Son estos mismos proselitistas los que afirman que la mayor pérdida de territorios indígenas ocurrió entre 1973 y 1990, cuando no sólo no se entregó tierras a las comunidades, sino que prácticamente se desencadenó una furiosa "razzia" antiétnica. Diario el Sur, 12 de Abril de 1999

 Proyecto de Documentación Ñuke Mapu

Opinion

Lunes 12 de Abril de 1999

Arauco escarlata

El tema indígena está de moda y quien se refiera a él, con o sin fundamento, tiene audiencia segura. Sin embargo, tal como lo afirma el intendente regional, el movimiento indigenista como tal está hoy irremediablemente influido por elementos interesados en exacerbar y excitar los conflictos, que es el caldo de cultivo donde los agitadores tienen su mayor expresión pública.

Este escenario lo conoce bien un parlamentario local, quien se ha autoarrogado la representación de la causa sentenciando que "opinar hoy sobre el problema indígena es enfrentarse al gobierno". Con ello, el político sostiene que todo aquel que tenga una opinión formada sobre el tema es porque ha asumido, como él, una postura obnubilada y fundamentalista opuesta a la posición oficial, mientras que los no opinantes son aquellos indefinidos y conformes con la acción gobiernista.

El, como otros activistas, se equivoca con tal aseveración porque lo cierto es que quienes están informados de verdad no se tragan la propaganda fácil, alienante y racista que los instigadores pretenden hacer creer a la opinión pública en su campaña de ideología encubierta. Son estos mismos proselitistas los que afirman que la mayor pérdida de territorios indígenas ocurrió entre 1973 y 1990, cuando no sólo no se entregó tierras a las comunidades, sino que prácticamente se desencadenó una furiosa "razzia" antiétnica.

Esta falaz visión revela el ánimo torcido de quienes hoy manejan y se hacen acreedores de las deudas históricas de la sociedad chilena con los indígenas, pretendiendo una representación que no les corresponde y a la que no se les ha invitado. Intentan con ello ideologizar el tema (con éxito, lamentablemente, hasta el momento), para hacer caer el peso a un período determinado, ignorando los desaciertos cometidos por distintas administraciones y la complicidad compartida de todos los chilenos, incluidos ellos mismos.

Es cierto que la asistencia y ayuda que reciban los mapuches será siempre bienvenida, pues mucho la necesitan, pero es obvio que ella debe hacerse a expensas del desinterés y no marcada por el tinte escarlata de partidos y candidatos, menos de fracasadas ideologías que han demostrado su ineptitud en todos los casos en que desventuradas sociedades les han abierto sus puertas y permitido desarrollar sus extraviados experimentos. Sin duda que el apego de los activistas se contrapone con la ayuda exclusiva de no sacar provecho del "empujoncito" dado.

Los temas ambientales y étnicos son la bandera de lucha que enarbolan muchos de estos huérfanos doctrinarios de trincheras de escritorio. Ambientalistas e indigenistas deambulan hoy entre la Araucanía, Valparaíso y Santiago, denostando a todos los que no se suman a sus afiebradas campañas, al punto de sentenciar, jactanciosos, de que quienes opinan es porque se enfrentan al gobierno y quienes no lo hacen es porque son ignorantes.

No es efectivo que los revoltosos y políticos previeran el conflicto indígena, como aseguran pedantes. El intendente regional lo ha dicho. Las comunidades son pacíficas, y lo que los activistas sí atisbaron fue la oportunidad y el momento de actuar por el efecto desencadenante al alentar a unos pocos "útiles" loncos para agitar las reposadas masas indígenas. Cualquier otra conclusión es desconocer el objetivo de largo plazo del caudillismo caótico.

Alfredo Palacios Barra
 


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