La reciente jactancia de un tenaz opositor a la construcción de las centrales hidroeléctricas del Alto Biobío, en cuanto a que su cruzada no sólo ha sido la de defender el río Biobío, sino que "hacer algo que nadie hace en estos momentos: cuestionar el modelo de desarrollo y el modelo económico (de Chile)", revela la equívoca posición que asumen hoy los ecologistas extremos. Diario el Sur 12 de Octubre de 1998

 Proyecto de Documentación Ñuke Mapu
 

 
 Opinion
 
Lunes 12 de Octubre de 1998

Ecología profunda

La reciente jactancia de un tenaz opositor a la construcción de las centrales hidroeléctricas del Alto Biobío, en cuanto a que su cruzada no sólo ha sido la de defender el río Biobío, sino que "hacer algo que nadie hace en estos momentos: cuestionar el modelo de desarrollo y el modelo económico (de Chile)", revela la equívoca posición que asumen hoy los ecologistas extremos.

La actitud de oponerse al único sistema económico y social que realmente funciona con éxito en el mundo y al que se incorporan todas las naciones (incluso las que dicen llamarse "socialistas"), muestra una postura insólita que es como negar la justicia en las reivindicaciones económicas del gremio de los profesores.

Las posiciones que asumen hoy los fundamentalistas verdes provienen de los años 70, cuando muchos de ellos se inclinaban por la libertad anárquica y el poder proletario. Luego de la caída del socialismo y las consecuentes desaveniencias entre sus militantes, surgió un sector que abrazó el mensaje del ecologismo extremo y que concentró sus esfuerzos en el panteísmo, posicionándose en temas como la protección de la naturaleza a ultranza, la alienación de los grupos indígenas o la mitificación de símbolos (carta del Jefe Seattle), entre otros.

Así se dio inicio a la llamada "Ecología Profunda" que se caracteriza por una crítica directa a los valores y actitudes sobre los que se cimientan y prevalecen las sociedades de Occidente. Esa ecología nace como una ideología en todo el sentido del término, al ser una cosmovisión que es explicación de la historia pasada y que da respuesta global a los problemas actuales y futuros del mundo.

La ecología profunda es una fusión del hombre con la naturaleza, vista como algo más amplio que su yo, su familia o sus rasgos como ser humano, y por ello se conforma en un estado vital y espiritual de la mayor intimidad fundamentalista. Es decir, esta ideología contrasta con la concepción de un hombre visto como ente superior y para el cual la naturaleza es algo que puede ser usada para su beneficio.

La ecología profunda pretende ser el lente a través del cual se ven las "peligrosas" y "erróneas" ilusiones del mundo occidental de "dominio de lo humano sobre lo no humano", constituyendo por lo mismo una visión radical de la realidad y no un simple plan de reforma, tal como se dan los movimientos ambientalistas tradicionales.

La declaración explica otra característica de la ecología profunda en cuanto a su radical crítica al desarrollo económico y a la capacidad de la tecnología para transformar la naturaleza. Según el movimiento, la evolución de la tecnología está llevando a un proceso creciente y globalizado de interconexión, en el que el hombre ha perdido su rumbo afectando la diversidad natural, bastión de la autorealización panteísta.

De allí la intención de estos supraecologistas en cuanto a cambiar el patrón de consumo, haciendo que las personas experimenten lo que "han perdido", esto es, su conexión con la naturaleza. Proponen vivir en pequeñas comunidades, no tocando los recursos naturales, no alterando la vida de los nativos (salud y educación, ¡fuera!), emulando a las sociedades primitivas y minimizando el uso de la tecnología.

Aunque suenen, están equivocados y por fortuna, son los menos.

Alfredo Palacios Barra


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