24 de junio recién pasado tuvo un carácter muy especial para el pueblo mapuche. Ese día, que representa para ellos el paso al solsticio de invierno, marca el inicio de un nuevo año en sus vidas. El Año Nuevo mapuche, es una tradición anterior a la llegada de los españoles al territorio, y significa la confirmación de un nuevo ciclo en la renovación de la vida. El We Xi Pantu, amanecer del año nuevo en la vida del mapuche, es entendido como la confirmación del contrato cósmico en el cual la naturaleza enverdecida reflorece e inicia un nuevo ciclo vital. La Madre Tierra refuerza sus energías y revitaliza al bosque que alimenta a los pájaros, animales y hombres, todos los cuales forman un conjunto en la sabiduría y grandeza de la Tierra. en muchos lugares del país se festejó esta fecha y es posible que de aquí en adelante resulte común, cada inicio del invierno, y al son de cultrunes, trutrucas y el kulkul, el observar a los mapuches en las calles bailando colectivamente el purrum, comiendo el katuto, tomando el muday o bañándose al amanecer en un río para purificar sus cuerpos y espíritus, dando inicio a un nuevo ciclo vital. El Siglo, Nº 938 - Del 02 al 08 de julio de 1999

 Proyecto de Documentación Ñuke Mapu
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Nº 938 - Del 02 al 08 de julio de 1999

Cultura

El Año Nuevo mapuche

El 24 de junio recién pasado tuvo un carácter muy especial para el pueblo mapuche. Ese día, que representa para ellos el paso al solsticio de invierno, marca el inicio de un nuevo año en sus vidas. El Año Nuevo mapuche, es una tradición anterior a la llegada de los españoles al territorio, y significa la confirmación de un nuevo ciclo en la renovación de la vida. El We Xi Pantu, amanecer del año nuevo en la vida del mapuche, es entendido como la confirmación del contrato cósmico en el cual la naturaleza enverdecida reflorece e inicia un nuevo ciclo vital. La Madre Tierra refuerza sus energías y revitaliza al bosque que alimenta a los pájaros, animales y hombres, todos los cuales forman un conjunto en la sabiduría y grandeza de la Tierra.
Hay una verdadera y profunda trascendencia en la festividad de este pueblo que, a diferencia de lo que se supone, utilizaba conocimientos incluso astronómicos para determinar su festividad. Una trascendencia y carácter que por años pasó, en la mayoría de los mapuches urbanos, a ser sólo un sinónimo de la festividad de San Juan, celebración cristiana que se impuso por sobre los verdaderos fundamentos de su festividad.
Hoy, cuando este pueblo reinicia con nuevos bríos su lucha, largamente postergada, por sus derechos usurpados, la festividad del We Xi Pantu o Año Nuevo mapuche, retoma nuevas energías, adquiriendo el carácter verdadero y místico que tuvo en sus orígenes y que, como producto de la dominación, se fue perdiendo gradualmente.
Por eso, en muchos lugares del país se festejó esta fecha y es posible que de aquí en adelante resulte común, cada inicio del invierno, y al son de cultrunes, trutrucas y el kulkul, el observar a los mapuches en las calles bailando colectivamente el purrum, comiendo el katuto, tomando el muday o bañándose al amanecer en un río para purificar sus cuerpos y espíritus, dando inicio a un nuevo ciclo vital.

Una verdadera deuda histórica que comienza a ser pagada, una tradición que comienza a ser recuperada y un camino señalado que coincide y florece en función de la unidad de los mapuches y de la recuperación y reivindicación orgullosa de su identidad menoscabada. Un camino retomado, que se fortalece con la lucha y la unidad y que se refuerza, de ahora y para siempre... con cada nuevo We Xi  Pantu.


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