El Lonko de La
Moneda. "Las Forestales No Fueron Buenas Vecinas"
Ministro de Mideplan, Germán
Quintana, señala que la agitación mapuche es focalizada y
que no tiene en jaque al Gobierno. También critica el trato de las
madereras, del propio Gobierno y de la sociedad chilena hacia los indígenas.
Por
RODRIGO BARRIA REYES
SI hay algo que se le reconoció
a Germán Quintana cuando ocupó el sillón de la Intendencia
de la Región Metropolitana fue su capacidad conciliatoria.
Ahora, desde el sillón del Ministerio
de Planificación y Cooperación - entidad que tiene bajo su
responsabilidad la actuación de la Conadi- , a Quintana se le ha
encomendado desde La Moneda liderar una nueva tarea: ser "el" rostro del
Gobierno en tierras mapuches.
Con esta nueva misión, el ministro
será el encargado de vincularse con la dirigencia indígena
y hacer las veces de "embajador en la Araucanía" para buscar la
firma de un acuerdo de paz que ayude a poner fin a los meses de agitación
mapuche que ha vivido el país.
¿Quién tiene la palabra?
- ¿Qué tan grave son
para el Gobierno las movilizaciones mapuches de los últimos meses?
- Me parece que lo que ha existido
es cierta agitación focalizada en algunas comunidades que, en verdad,
es bastante baja en relación a la totalidad de la etnia mapuche.
Además, muchas de estas apariciones públicas de "aparente
movilización generalizada" se concentran únicamente en organizaciones
que manejan un discurso politizado y que se aprovechan del conjunto de
legítimas aspiraciones del resto de los mapuches.
- La autoridad ha insistido en señalar
que se ha sobredimensionado el conflicto y que éste está
limitado a un pequeño grupo de comunidades. ¿Mantiene esa
impresión el Gobierno?
- Los mapuches, que son cerca de un
millón de personas, tienen una amplia gama de representaciones.
Que dos o tres de sus agrupaciones tengan un buen manejo de prensa no significa
que sus denuncias sean las aspiraciones de la totalidad de los indígenas.
Es claro para nosotros que algunos medios de comunicación se han
concentrado en la cobertura de estas pocas entidades, cuestión que
no es precisa, ya que no recoge la complejidad de lo que sucede en el mundo
autóctono.
- ¿Se exagera, entonces, cuando
se habla de un conflicto generalizado en el sur del país?
- Sí, se exagera. Presentar
el problema mapuche sólo en base a las demandas de dos o tres agrupaciones
es una caricatura que no se ajusta en absoluto a la realidad.
- Entonces resulta aún más
incomprensible que un reducido grupo de agitadores sea capaz de poner en
jaque al Gobierno...
- Creo que, en rigor, no nos han puesto
en jaque. No creemos que tengamos la situación fuera de control.
El conflicto mapuche es muy focalizado, no hay duda. Ello, en todo caso,
no nos hace desconocer que varias de las situaciones de los últimos
meses se expliquen por el retraso en la solución de algunas de las
demandas históricas de la etnia.
- Pero la propia Oficina de Seguridad
manejaba desde hace tiempo informes en donde señalaba que el '99
sería "el año del levantamiento mapuche". Hasta señalaba
las zonas más conflictivas. ¿Cómo se explica esta
aparente "sorpresa" de la autoridad frente a las movilizaciones indígenas?
- Desconozco esos informes de inteligencia.
Lo que sí le puedo decir es que, más o menos cada cuatro
años, se producen agitaciones de esta naturaleza. Durante el gobierno
militar hubo varias situaciones de este tipo y también en los primeros
años de los gobiernos de Concertación.
- ¿La pregunta es cómo
el Gobierno no fue capaz de prever una situación que estaba anunciada
desde hace tiempo por sus órganos de inteligencia?
- Mire, lo policial es lo de menos
en este conflicto. Lo que es de verdad importante es el esfuerzo que como
país, no sólo a nivel gubernamental, hagamos para dar una
solución lo más acertada posible a la deuda histórica
que mantenemos con la etnia mapuche.
- ¿Para ustedes este conflicto
es producto de una dirigencia mapuche cada vez más preparada o es
una agitación alimentada por grupos externos a las comunidades?
- Entre los mapuches hay organizaciones
eminentemente políticas, algunas que privilegian el contacto internacional,
otras concentradas en el mundo rural y también algunas focalizadas
en las grandes ciudades. Hay lonkos bastante ancianos y otros muy jóvenes.
Si hay algo que caracteriza a los mapuches es su propia diversidad al momento
de escoger sus dirigencias, por lo que es un error asumir a ciertas entidades
la representación global de su pueblo. Eso no es así.
La buena vecindad
- ¿Lo que sucede en el sur de
Chile no tiene ningún parecido con el Chiapas mexicano?
- No, ningún parecido.
- ¿Los niveles de pobreza, el
creciente apoyo político, económico e intelectual a nivel
internacional y el buen manejo comunicacional en Internet exhibido por
los mapuches no son semejanzas a escala menor de lo que sucede en Chiapas?
