Según Jorge Calbucura, "Endesa está empeñada en llevar a efecto una transacción comercial con familias pehuenches, a consecuencia (de) que éstas serán desplazadas. Desde la perspectiva de Endesa, se trata de pagar un precio conveniente y nada más". Diario el Sur 7 de Septiembre de 1998

 Proyecto de Documentación Ñuke Mapu
 

 

Reportajes
7 de Septiembre de 1998

Académicos opinan sobre el conflicto en el Alto Biobío

Presente y futuro de los Pehuenche


Cada año, 10 millones de personas en el mundo son obligadas a desplazarse de sus tierras, producto de diversos proyectos de desarrollo. La experiencia internacional asegura que en todos los casos las consecuencias para los desplazados son más pobreza y menos posibilidades de subsistencia.
Casi un centenar de familias Pehuenche podrían sufrir este proceso si se llega a construir la central Ralco. Estudiosos de esta cultura en Chile y Europa dieron a conocer a EL SUR las exigencias necesarias para asegurar la sobrevivencia de esta particular cultura.

Sergio Alvaro Maureira

Los Pehuenche fueron reconocidos tardíamente por los españoles que llegaron en la época colonial. Habitantes de las zonas altas de la Cordillera de los Andes entre las actuales Séptima y Décima regiones, mantuvieron contacto tanto con los mapuches transandinos como con los asentados en la Araucanía.

Su nombre proviene del mapudungún, significa "gente del pehuén" y resume lo que son como cultura en el ámbito territorial, económico, social y religioso. Sin duda que el soporte básico de su sistema de vida es la existencia del pehuén o araucaria. De él extraen el piñón, fruto muy apetecido por sus características alimentarias y símbolo de vida en su cosmovisión.

Complementando se dependencia del piñón, los Pehuenche se reconocen como ganaderos por sobre el cultivo de la tierra. Para mantener a los animales en plena cordillera, practican la transhumancia: en invierno, cuando los bosques de araucarias y las hierbas están cubiertas de nieve, viven en los cajones de la cuenca del río Biobío junto a su ganado, tiempo conocido como "invernada".

Cuando el sol asume con energía la llegada de la época estival, las comunidades organizan la "veranada", que consiste en el arreo de los animales (generalmente cabras y ovejas) hacia los pastizales tiernos de la cordillera. Los terrenos altos son de uso comunitario, así como los bosques de araucarias, conocidos en esta temporada como "piñoneras", pues en ellos todo el grupo familiar recolecta gran cantidad de frutos que les servirán para fabricar harina, caldos y hasta alcohol.

Según el antropólogo Darío Jaña, investigador de la Universidad de Berlín, "este ciclo anual constituye un capítulo primordial de su economía".

De esta manera, el Este pasa a constituir el punto cardinal más importante: es el lado por donde aparece el sol, donde están los árboles sagrados y el lugar en que está el alimento para ellos y su ganado.

Pero los terrenos de "veranada" no son los únicos importantes en la cotidaneidad de los Pehuenche. La Ñuke-Mapu, la madre tierra en donde está su ruka y descansan sus antepasados, "significa la existencia de lo sobrenatural, la presencia del hombre inserto en el medio que le rodea. Constituye para ellos el espacio sagrado, el sitio propio donde se llevan a cabo los contratos y alianzas entre Ngenechen (dios creador) y los Pehuenche", según el mismo investigador.

Según el sociólogo de la Universidad de Upsalla en Suecia, Jorge Calbucura, la Ñuke-Mapu (madre tierra) "es una noción que no existe en la cosmovisión cristiana. Se refiere a una relación e identificación total con el suelo, con la tierra en el sentido estricto de la palabra. Desde una perspectiva abstracta, emocional y material en términos vulgares se puede analogizar con la noción cristiana de "familia". Desde una perspectiva cristiana es inimaginable enajenar un miembro familiar, ni mucho menos a una madre. Es así que, desde la cosmovisión de los pueblos indígenas es absurdo concebir que la tierra (tan inmaterial como el aire o las nubes) pueda ser enajenada eternamente y como patrimonio privado e individual".

Tampoco existe para los Pehuenche un concepto o palabra que simbolice lo que la cultura occidental denomina "desarrollo económico". Para ellos la tierra, el agua, el pehuén y la naturaleza en general son fuente del sustento de la vida en general y de la suya en particular. Ellos toman lo justo para vivir, no producen para enriquecerse, porque lo que extraen de más siempre será a costa de la carencia de otros.

