El lunes 5 de mayo se realizó una charla en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, donde integrantes de distinas comunidades y organizaciones indígenas hicieron eco de sus reclamos, reivindicaciones y luchas territoriales. Concurrieron hermanos de La Paz y La Estrella (Wichí, Chorote y Chulupí) del Chaco Salteño; Comunidad India Quilmes (Diaguita) de los Valles Calchaquíes y el Consejo Asesor Indígena (Mapuche) de Río Negro. Los presentes en su mayoría eran estudiantes, más algunos indígenas que habitan en Capital y Gran Buenos Aires. La invitación se hizo extensiva a todos los medios de comunicacion ya que no sólo era una jornada de intercambio, sino también de denuncia y difusión. Fiel a la tradición de un país que se dice "blanco y occidental", sólo asistieron FM La Tribu, FM Folklórica e Indymedia. "Tengan siempre en cuenta eso, nosotros estamos allá, al fondo, bien al fondo, pero nuestro fuego esta bien encendido". Indymedia, 9 de mayo de 2003. 

 
 AIPIN, Prensa India
"Difundiendo presente y sembrando futuro"

 
 

Indymedia, 9 de mayo de 2003.

Argentina

Reclamos de comunidades originarias de Salta, Tucumán y Río Negro


El lunes 5 de mayo se realizó una charla en la Facultadad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, donde integrantes de distinas comunidades y organizaciones indígenas hicieron eco de sus reclamos, reivindicaciones y luchas territoriales. La cita fue a las 19:30 hs. y concurrieron hermanos del Pueblo Chorote, Wichí, Diaguita y Mapuche.

La jornada se extendió por tres horas, ante unas sesenta personas que escucharon atentas. Los presentes en su mayoría eran estudiantes, más algunos indígenas que habitan en Capital y Gran Buenos Aires.

Los hermanos que dieron la charla pertenecen a las siguientes comunidades y organizaciones: La Paz y La Estrella (Wichí, Chorote y Chulupí) de la región conocida como Chaco Salteño; Comunidad India Quilmes (Diaguita) de los Valles Calchaquíes de Tucumán y el Consejo Asesor Indígena (Mapuche) de Río Negro.

La invitación se hizo extensiva a todos los medios de comunicacion ya que no sólo era una jornada de intercambio, sino también de denuncia y difusión. Fiel a la tradición de un país que se dice "blanco y occidental", sólo asistieron FM La Tribu, FM Folklórica e Indymedia.

La actividad fue organizada por el "Programa Permanente de investigación y desarrollo en comunidades aborígenes de la Argentina" y el "Centro de documentación, capacitación y divulgación de Pueblos Indígenas", con quienes trabajan los integrantes de las comunidades y organizaciones presentes.

Del Gran Chaco al Chaco Salteño.

La Paz y La Estrella se encuentran en el lote fiscal 55, en la ribera del río Pilcomayo, provincia de Salta. El lote posee una extensión de 230.000 hectáreas y es compartido por decenas de comunidades. Vecino del lote fiscal 14, de 460.000 hectáreas, ambos forman parte de lo que se conocía como el "Gran Chaco" (parte de Salta, Formosa y Chaco).

En el siglo XVI, los españoles quisieron ocupar la región pero fueron expulsados por los originarios. Tal como sucedió con los Mapuche, sólo la campaña militar del naciente estado argentino pudo con ellos. No les fue fácil, y los documentos del ejército lo atestiguan.

Así, en 1911 el coronel Enrique Rostagno -con la orden expresa de "barrer las orillas del Pilcomayo"- tuvo que desistir del ataque al verse rodeado por más de 10.000 indígenas. Recién en 1938 el Ejército Argentino decidirá disolver el Regimiento de Gendarmería de Línea, poniendo fin a las operaciones de conquista. El territorio quedaba militarmente "pacificado".

Pero como se encargó de destacar Marcelo del Consejo Asesor Indígena (CAI), la "Campaña del Desierto" culminó sólo en su aspecto militar. El Estado y las potencias mundiales continúan asechando sobre territorio indígena.

