrededores de las empresas madereras, es evidente el carácter semimilitarizado de amplias zonas indígenas en el sur de Chile...

- Lo que sucede es que la actuación de las forestales, respecto de las relaciones que han mantenido con los mapuches, es una situación compleja de analizar. Por mucho tiempo, las madereras no tuvieron una política de "buena vecindad" con las comunidades indígenas. En general, creo que ellas les dieron la espalda en la época en que implementaron su actividad en la zona. Eso, evidentemente, creó resentimientos profundos entre los indígenas.

- ¿Y cómo se manifestó en la práctica esto de ser "malos vecinos"?

- Principalmente en la escasa integración que propiciaron para que los mapuches también fueran partícipes de su labor productiva. Eso, sumado al hecho de la vigilancia de los predios para impedir la interrelación con tierras que en muchos casos antes sí pertenecían a los mapuches, ayudó a crear un ambiente de desconfianza.

- ¿Y ahora las madereras son mejores vecinos que antes?

- Creo que es muy notorio el cambio de actitud que ellas han demostrado en el último tiempo. Hay señales muy claras en ese sentido.

- ¿Y ese cambio de actitud habrá sido por decisión propia de las forestales o por los pedidos hechos por el Gobierno para que cambiaran su actitud?

- No es relevante a qué se debió este cambio. Lo de verdad importante es que las empresas han recapacitado y hoy demuestran otro ánimo frente al tema mapuche. Se hizo el cambio, no importa la génesis de cómo se hizo el cambio.

- ¿Y en qué aspectos concretos debiera traducirse este nuevo espíritu de las empresas madereras?

- Aportando con fuentes laborales, con capacitación, prestando atención a la posibilidad de atender ciertas necesidades de infraestructura, preocuparse de la mantención de los caminos. En fin, que mantengan una relación amigable con el medio ambiente en que desarrollan su labor productiva.

- ¿Debieran las forestales vender todo lo que los mapuches exijan como terrenos propios?

- Eso lo deben responder las propias madereras. En lo que el gobierno insiste es que siempre debe existir la posibilidad de una mesa de diálogo. Esa debe ser la norma general. Lo que suceda caso a caso, esa es una cuestión que deberá verse en el momento.

- ¿Esta postura frente a la venta de terrenos tomados también rige para el Gobierno?

- Por supuesto, rige para todos los sectores involucrados.

- ¿Qué opina del hecho de que algunas forestales estén vendiendo predios a organizaciones mapuches para así "comprar la paz" para sus labores madereras?

- Desconozco esas negociaciones. Y me llamaría la atención si es que lo estuvieran haciendo, ya que sería un contrasentido que soliciten al Gobierno mayor dureza en la represión de las tomas pero que, al mismo tiempo, estén negociando secretamente con organizaciones autóctonas. Si lo están haciendo, sería bueno entonces que lo explicaran abiertamente a la opinión pública.

- Y ustedes cuando han llegado a acuerdos de compra de terrenos para ciertas comunidades, ¿no les exigen también un compromiso de no participar en movilizaciones?

- Es que el proceso de entrega de tierras es muy claro: las solicitudes deben fundamentarse con la presentación de documentos para que así la Conadi inicie el proceso de adquisición de los predios. Sólo hemos tenido un caso en que a una persona a la que se le traspasaron terrenos ha participado en movilizaciones.

- ¿Pero exigen o no un compromiso previo para que los beneficiados no participen en agitaciones futuras?

- No, para nada. Pero si es como si para entregar una vivienda el Serviu exigiera al beneficiado que no participará en ningún tipo de actividad política contraria a la autoridad en el futuro. No, acá no existen condicionantes de ese tipo para traspasar tierras a los mapuches.

Notables pensando

- Ministro, ¿tienen o no justificación las demandas mapuches?

- Le diría que buena parte de las demandas planteadas por ellos son compartidas por el Gobierno. Es evidente, por ejemplo, que en el tema de las tierras ellos han sido sistemáticamente perjudicados. Desde el punto de vista social, basta echar un vistazo a las cifras de pobreza de las comunidades indígenas para que queden en evidencia las diferencias que existen respecto de la realidad del resto de los chilenos. Y para ello es que hemos iniciado la elaboración de un catastro de las principales carencias indígenas.

- ¿Al hablar de catastro se refiere a un nuevo proceso de evaluación de los que son las necesidades mapuches?

- Efectivamente. Es un "levantamiento de necesidades", pero confeccionado por los propios indígenas. Es un esfuerzo que estará listo en unos cuatro meses. A partir de estos resultados la comisión de estudios de alto nivel creada para analizar el tema autóctonos elevará una propuesta global al Presidente de la República.