Pehuenches de fin de siglo

A pesar de lo difícil que es acceder al Alto Biobío, esa zona ha sido durante siglos "teatro de constante flujo cultural, militar, económico y social", según Juan Carlos Gumucio, antropólogo de la Universidad de Upsalla, lo que ha conllenvado un largo proceso de aculturación que el profesor Calbucura no lo asume como una situación negativa, pues toda transformación "es parte inherente de cualquier agrupación humana, (pues) no existen sociedades estáticas".

A pesar de lo anterior, el sociólogo de la Universidad de Concepción Claudio González Parra, resalta que desde la década pasada este proceso se ha agudizado. Como ejemplos detalla la porfía del Instituto de Desarrollo Agropecuario en querer transformar a los Pehuenche en agricultores, a través de la inscripción individual de sus tierras; el Estado no ha sido capaz de profundizar las raíces culturales originarias en los niños pehuenches que asisten a clases, ni menos en lo que se refiere a la cultura dominante, toda vez que un 34% de los indígenas es analfabeto.

Pero lo más grave ha sobrevenido con la llegada de los proyectos hidroeléctricos. La apertura de un camino relativamente expedito hacia el Alto Biobío permitió la periódica venta de alcohol entre los adultos: "En la comunidad de Callaqui existe un grado de alcoholismo que yo nunca he visto", asegura González Parra.

El profesor universitario narra que la Fundación Pehuén, creada por Endesa para mitigar los impactos sociales y ambientales de la central Pangue, "ha creado a ‘superhombres’ mapuches como Laureano Ancanao y Carmelo Levi". El primero fue instalado como "secretario" del lonco máximo del Alto Biobío, Manuel Neucumán, quien permanentemente se ha opuesto a la construcción de las centrales hidroeléctricas, pero que está demasiado anciano para influir en las decisiones que se han estado tomando al respecto.

"La gente confía en Ancanao, porque el ahora da trabajo a los pehuenches para, por ejemplo, levantar los cercos del fundo El Barco", uno de los que la compañía ofrece como permuta de las familias que serían inundadas con la edificación de la central Ralco. En el caso de Levi, él es ahora evangélico y en su terreno se levantó la iglesia respectiva, religión que ha entrado fuertemente entre los pehuenches, muchos de los cuales han abandonado sus ritos ancestrales por impedírselo su nueva creencia.

Según un estudio realizado en 1996 por un equipo de investigadores del departamento de Sociología de la Universidad de Concepción, "las comunidades indígenas del Alto Biobío sufren hoy día graves conflictos de liderazgo. De las siete reducciones indígenas, solamente Ralco-Lepoy figura como comunidad legalmente constituida".

Detalla que la representación tradicional de loncos comunitarios fue superada con la instauración de juntas de vecinos, precooperativas campesinas y asociaciones indígenas, "cada una con un líder con su propia esfera de poder, sus propias familias y grupos de familia como seguidores, lo que conlleva interminables luchas de poder".

En el área cultural, el informe destaca como principal debilidad que este proceso de aculturación "es disfuncional a un real proceso de integración y superación de la marginalización en la que actualmente se encuentra la comunidad Pehuenche", situación que se manifiesta en la pérdida de manifestaciones tradicionales de recreación, la identificación con los valores de consumo de la sociedad nacional o la inexistencia de la machi, que encabezaba la ceremonia del nguillatún (rogativa).

Golpe de timón: las represas

Todos los estudios realizados de manera independiente en el Alto Biobío concluyen de manera simultánea que la instalación de las centrales hidroeléctricas proyectadas en su cuenca "plantean el peligro de que la cultura Pehuenche desaparezca", afirma Claudio González.

-¿Por qué no se han considerado estos estudios por parte del gobierno y Endesa?

-Yo creo que existe mala fe. Han usado el poder derecha y fríamente para poner de lado esos estudios, para que esta información no sea conocida por la gente que está involucrada. Pregúntenle al gobernador del Biobío, al intendente o a las personas ‘expertas’ si tienen idea de que existen estos reportes. Hay una situación que parte del desconocimiento de una realidad; eso es muy dañino para la superviviencia del pueblo Pehuenche-.

Según Gumucio, con estos proyectos los Pehuenche pasarán "de gente pobre con cierto nivel de autosustentación a gente igual de pobre, pero con menos capacidad de autosustentación".