- No soy experto en los aspectos sociales
de Chiapas, por lo que mi análisis sólo puede referirse a
la expresión militar de lo que ha sucedido en México. En
Chile, los mapuches no están concentrados en prácticas violentas
para la expresión de sus demandas. Y ese es un esfuerzo que se debe
mantener, para que nuestra etnia mantenga esa capacidad de dar a conocer
sus demandas dentro de un marco de respeto generalizado a la ley. Chiapas
y lo que sucede en nuestro país son situaciones incomparables.
- Sin embargo, al visitar los alrededores
de las empresas madereras, es evidente el carácter semimilitarizado
de amplias zonas indígenas en el sur de Chile...
- Lo que sucede es que la actuación
de las forestales, respecto de las relaciones que han mantenido con los
mapuches, es una situación compleja de analizar. Por mucho tiempo,
las madereras no tuvieron una política de "buena vecindad" con las
comunidades indígenas. En general, creo que ellas les dieron la
espalda en la época en que implementaron su actividad en la zona.
Eso, evidentemente, creó resentimientos profundos entre los indígenas.
- ¿Y cómo se manifestó
en la práctica esto de ser "malos vecinos"?
- Principalmente en la escasa integración
que propiciaron para que los mapuches también fueran partícipes
de su labor productiva. Eso, sumado al hecho de la vigilancia de los predios
para impedir la interrelación con tierras que en muchos casos antes
sí pertenecían a los mapuches, ayudó a crear un ambiente
de desconfianza.
- ¿Y ahora las madereras son
mejores vecinos que antes?
- Creo que es muy notorio el cambio
de actitud que ellas han demostrado en el último tiempo. Hay señales
muy claras en ese sentido.
- ¿Y ese cambio de actitud habrá
sido por decisión propia de las forestales o por los pedidos hechos
por el Gobierno para que cambiaran su actitud?
- No es relevante a qué se debió
este cambio. Lo de verdad importante es que las empresas han recapacitado
y hoy demuestran otro ánimo frente al tema mapuche. Se hizo el cambio,
no importa la génesis de cómo se hizo el cambio.
- ¿Y en qué aspectos
concretos debiera traducirse este nuevo espíritu de las empresas
madereras?
- Aportando con fuentes laborales,
con capacitación, prestando atención a la posibilidad de
atender ciertas necesidades de infraestructura, preocuparse de la mantención
de los caminos. En fin, que mantengan una relación amigable con
el medio ambiente en que desarrollan su labor productiva.
- ¿Debieran las forestales vender
todo lo que los mapuches exijan como terrenos propios?
- Eso lo deben responder las propias
madereras. En lo que el gobierno insiste es que siempre debe existir la
posibilidad de una mesa de diálogo. Esa debe ser la norma general.
Lo que suceda caso a caso, esa es una cuestión que deberá
verse en el momento.
- ¿Esta postura frente a la
venta de terrenos tomados también rige para el Gobierno?
- Por supuesto, rige para todos los
sectores involucrados.
- ¿Qué opina del hecho
de que algunas forestales estén vendiendo predios a organizaciones
mapuches para así "comprar la paz" para sus labores madereras?
- Desconozco esas negociaciones. Y
me llamaría la atención si es que lo estuvieran haciendo,
ya que sería un contrasentido que soliciten al Gobierno mayor dureza
en la represión de las tomas pero que, al mismo tiempo, estén
negociando secretamente con organizaciones autóctonas. Si lo están
haciendo, sería bueno entonces que lo explicaran abiertamente a
la opinión pública.
- Y ustedes cuando han llegado a acuerdos
de compra de terrenos para ciertas comunidades, ¿no les exigen también
un compromiso de no participar en movilizaciones?
- Es que el proceso de entrega de tierras
es muy claro: las solicitudes deben fundamentarse con la presentación
de documentos para que así la Conadi inicie el proceso de adquisición
de los predios. Sólo hemos tenido un caso en que a una persona a
la que se le traspasaron terrenos ha participado en movilizaciones.
- ¿Pero exigen o no un compromiso
previo para que los beneficiados no participen en agitaciones futuras?
- No, para nada. Pero si es como si
para entregar una vivienda el Serviu exigiera al beneficiado que no participará
en ningún tipo de actividad política contraria a la autoridad
en el futuro. No, acá no existen condicionantes de ese tipo para
traspasar tierras a los mapuches.
Notables pensando
- Ministro, ¿tienen o no justificación
las demandas mapuches?
- Le diría que buena parte de
las demandas planteadas por ellos son compartidas por el Gobierno. Es evidente,
por ejemplo, que en el tema de las tierras ellos han sido sistemáticamente
perjudicados. Desde el punto de vista social, basta echar un vistazo a
las cifras de pobreza de las comunidades indígenas para que queden
en evidencia las diferencias que existen respecto de la realidad del resto
de los chilenos. Y para ello es que hemos iniciado la elaboración
de un catastro de las principales carencias indígenas.
- ¿Al hablar de catastro se
refiere a un nuevo proceso de evaluación de los que son las necesidades
mapuches?
