"El N'vique imita el canto de los pájaros, el viento, el zumbido del enjambre, las uñas del jaguar afilándose en la corteza de los árboles. Y cada uno trae su anuncio", dice el luthier toba Gregorio Segundo. Allá, hace mucho, en la oscuridad cerrada del monte, los indios lo usaban para buscar pareja. Decían entonces que atraía a las mujeres. Hoy, responden al llamado músicos de vanguardia de prestigio mundial como David Harrington, líder del Kronos Quartet que lo usó en varias composiciones y hasta sueña con tocarlo en el Teatro Colón. Clarín (Buenos Aires), 7 de febrero de 2004.
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Buenos Aires, 7 de febrero de 2004.
por Marcelo Sánchez. CHACO. ESPECIAL.
El violín toba que imita a los pájaros y cautiva en EE.UU.
Se llama N' Vique, está hecho de lata y tiene una sola cuerda de pelo de caballo. El prestigioso Kronos Quartet de Nueva York quiere incorporarlo a su ensamble.
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Desde mediados de la década del 70, el Kronos Quartet ha hecho más esfuerzos que nadie por saltar las barreras entre la música culta y popular. Se trata de un ensamble de cuatro cuerdas capaz de llevar al terreno de la música clásica composiciones de Astor Piazzolla, Thelonius Monk o Jimi Hendrix. Está formado por David Harrington (violín), John Sherba (violín), Hank Dutt (viola), Jennifer Culp (chelo). Con 18 discos editados desde 1984, son uno de los más celebrados actos de vanguardia en todo el mundo. |
Allá, hace mucho, en la oscuridad cerrada del monte, los indios lo usaban para buscar pareja. Decían entonces que atraía a las mujeres. Hoy, responden al llamado músicos de vanguardia de prestigio mundial como David Harrington, líder del Kronos Quartet— ensamble neoyorquino que transita las fronteras entre la música culta y popular— que lo usó en varias composiciones y hasta sueña con tocarlo en el Teatro Colón.
¿Qué es entonces lo que un artista de vanguardia encuentra de especial en este instrumento fabricado tan solo con una lata y crin de caballo?
Para descubrirlo habrá que llegar hasta el Chaco, en las afueras de Resistencia, aprender un poco de la nación "Qom" y preguntar en lengua nativa por la "Bandada de Zorzales".
Cuando el Coro Chelaalapí canta, el tiempo se borra de un zarpazo y uno se queda desnudo, estático ante el rito ancestral de los tobas. Sus voces, sus tambores y sonajas despiertan los ruidos del monte. Sobre esa atmósfera de silbidos cazadores y chillidos animales se distingue una voz aguda, profunda como un lamento. Es la voz del N'vique.
En rigor, se trata de un invento moderno que nació a la sombra de los monjes españoles, a imagen y semejanza de sus primos, el laúd y el violín. Los primeros instrumentos de cuerda que llegaron al Chaco los trajeron los franciscanos de la misión San Buenaventura del Monte Alto, allá por 1850.
Los tobas hicieron su propia versión con lo primero que tenían a mano: una lata quemada (para subir la estridencia), una cuerda de mechón de caballo o de oso hormiguero. Para el mango utilizaron madera de espina corona y lapacho para el arco.
En el siglo XXI, el músico y productor Gustavo Santaolalla lo prueba en el living de su casa, en Los Angeles, California. Súper cómodo, relajado, el gurú del rock latino juega con su N'vique. Experimenta el vértigo de su cuerda, la estira, la aplasta. "Esta bordona de crin...", dice a Clarín por teléfono. "...trae un llanto incorporado. Es muy expresiva, con cualidades similares a la voz humana. Pero también suena como un zumbido, una mezcla de Ommm...y de zzzrrr".
Los oídos avezados podrán reconocerlo en la banda de sonido de las películas Amores perros -del director mexicano González Iñarritu—, Diarios en Motocicleta —del brasileño Walter Salles—, y en muchas composiciones de Santaollala, que lo lleva como sello personal.
"El jefe", como le llaman sus íntimos, fue quien descubrió el instrumento toba a oídos del Kronos Quartet. David Harrington, su líder, quiso tener esa sonoridad en el ensamble y envió sus emisarios a las tierras del Qom, como se llamaban ellos mismos antes de los españoles los clasificaran como "tobas".
Los emisarios Sebastián Escofet y Picky Talarico— músico y cineasta— llegaron rápido, en avión. Pero les tomó su tiempo sentarse a la ronda de los Chelaalapí. Cabe señalar que el grupo funciona como una suerte de Consejo. La mayoría de sus integrantes pisa los 50 y son la última generación de aborígenes nacidos y criados en el monte. Son considerados maestros de vida, que guían, curan y aconsejan.
A Escofet le sorprendió que los tobas no afinaban sino que se ponían en clima. Mientras esto pasaba la abuela Zuni, Iguiaké en su lengua, les decía: "Si uno va muy rápido, se le puede salir el alma, y pierde su luz. Sin luz, Dios no consigue verte, y si Dios no te ve, te puede pasar cualquier cosa". Talarico, dice ahora, lo recuerda habitualmente cuando se mueve por la gran ciudad.
De nuevo en el primer mundo los emisarios desembolsaron videos y grabaciones. Harrington ya hizo su pedido: un juego de violines, viola y violonchelo. No hay fechas, ni proyecto concreto, pero sueña con aggiornarlos en una obra contemporánea, llevarlos de gira y lucirlos a toda gala en el Teatro Colón.
Al luthier toba Gregorio Segundo le gusta. Se le nota en la cara. Está sentado a la sombra de un mango, en su humilde casa del barrio aborigen que construyó el último gobierno militar. También relajado, se acomoda en la silla, se seca el sudor de la frente y aunque es hombre de pocas palabras, habla.
"El N'vique imita el canto de los pájaros, el viento, el zumbido del enjambre, las uñas del jaguar afilándose en la corteza de los árboles. Y cada uno trae su anuncio", dice. A él no le caben dudas, el violín tiene magia, y se somete al ritual de quemarla por varias horas. Así va templando el sonido, y la superstición.
Hacinado en la pobreza, Gregorio
Segundo se alegra de que los blancos se interesen en su cultura, pero sabe
que no pasa lo mismo con sus hijos. Que se está perdiendo el
legado. Seguramente por ellos pedirá esta noche, después
de que salga el lucero, cuando saque el N' Vique.
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