El sociólogo Calbucura, por su parte, rescata las conclusiones de la Conferencia Internacional sobre Desplazamiento y Reasentamiento realizada en 1996 en la Universidad de Oxford. Las observaciones de delegados de 24 países industrializados y en desarrollo han establecido que "cada año, 10 millones de personas son desarraigadas y empobrecidas debido a proyectos de desarrollo... El desplazamiento involuntario incrementa el riesgo de empobrecimiento".

"La experiencia en el estudio de estos casos ha establecido que la simple compensación económica o facilitación de condiciones materiales no permite a los desplazados la reconstrucción y mejora en sus condiciones de vida sobre bases productivas, ni mucho menos protege la integridad de los grupos culturales", sintetiza el experto, quien agrega una interrogante: "en Chile no hay ningún tipo de experiencia en este campo. ¿Que garantías existen para que este patrón general no se repita?

Futuro incierto

¿De qué manera, entonces, debería enfrentarse la actual situación en que están las comunidades del Quepuca-Ralco y Ralco-Lepoy? El proyecto central Ralco exige que un importante número de familias deban ser trasladadas a sectores relativamente alejados de sus tierras originarias.

Gran parte de ellas han aceptado las permutas, más allá de la polémica originada en torno a cómo Endesa logró los acuerdos con cada uno de los propietarios. Pero hay un núcleo de pehuenches, las familias más tradicionalistas, que han declarado que por ningún motivo cambiarán sus tierras por los ofrecimientos de Endesa.

El problema, según Jorge Calbucura, es que "Endesa está empeñada en llevar a efecto una transacción comercial con familias pehuenches, a consecuencia (de) que éstas serán desplazadas. Desde la perspectiva de Endesa, se trata de pagar un precio conveniente y nada más".

González Parra conoce personalmente a esos pehuenches, quienes "consideran un deber muy personal, de vida, mantener la tierra que sus antepasados y divinidades les entregaron para su cuidado. Con esa gente tendrías que tener una muy importante discusión, pero en el caso de las hermanas (Nicolasa y Berta) Quintremán tiene que ser una persona que hable mapudungún tanto como ellas, de igual a igual, una persona que la consideren de respeto".

Agrega que la fórmula de arreglo se debe dar "en una buena mesa de negociación. Los pehuenches no son tontos. Ellos han sobrevivido a todo: a los españoles, a las masacres del ejército chileno y argentino. Va a haber un momento en que ellos van a decidir por si. Nosotros no podemos empujarlos, como lo ha hecho Endesa, a tomar una decisión que no ha sido totalmente autónoma. Ellos deben tomar una decisión, y nosotros fuera, ¡fuera!. Si ellos deciden libremente hacer la represa, ¡que se haga!".

Gumucio agrega: "Creo que los pehuenches tienen que oponerse al máximo a la construcción de Ralco, para luego, en un momento propicio, negociar las mejores condiciones posibles. Para que exista futuro desarrollo pehuenche tiene que darse un convenio formal en que se destine al pueblo Pehuenche un porcentaje de la plusvalía generada por la electricidad que se produce en la cuenca y por el turismo que las represas generen".

Todo ello con la obligación de respetar una de las características básicas del sistema económico Pehuenche: su migración anual entre invernadas y veranadas.

"Las familias pehuenches que bajen hacia Santa Bárbara (fundos El Huachi y Santa Laura) van a perder muy rápidamente sus costumbres, salvo que permanezcan ligados a la comunidad primitiva. Si se asegura que pueden subir y tener las veranadas, la transhumancia a la que están acostumbrados se va a mantener. Eso es fundamental dentro de la cultura Pehuenche. Pueden cambiar muchas cosas, pero hay cosas que son básicas. Ellos tienen una migración vertical todos los años. Si se les da esa oportunidad, esa cultura va a continuar reproduciéndose", subraya González Parra.

En el fondo, como apunta finalmente Juan Carlos Gumucio, "es importante poder llegar a posturas que acepten la diversidad de las dinámicas sociales como un recurso y no como un obstáculo. Esto es fundamental no sólo para los Pehuenche, sino para toda la población indígena. Aún más, es de importancia para el país entero si se pretende en un futuro cercano ir más allá de estructuras caducas que insisten por ejemplo en el centralismo y en la condición monopólica del idioma español, negando las diferencias regionales que hay desde Tierra del Fuego hasta Tarapacá. Esta labor de educación podrá llevar a una mayoría democrática a reconocer lo que ya existe en el Alto Biobío: grupos de mujeres y hombres que quieren poder participar del quehacer nacional sin dejar de ser Pehuenche".

 
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