Descartado el juicio con Oliva, emprende una nueva causa judicial, esta vez contra un país. "Llevamos un reclamo ante la Suprema Corte de Chile, porque entendemos que las leyes chilenas deben dejar de regir al sur de Bio-Bio. Hubo 34 tratados entre la corona española y los indígenas de la zona, que les permitían quedarse con las tierras. Ahora el gobierno está vendiendo esas tierras a los norteamericanos. ¿Qué derechos tienen a venderlas, si nunca se las compraron a sus dueños?" La Nación On Line, Argentina. 7 de febrero de 1998.
Philipe Boiry retiró la demanda por injurias que había iniciado en París contra el periodista Enrique Oliva.
PARIS.- No todos los días se tiene el privilegio de conversar con un rey. A pesar de que dio un paso atrás al retirar la demanda que, dominado por la cólera, le inició en la justicia francesa al periodista argentino Enrique Oliva, quien se atrevió a poner en duda su ambicionado título de heredero de la Patagonia.
Se trata de Philipe Boiry, que se autoproclama, también, descendiente de Carlomagno. Y de los emperadores bizantinos.
Un monarca ilustrado, como los de antes, que se rodeaban de sabios. Lo cierto es que Boiry se rodea hoy de estudiantes, pues dirige la Facultad Libre de Ciencias de la Comunicación, a diez minutos del centro parisiense.
El edificio es pequeño, sobrio, moderno y funcional. Nada que ver con Versalles. Aunque a Boiry no le falta palacio, al Sur, en la región de la Dordogne, por donde desfilan unos mil turistas al año.
Ellos pagan entrada, se llevan postales y admiran las medallas con el escudo de armas de Antoine de Tounens, el primer monarca patagónico y presunto ancestro que intentó conquistar la Patagonia fomentando la rebelión indígena, a mediados del siglo pasado.
Boiry, por cierto, no parece una amenaza. Tiene 70 años, va para 71 y da más bien la imagen de un intelectual sereno, sentado en su oficina con sus lentes de lectura.
Las paredes, salpicadas de diplomas y certificados, intentan dar crédito y firmeza a un discurso que busca por todos los medios mostrar a Boiry como un pensador reconocido por la sociedad francesa.
"No soy un loco"
"No soy un loco ni un estafador. Dirijo esta facultad y acabo de publicar un libro, "La empresa humanista", dijo ayer, al recibir a La Nación.
Boiry dice no entender por qué lo toman por loco, si lo único que hace es reclamar sus derechos sobre la Patagonia, su representación de los indígenas de América y su descendencia directa de Carlomagno.
Pese a todo, la mente le funciona bien: "Sería ridículo pedir que me den la tierra. Los míos son derechos morales, los derechos de defender a los aborígenes, que han sido maltratados".
Abanderado de los humillados y ofendidos del Sur, Boiry va todos los años a la sede de las Naciones Unidas, en Ginebra, para hacer oír su voz. "Me presento con un informe, acompañado por dos líderes de asociaciones indígenas", dice Boiry, aunque lo cierto es que nadie sabe si alguna vez esos expedientes pasaron de la mesa de entradas.
"Después de mi viaje a la Argentina, en 1989, logré que el Parlamento Europeo enviara una comisión investigadora para estudiar la situación de los indígenas", señala el rey-decano.
Fotos, papeles y pruebas
A sus espaldas, un diploma con alma de pergamino resume un pasado de grandeza o un presente de fantasía: el Colegio de Armas de la Sociedad Heráldica española reconoce que Boiry ha probado con certificados fehacientes descender del emperador Carlomagno, de los emperadores de Bizancio, de los reyes de Jerusalén, Francia, Hungría, Inglaterra, Portugal, Aragón, Escocia, Suecia, Baviera y tantas otras familias reales. Cada afirmación de Boiry es acompañada de su documento correspondiente. Los hay de todos los tipos: cartas firmadas por insignes desconocidos, comentarios elogiosos de su causa indígena aparecidos en misteriosas publicaciones, fotos en la que se muestra al rey estrechando la mano de caciques mapuches.
Boiry habla y muestra, expone y ejemplifica. En una foto se lo ve junto al rey Juan Carlos de España, colega entrañable. En otra, más cercana a nosotros, la cordillera de los Andes sirve de fondo a un encuentro intercultural:el cacique Shahueque y una legisladora de Chubut, Irene Vega, de paseo con el príncipe.