- Efectivamente. Es un "levantamiento
de necesidades", pero confeccionado por los propios indígenas. Es
un esfuerzo que estará listo en unos cuatro meses. A partir de estos
resultados la comisión de estudios de alto nivel creada para analizar
el tema autóctonos elevará una propuesta global al Presidente
de la República.
- Cuando usted hablaba de las falencias
históricas hacia los mapuches, ¿cuál es la autocrítica
que debiera hacerse este Gobierno?
- El no haber concentrado mayores esfuerzos
para haber hecho de la Conadi una institución más eficiente.
Pero también quizás hemos fallado en el contacto directo
con las comunidades. Y por ello es que hemos decidido que, de ahora en
adelante, las relaciones con los mapuches se establecerán directamente
con funcionarios del más alto nivel político.
- ¿La aspiración de autonomía
territorial que se ha planteado por algunos sectores indígenas no
tiene ninguna factibilidad?
- Esa es una materia que no está
en nuestra agenda de trabajo. Creemos en un Estado unitario. Por lo demás,
consideramos que es posible conciliar la identidad de distintas etnias
con el concepto de nación. Por lo demás, esta aspiración
es menor, ya que lo que de verdad le interesa al mundo indígena
tiene más que ver con cuestiones de tipo productivo y social. Esa
demanda de autonomía es un discurso de apenas unos pocos dirigentes.
Incluso, hasta le diría que el tema de la tierra no es tan generalizado
y urgente para los mapuches si es que lo compara con las solicitudes sociales
que ellos hacen.
- ¿Y qué hay del reconocimiento
del más alto nivel que exigen los mapuches?
- Efectivamente, una de las posibilidades
que manejamos es plantear un reconocimiento de las etnias indígenas
a nivel constitucional. Ese es un esfuerzo que vamos a llevar adelante.
- A propósito de las movilizaciones
de los últimos meses, ¿le sorprende que una amplia mayoría
ciudadana concuerde con las exigencias de los indígenas?
- Bueno, lo encontramos muy positivo
y el Gobierno se suma a esta ciudadanía que comparte las demandas
de la etnia. Pero también tenemos preocupación. Si un 80
por ciento de los chilenos decía que los mapuches eran discriminados,
ese mismo 80 por ciento aseguraba no tener sangre aborigen. Y esa es una
clara expresión de racismo que nos preocupa. Creemos que la ciudadanía
no ha dedicado suficiente atención al análisis del tema y
se ha quedado en una expresión paternalista que dice que "los mapuches
son pobrecitos a los que tenemos que ayudar". Nos gustaría que esta
renovada sensibilización ciudadana se tradujera en el término
de prácticas discriminatorias.
- Bueno, tampoco abundan las autoridades
de Gobierno que sean mapuches...
- ...Es cierto, pero es parte de los
problemas que tenemos que ir resolviendo. Eso no hace otra cosa que revelar
que la actitud ciudadana hacia los mapuches no es todo lo positiva que
debiera ser.
- Después de estos reiterados
conflictos, ¿no queda en evidencia que la Conadi se encuentra ampliamente
superada?
- Lo que sucede es que la Conadi parece
tener enemigos públicos, enemigos comunicacionales que la atacan
con extremada dureza. Sin embargo, y teniendo mucho por mejorar, ella ha
jugado un rol importante a la hora de ir resolviendo algunos de los temas
más urgentes para los indígenas de nuestro país. Creemos
que ha hecho bastante para los pocos años de funcionamiento que
tiene. En todo caso, estamos diseñando los cambios internos necesarios
para que opere de mejor manera a futuro.
- En ese sentido, el propio Gobierno
conformó una "comisión de notables" encargada de analizar
y plantear propuestas de largo alcance para la solución del conflicto.
¿Qué mayor señal de que no se reconoce a la Conadi
una función que ella misma debería llevar a cabo?
- Es posible que quede esa impresión.
Sin embargo, lo que buscamos con esta comisión es desarrollar el
tema indígena al más alto nivel y ser capaces de idear nuevos
mecanismos que no están considerados en la actualidad. Queremos
fortalecer las actuales herramientas y mejorar la institucionalidad que
rige al mundo indígena en Chile. Y ese será el principal
aporte de esta comisión.
- Ministro, ¿qué tan
diligente ha sido el Gobierno en el tratamiento del tema mapuche?
- ¿A qué se refiere específicamente?
- Sin las movilizaciones, ¿habría
igual preocupación por lo que les sucede a los indígenas?
- Es difícil aventurar una respuesta
concluyente. Lo que sí le puedo asegurar es que, desde el año
pasado, ya advertíamos la necesidad de incrementar la acción
de Conadi. Lo que pasa es que es claro que estamos en un proceso de aprendizaje
que debe concluir en organismos estatales mejor preparados para tratar
este tipo de temas que son nuevos para nosotros.
- Siendo optimista, ¿se atreve
a aventurar cuántos años demorará solucionar por completo
el tema mapuche?
- Creo que nos demoraremos todos los
años que la sociedad chilena considere prudente demorar. Eso tardaremos
en Chile en dar respuesta global al tema indígena. |