Monseñor Sixto Parzinger, Vicariato de la Araucanía declara; "No se puede devolver toda la tierra, pero hay que ver en una conversación personal cuáles son sus necesidades. Porque yo veo diferentes reducciones (indígenas) que a veces tienen menos de una hectárea. ¿Cuánto se necesita para poder sobrevivir? Generalmente están muy reducidos, por su costumbre de repartir (la tierra) entre todos los hijos." Diario el Sur 23 de Agosto de 1998

 Proyecto de Documentación Ñuke Mapu
 

 
Reportajes
23 de Agosto de 1998

Monseñor Sixto Parzinger y los mapuches

"En Chile, hay racismo no reconocido"


El vicario de la Araucanía dice que la violencia en el pueblo mapuche se da sólo en casos aislados, que no existen grupos violentistas dentro de ellos, y tiene la certeza de que los actuales conflictos se solucionarán cuando se respete su cultura y se les entregen tierras para trabajarlas. Respecto de los últimos acontecimientos en el Alto Biobío, el sacerdote opina que se cometieron dos errores: dividir a las comunidad pehuenche ofreciéndoles terrenos en distintos sectores e iniciar las obras del proyecto Ralco sin respetar a quienes se oponen al traslado.

Sergio Alvaro Maureira

En febrero pasado cumplió dos décadas al mando del Vicariato de la Araucanía, división que tiene la Iglesia Católica para trabajar especialmente en la evangelización de las comunidades mapuches de la Novena Región. A pesar de ello, Monseñor Sixto Parzinger, sacerdote capuchino, a los 66 años aún conserva su acento tirolés. Además de las 28 parroquias que están bajo su mandato en pleno territorio mapuche, debe velar también por la de Santa Cruz, en la Isla de Pascua.

El vicariato fue instaurado como tal en 1928 por el Papa Pío XI, aunque hace 150 años los Padres Capuchinos italianos y luego los de Baviera ya habían instalado en la zona una prefectura apostólica.

En un trabado español, Monseñor Parzinger reconoce la admiración que tiene por la etnia más importante del país: "Es un pueblo bien acogedor -asegura-. A pesar de ello, es difícil tratar con los mapuches, porque hay mucho desconocimiento de sus valores, fuerzas y admiraciones".

-¿Cuáles de esos valores podrían complementar los existentes en la sociedad chilena?

-Los valores del pueblo mapuche son la recidumbre, son fuertes; aman mucho su tierra, son adictos a ella; son sociables en cuanto a su parentesco, protegen y apoyan a sus familiares, tienen mucha cohesión; y, por último, su cosmovisión.

Ellos ven a Dios como creador en primer lugar. Las expresiones familiares son expresión del amor de Dios. Los cuatro puntos cardinales representan las fuerzas de la naturaleza, que están conjugando la formación de su paisaje, de su tierra. La tierra tiene un valor muy grande, tan grande que condiciona su permanencia dentro de su cultura y de su lengua.

-Dentro de la sociedad chilena hay estereotipos que se refieren al pueblo mapuche...

-Sí. Por un lado la valentía con que defendieron su tierra. Pero también hay un estereotipo negativo como que no sabe trabajar; lo del alcohol, del vino, también es un estereotipo porque hay personas y personas; hay grandes valores de abnegación. También es un estereotipo el cacique, como que tenía varias mujeres en la antigüedad.

-¿Usted cree que la sociedad chilena reconoce la presencia de grupos étnicos originarios, con características propias?

-Algo están presentes, pero en general no se recuerdan. Esto se ve en leyes y publicaciones, que el mapuche no está presente, por lo menos no expresamente. Ello porque no es un grupo que tenga una gran dote, sino que está ahí, más bien relegado. En el subconciente, el mapuche no está presente.

Yo creo que es consecuencia de una cadena de olvidos y relegación. Tal vez solamente un punto clave de esto sea haberles ganado en la Guerra de Arauco, pero hace varios siglos que la civilización estaba arrinconando a los mapuches; es la civilización la que le quita su espacio, el terreno y su importancia.

-¿Usted cree que existe tolerancia hacia ellos o el chileno es racista?