Siguen las palabras y sigue el material gráfico. Ahora muestra una carta -ésta sí, mal que nos pese, auténtica- en la que el ex senador nacional Hipólito Solari Yrigoyen le agradece el envío de una de sus antiquísimas medallas, acaso acuñada el año último.
Cuando no hay foto ni texto, Boiry se expresa de modo que casi podamos verlo: "A la Argentina fui invitado por las asociaciones indígenas y, en general, me trataron bien. También fui recibido en la Casa Rosada y me asomé por el balcón".
Entre el material gráfico que derrama sobre el escritorio, el rey se detiene con orgullo insuperable en una carpeta donde se detalla su árbol genealógico.
"Yo desciendo de San Luis (que reinó en Francia hace 8 siglos). Entre él y yo median 25 generaciones". Lo difícil con Boiry es ver de quién no desciende. Su lista de ancestros ilustres es tan apabullante que podría impresionar hasta a un chico de 10 años. Al mirar una y otra vez ese flujo incesante de cetros y coronas que salen de la carpeta, hasta llega a sorprender que estén ausentes, por ejemplo, Ricardo Corazón de León y Luis XIV.
El caso de Oliva
En cierta medida, todo el mundo tiene derecho a sentirse contento con uno mismo y crear sus fantasías. Pero Boiry parece querer elevar su autoestima a costa de los demás.
Ahí está Enrique Oliva, el periodista argentino que escribió sobre su vida y acabó siendo querellado por injurias y calumnias. Días atrás, después de haber elevado el juicio a la Corte de Apelación de París, Boiry retiró la demanda.
Según Dominique De Leusse, el abogado de Oliva, el rey no podía ganar. Según Boiry, en cambio:"Cuando inicié la demanda estaba encolerizado. Después, con el tiempo, me di cuenta de que no valía la pena descender a su nivel. Eran puras mentiras y estupideces".
Si acaso lo de Oliva fueron injurias, nada se compara con la opinión que de él se ha creado Boiry: "Como corresponsal en Francia, tenía mala reputación. Mantenía vínculos con la policía francesa. ¿Por qué no podía tenerlos con la policía argentina?"
-¿Está diciendo que Oliva era un espía?
-¿Pourquoi pas? (¿Por qué no?) La charla transita por alturas que desafían la realidad. Imperturbable, elocuente y casi convincente, Boiry sigue adelante con su tono calmo y moderado.
Descartado el juicio con Oliva, emprende una nueva causa judicial, esta vez contra un país. "Llevamos un reclamo ante la Suprema Corte de Chile, porque entendemos que las leyes chilenas deben dejar de regir al sur de Bio-Bio. Hubo 34 tratados entre la corona española y los indígenas de la zona, que les permitían quedarse con las tierras. Ahora el gobierno está vendiendo esas tierras a los norteamericanos. ¿Qué derechos tienen a venderlas, si nunca se las compraron a sus dueños?" En el mejor de los casos, este hombre apacible y de buenas maneras se ha inspirado en aquel gran amigo de los monarcas, Maquiavelo, para echar mano del recurso que venga con tal de lograr buenos fines: Boiry se hace el rey para defender a los pobres y sufridos indígenas.
"Fíjese que el título de rey de la Araucania no se puede comparar con mi herencia europea, con ser descendiente de San Luis, que es mucho más importante. Pero si yo no usara el título, usted no me habría venido a ver", sentenció.
Se acabó el tiempo. Boiry tiene otra reunión y es hora de dejar la oficina. Bajando un piso, cerca de la salida, un grupo de estudiantes charla y hace bromas en el bar de la facultad.
-¿Ustedes saben, por casualidad, que el decano es un príncipe?
-El acento extranjero les llama la atención. La pregunta los toma por sorpresa. "Sí, bueno, es algo que va de boca en boca", contesta una chica.
"Dicen que el título es comprado", arriesga un profesor de la facultad, que compartía el rato con sus alumnos.
Boiry mantiene su doble vida en perfecta sincronía. Ante alumnos e intelectuales, es un profesor. Frente a extranjeros y nobles, es un rey.
Los estudiantes balbucean algunas respuestas y empiezan a improvisar sobre el asunto, como si fuera un examen para el que no estudiaron. "Escuché que es un príncipe, pero no sabía que de la Patagonia", admitió otra chica.
El desconcierto se disuelve en humor cuando ven pasar a un ayudante de Boiry: "Ese que está ahí es un marqués. Desciende de Luis XVII".



