Todos los fotografiados pudieron asistir a la inauguración de la muestra en Buenos Aires. "Cada uno de los retratos fue compartido, el trabajo siempre fue pautado de ambos lados", explica, y queda claro en sus fotos. No hay misericordia ni exotismo en la mirada de Miles. Sí hay goce, juego, una fuerza vital que interpela desde cada fotografía. Allí están la arena, el fuego, los cuerpos que se relacionan con esa arena y ese fuego, las fibras vegetales como cabellos, el cielo tan azul, las nubes, la sangre rojísima del carpincho recién carneado, destacada aún más por las copias de diapositivas. Allí está el Chaco salteño. Quien quiera ver que vea. Página 12 (Buenos Aitres), 1 de octubre de 2004.

 
Buenos Aires, 1 de octubre de 2004.
CHACO, NOTABLE MUESTRA DE GUADALUPE MILES
por Darío Aranda
Los wichí, con otros ojos
La fotógrafa expone sus obras en la Fotogalería del San Martín. Imágenes sorprendentes de la comunidad wichí.


Guadalupe Miles se fue a vivir a Salta para darle forma a su ensayo fotográfico.
Una chica posa de cara al sol. Está tendida en la orilla de un río con formas grises y ondulantes. Se sabe joven, llena de vida, bella. En otra toma la chica se estira al cielo sólo cubierta por la bombacha y unos collares. La chica es hermosa. Dueña de una sensualidad que interpela a quien la mira. Los de la chica son algunos de los retratos que forman parte de la muestra Chaco, que la fotógrafa Guadalupe Miles concretó tras ocho años de trabajo en una pequeña comunidad aborigen del Chaco salteño. Un trabajo alejado de las miradas antropológicas y piadosas que suele suscitar el acercamiento al tema aborigen y que se expone hasta el próximo lunes en la Fotogalería del Teatro San Martín.

El del Chaco salteño no es un paisaje desconocido para Miles. Sus bisabuelos vivían en esa zona (aunque más al sur de donde realizó su trabajo) y ella solía ir a pasar allí sus vacaciones cuando era chica. Como fotógrafa llegó por primera vez ocho años atrás y ya no pudo dejar de ir. "Me habían encargado un trabajo y el lugar me impactó de tal manera que después seguí yendo por mi cuenta. En ese momento no sabía bien qué tenía de especial, quizá me conectaba con ciertas cuestiones vitales o con algo que tenía que ver con mi niñez", cuenta Miles. Año tras año siguió realizando su ensayo siempre en la misma comunidad wichí de no más de treinta familias, donde poco a poco le fueron abriendo las puertas. Más tarde ganó las becas Antorchas y del Fondo Nacional de las Artes, que le permitieron la continuidad del trabajo, que aún no tiene fecha de conclusión.

Antes de encarar estos ensayos, Miles trabajaba como fotógrafa en Buenos Aires y sabía, aunque de una forma no definida, que necesitaba trabajar en otro lugar. "No sabía bien de qué quería hablar pero sí sabía que eso estaba en algún lugar del norte", explica Miles, que vivió de los 9 a los 18 años en Salta. Desde 1996 a 2000 concretó una primera parte del trabajo en blanco y negro, y en 2001 arrancó la serie en diapositivas color de la que surgió la muestra del San Martín. Ese lugar redescubierto, "El Chaco", como lo llaman los lugareños, llevó a la fotógrafa a tomar la decisión de emprender el camino de regreso e irse a vivir a Salta.

Miles cuenta que fue ganando confianza "muy de a poquito" y que hubo una primera familia que la ayudó mucho en el proceso. Pero no quiere dar más detalles. Prefiere preservar algo del secreto que se entrevé en sus fotografías. Todos los fotografiados pudieron asistir a la inauguración de la muestra en Buenos Aires. "Cada uno de los retratos fue compartido, el trabajo siempre fue pautado de ambos lados", explica, y queda claro en sus fotos.

No hay misericordia ni exotismo en la mirada de Miles. Sí hay goce, juego, una fuerza vital que interpela desde cada fotografía. Allí están la arena, el fuego, los cuerpos que se relacionan con esa arena y ese fuego, las fibras vegetales como cabellos, el cielo tan azul, las nubes, la sangre rojísima del carpincho recién carneado, destacada aún más por las copias de diapositivas. Allí está el Chaco salteño. Quien quiera ver que vea.
 

Sin mirada colonizadora
Por Eduardo Gil
Fotógrafo.

“En Chaco encontramos una de las más potentes posibilidades estéticas de la fotografía, por esa profundidad esencial que inexorablemente surge en trabajos donde se conjugan la potencia del sentido significante con una evidente preocupación por las problemáticas más acuciantes del arte contemporáneo.

Guadalupe Miles supo correrse del lugar previsible de cierta mirada colonizada, pintoresquista y superficial dedicada a los actores y parajes que pueblan sus imágenes. Es allí donde radica la fuerza subversiva que fisura el estándar de la placidez adormecedora para proponernos senderos más inquietantes y reveladores.

”En las fotografías de Miles la sensualidad y lo siniestro conviven, aparecen o se ocultan, pero siempre están presentes, tal como en el escenario de la vida. En esa dialéctica de lo que se extingue y lo germinal reside una de las claves que posibilitan develar el sentido de la obra de una de las más prometedoras figuras del panorama fotográfico argentino actual.”
 
 

Pulsiones de vida y muerte
Por Juan Travnik
Fotógrafo, director de la Fotogalería del Teatro San Martín.
 

“Las imágenes de Guadalupe Miles son producto de una experiencia personal. No buscan el documento periodístico, que indefectiblemente mostraría una mirada externa o costumbrista.
 
Envuelta en el afecto de quienes poco a poco la recibieron como a una más, Guadalupe aprendió de ellos la conexión vital que mantienen con la naturaleza, de sus silencios, de la libertad para el goce, de la aceptación del dolor. De su comprensión sabia del ciclo de la vida-muerte-vida.

”Las imágenes de este ensayo, de magnífica belleza, conjugan la presencia de una dualidad mítica: la vida y la muerte. Una dualidad que, según el momento histórico, se ha citado como el cielo y el infierno, el bien y el mal.

La sensualidad y el deseo presentan en estas imágenes el instinto de las fuerzas de la vida, de lo orgánico. Tendencias instintivas que luego, en el lenguaje que nace con el psicoanálisis, se mencionan como oposición entre las pulsiones de vida (Eros) y muerte (Tanatos).

Los paisanos llaman sombra a las fotografías. Para Guadalupe son una forma de asir aquello que ama. En un pequeño texto, ella dice: ‘Hago fotografías, tomo su sombra y queda allí también la mía.”

 
 

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