-Creo que en buena parte hay racismo que no se reconoce, aunque hay mucho mestizaje. Hay racismo no reconocido, porque es muy negativo y eso no puede ser. Pero uno con un hombre mapuche no se reconoce, no se acepta, hay reserva. Es algo que hay que trabajar más y hay que hacer conciencia de que la igualdad es un bien y un derecho de las personas.

Perdedores sin apoyo

-¿Existe concordancia entre la visión de desarrollo que establece el actual sistema económico chileno y lo que piensan los mapuches respecto de su propia evolución económica?

-Hay mucha diferencia, casi no hay concordancia, porque los mapuches están ajenos a este sistema económico de consumismo. Ellos son muy ajenos a esto, tienen todo en común (incluso, hasta hace un tiempo la tierra), vivían y trabajaban prácticamente para la subsistencia. Este sistema es para explotar, para ganar y competir, y los mapuches no están preparados para ello. Hay otros (mapuches) que ya se amoldaron, que tenían educación, había mucha diferencia. Pero en cuanto al pueblo como tal, estando en el campo, es muy diferente.

-Los actuales conflictos entre indígenas y proyectos económicos se han intentado solucionar a través de una compensación económica por el daño provocado. ¿Cómo se explica el desapego al dinero evidenciado en las comunidades indígenas más tradicionalistas?

-Los mapuches más encaminados en su tradición, con vidas y formas de trabajo que, prácticamente, ya no valen en este nuevo sistema donde todo es mecanizar. Ellos tienen el rol de perdedores si no se les apoya y toma en cuenta.

El que haya desapego al dinero es porque no han podido entrar a este sistema y no han podido manejar el dinero porque no tienen posibilidad de ganarlo al vender sólo un poco de sus productos. No están acostumbrados a manejar dinero, préstamos y esas cosas, por lo que están muy desfavorecidos.

-¿Eso significa que la solución para su marginalidad económica pasa por un desarrollo autónomo de sus comunidades?

-Se puede decir sí en cierto sentido, pero tampoco absoluto. No debe ser absolutamente autónomo, sino compartido. Así como el Instituto Indígena de Temuco, que trata de apoyarlos con personas versadas, que tratan de entenderlos, y también con pequeños préstamos y fórmulas comunitarias a desarrollar. Es un largo proceso. Por ejemplo, el Liceo Guacolda de Chol-Chol es bicultural y trata de ayudar para que puedan entrar algo en este sistema. Aunque hay gente que resiste a esto porque les es ajeno y sospechoso, difícil de amoldar...

-¿Por qué encuentran al sistema "sospechoso"?

-Porque es un sistema que explota y el pobre que quedó atrás se siente en desventaja. Esa ayuda les parece sospechosa porque los pueden explotar y engañar, como lo hicieron con sus tierras. Para ellos no es algo que acepten con facilidad.

-Esto explicaría hasta cierto punto la postura tan radical que tienen actualmente las organizaciones mapuches hacia los "huincas"...

-Sí. Por una parte, esta mala experiencia que han tenido por siglos, y por otra parte pueden haber algunas personas que pueden ser muy radicales, que son muy iracundos y se enojan por toda intervención. Estas personas animan a resistir y piensan que lo antiguo es lo mejor. Hay muchas diferencias (de opinión) en esto, pero es por una mala experiencia.

-En este sentido, pareciera ser que la conmemoración de los 500 años de la llegada de Cristóbal Colón a América revivió al movimiento indigenista en Chile...

-La resistencia estaba presenta de antes. Esa ocasión fue un estímulo más para renovar sus resentimientos, porque ellos se ven confrontados con cuántos ultrajes que han recibido y tantas cosas que están sufriendo. También injusticias durante siglos, ataques, rechazos y explotación a través de los españoles que querían la tierra, el oro y la mano de obra. Todo eso para ellos es algo negativo, por eso no querían celebrar la llegada de Colón hace 500 años.

-¿Cuál es el discurso de los líderes mapuches de esta década?