- Cuando usted hablaba de las falencias históricas hacia los mapuches, ¿cuál es la autocrítica que debiera hacerse este Gobierno?

- El no haber concentrado mayores esfuerzos para haber hecho de la Conadi una institución más eficiente. Pero también quizás hemos fallado en el contacto directo con las comunidades. Y por ello es que hemos decidido que, de ahora en adelante, las relaciones con los mapuches se establecerán directamente con funcionarios del más alto nivel político.

- ¿La aspiración de autonomía territorial que se ha planteado por algunos sectores indígenas no tiene ninguna factibilidad?

- Esa es una materia que no está en nuestra agenda de trabajo. Creemos en un Estado unitario. Por lo demás, consideramos que es posible conciliar la identidad de distintas etnias con el concepto de nación. Por lo demás, esta aspiración es menor, ya que lo que de verdad le interesa al mundo indígena tiene más que ver con cuestiones de tipo productivo y social. Esa demanda de autonomía es un discurso de apenas unos pocos dirigentes. Incluso, hasta le diría que el tema de la tierra no es tan generalizado y urgente para los mapuches si es que lo compara con las solicitudes sociales que ellos hacen.

- ¿Y qué hay del reconocimiento del más alto nivel que exigen los mapuches?

- Efectivamente, una de las posibilidades que manejamos es plantear un reconocimiento de las etnias indígenas a nivel constitucional. Ese es un esfuerzo que vamos a llevar adelante.

- A propósito de las movilizaciones de los últimos meses, ¿le sorprende que una amplia mayoría ciudadana concuerde con las exigencias de los indígenas?

- Bueno, lo encontramos muy positivo y el Gobierno se suma a esta ciudadanía que comparte las demandas de la etnia. Pero también tenemos preocupación. Si un 80 por ciento de los chilenos decía que los mapuches eran discriminados, ese mismo 80 por ciento aseguraba no tener sangre aborigen. Y esa es una clara expresión de racismo que nos preocupa. Creemos que la ciudadanía no ha dedicado suficiente atención al análisis del tema y se ha quedado en una expresión paternalista que dice que "los mapuches son pobrecitos a los que tenemos que ayudar". Nos gustaría que esta renovada sensibilización ciudadana se tradujera en el término de prácticas discriminatorias.

- Bueno, tampoco abundan las autoridades de Gobierno que sean mapuches...

- ...Es cierto, pero es parte de los problemas que tenemos que ir resolviendo. Eso no hace otra cosa que revelar que la actitud ciudadana hacia los mapuches no es todo lo positiva que debiera ser.

- Después de estos reiterados conflictos, ¿no queda en evidencia que la Conadi se encuentra ampliamente superada?

- Lo que sucede es que la Conadi parece tener enemigos públicos, enemigos comunicacionales que la atacan con extremada dureza. Sin embargo, y teniendo mucho por mejorar, ella ha jugado un rol importante a la hora de ir resolviendo algunos de los temas más urgentes para los indígenas de nuestro país. Creemos que ha hecho bastante para los pocos años de funcionamiento que tiene. En todo caso, estamos diseñando los cambios internos necesarios para que opere de mejor manera a futuro.

- En ese sentido, el propio Gobierno conformó una "comisión de notables" encargada de analizar y plantear propuestas de largo alcance para la solución del conflicto. ¿Qué mayor señal de que no se reconoce a la Conadi una función que ella misma debería llevar a cabo?

- Es posible que quede esa impresión. Sin embargo, lo que buscamos con esta comisión es desarrollar el tema indígena al más alto nivel y ser capaces de idear nuevos mecanismos que no están considerados en la actualidad. Queremos fortalecer las actuales herramientas y mejorar la institucionalidad que rige al mundo indígena en Chile. Y ese será el principal aporte de esta comisión.

- Ministro, ¿qué tan diligente ha sido el Gobierno en el tratamiento del tema mapuche?

- ¿A qué se refiere específicamente?

- Sin las movilizaciones, ¿habría igual preocupación por lo que les sucede a los indígenas?

- Es difícil aventurar una respuesta concluyente. Lo que sí le puedo asegurar es que, desde el año pasado, ya advertíamos la necesidad de incrementar la acción de Conadi. Lo que pasa es que es claro que estamos en un proceso de aprendizaje que debe concluir en organismos estatales mejor preparados para tratar este tipo de temas que son nuevos para nosotros.

- Siendo optimista, ¿se atreve a aventurar cuántos años demorará solucionar por completo el tema mapuche?

- Creo que nos demoraremos todos los años que la sociedad chilena considere prudente demorar. Eso tardaremos en Chile en dar respuesta global al tema indígena.

 
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