-En primer lugar, los recuerdos de la antigüedad, de sus antepasados. También en cuanto a justicia porque les fue quitada su tierra; antes de la llegada de los conquistadores eran ellos los únicos dueños de esta tierra. Claman justicia y devolución de sus tierras. También indemnización en cuanto a, por ejemplo, estudiantes que tengan becas.

"Lo apremiante es la tierra"

-¿Usted considera que estas reivindicaciones son justas, que se debería responder a este tipo de peticiones?

-No se puede devolver toda la tierra, pero hay que ver en una conversación personal cuáles son sus necesidades. Porque yo veo diferentes reducciones (indígenas) que a veces tienen menos de una hectárea. ¿Cuánto se necesita para poder sobrevivir? Generalmente están muy reducidos, por su costumbre de repartir (la tierra) entre todos los hijos. Son muy pobres, hay que hacerles justicia y ver las posibilidades de buena voluntad y hacerlo pronto.

-¿Cuáles deberían ser los mecanismos para solucionar estos problemas?

-Ellos tienen que conversar con Conadi y quizás otras personas más. Que hagan proposiciones y vean en concreto qué se puede hacer. Otra cosa es que quienes ya están estudiando reciban apoyo-.

Para Monseñor Parzinger "lo apremiante es la entrega de tierras, porque siempre hay personas que quieren esa tierra o que tienen derechos de agua, que también poco a poco han perdido. En general, se debe estar más cerca de ellos y ver cuáles son sus necesidades y sus apremios".

-¿Usted considera que el movimiento mapuche se ha desarrollado en forma independiente de presiones políticas?

-Sí, bastante. Bueno, siempre hay flujos de otros, pero creo que son más bien estudiantes mestizos que han llegado a tener más conocimiento, por lo que luchan a favor de los mapuches. Ellos saben hacer un buen discurso, han llegado a ser profesionales, defienden a su gente y manifiestan su pertenencia. En el último censo sorprendió el número que manifestó sentirse o ser mapuches.

-¿Existe la posibilidad de que estos movimientos lleguen a expresarse por medio de la violencia?, ¿cómo se explica, a su juicio, el uso de la violencia?

-Son más bien casos aislados. Siempre hay personas que llegan al extremo, pero no los veo como movimientos. Además, no están armados porque no creo que vaya a haber violencia. Es, en general, gente pacífica y paciente.

-En el caso de Ralco, por un lado Endesa quiere desarrollar un proyecto hidroeléctrico y, por otro lado, hay un grupo de familias que se oponen tajantemente a una compensación económica para que abandonen su tierra. ¿Cuál debería ser la solución definitiva a este diálogo de sordos?

-Se han cometido faltas, como comprar un fundo que durante la mitad del año está cubierto por la nieve. Yo creo que hay que mejorar las ofertas para ellos. Otro punto muy importante es que en vez de ser diferentes fundos asignados, debería ser algo en conjunto, donde puedan formar comunidad.

También se cometió la falta de que la empresa empezó no más la construcción, llegando a una situación muy difícil. Los pehuenches se pusieron animosos porque se vieron sobrepasados. Hay que respetarlos y entrar en un diálogo en el cual ellos vean que existe la voluntad de cumplir bien y favorecerlos.

-¿O sea que la solución pasa por ofrecer una mejor compensación económica?

-No creo tanto en dinero, sino más bien tierras que puedan habitar en buena forma como pueblo, como comunidad que no esté separada en reducciones, sino que unidos y en buenas condiciones. No se trata tanto de dinero, sino que de hábitat, de tierras que puedan nuevamente habitar en buena forma, según sus costumbres y no vivan separados en otros lugares, porque así se destruye la comunidad.

-Finalmente Monseñor, ¿usted considera que el actual choque de conflictos en Arauco, Temuco y el Alto Biobío será superado?

-Es cosa de diálogo, con buena voluntad para favorecerlos, hacerles el bien y el reconocerlos en sus costumbres, en su lengua y darle la tierra que les dé su subsistencia, la alimentación justa. Es una cosa de tiempo. Hay que superar las diferencias y muchos prejuicios, tratarlos como personas y ciudadanos con derechos para llegar a un buen entendimiento-.


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