Del Virreynato al Mercosur.­ Las migraciones paulatinas de "blancos" hacia la región durante todo el siglo XX, con el consecuente ingreso de prácticas ganaderas, ha erosionado los suelos y degradado el medio ambiente. Las formas tradicionales de subsistencia con las que los pueblos del Chaco Salteño lograron abastecerse desde tiempos inmemoriales, hoy son insuficientes.

Para el año 1999, en el lote fiscal 55 la desnutrición infantil promedio para niños menores de 5 años era de un 30%. Por todos estos motivos, un gobierno que se considere mínimamente humano debería tener en cuenta los impactos de cualquier tipo de mega emprendimiento.

Aún así, y en parte debido a la presión estadounidense de integrar al país en el sistema de libre comercio, el gobierno emprendió un plan de desarrollo regional que une Paraguay con el noreste de Argentina y Chile con Brasil. Sin consultar a sus pobladores originarios, la construcción comenzó a mediados de la década de los 90 junto a la Comunidad La Paz.

En respuesta, el 25 de agosto del año 1996 más de mil indígenas pertenecientes a los lotes 55 y 14 realizan la ocupación del puente. La acción se extendió valientemente por 23 días y finalizó cuando se hizo presente el Ministro de Gobierno de la Provincia Miguel A. Torino, quién se comprometió en un acta a que toda obra de urbanización sería consensuada con las comunidades afectadas.

El acta también prometía dictar en un plazo no mayor de 30 días un decreto para la adjudicación definitiva de las tierras de los lotes fiscales, otra de las luchas históricas que llevan a cabo los miles de indígenas que habitan la región. Siete años después, todo quedó en la nada.

Osvaldo, wichí de la comunidad, recordó la amenaza que significa para los pobladores originarios la construcción del puente y que la región se convierta en una ciudad fronteriza. Las tierras se degradarían aún más, los ríos no servirían para la pesca, "nuestras mujeres tendrían que vender su cuerpo".

Como un aviso de lo que podría venir, hoy en la comunidad hay un puesto de gendarmería que controla el paso fronterizo, perjudicando la comunicación entre familias que viven de ambos bordes del río y ejerciendo un control violento sobre sus actividades tradicionales.

Lengua, cultura y salud.­ Los pueblos que habitan el Chaco Salteño no han sufrido con tanta intensidad la irrupción de la cultura occidental capitalista en sus vidas. Más allá de los daños económicos y ambientales, lo propio se mantiene. A diferencia de lo que pasa con otros pueblos, allí no sólo los ancianos hablan la lengua originaria; también los niños.

Pablo Segundo, el maestro bilingüe de La Estrella, contó en un español forzado que "allá el castellano casi no se habla, solamente nuestro idioma; todos estos conocimientos del padre y de los abuelos todavía se mantienen, el tema de la pesca los chicos también lo practican".

Las danzas se han perdido en gran medida, pero el hermano comentó ilusionado que desde hace dos años están trabajando intensamente para recuperarlas e inculcarlas a los menores. Así es como eligieron el día 11 de octubre para hacer un gran festejo junto a otras comunidades cercanas, donde se baila, danza y canta. Es una jornada donde se reafirma la propia cultura: "para nosotros es una fiesta, y al otro día ya no hay nada...esa es la idea nuestra".

Otro hermano relató cómo ante la desprotección del Estado, él era el encargado de la salud en "La Estrella". Aún así, no está reconocido por el Ministerio de la Salud Pública. El chorote resumió las pretensiones de los pueblos que habitan la región: "trabajar la tierra, vivir de la pesca, es toda cosa que veníamos haciendo, eso es lo que queremos".
 

Eco de los Valles: la Comunidad India Quilmes.

 La situación cambia de matiz según el Pueblo y la comunidad. En el caso de los Diaguita el idioma se ha perdido y no quedan siquiera registros de ella. Luego de la conquista del territorio hacia finales del siglo XVII, los españoles prohibieron hablar el kakan -lengua originaria- con el temeroso castigo de cortar la lengua de quien osase pronunciar palabra alguna.

Para la misma época, una gran cantidad de diaguitas son trasladados de forma forzosa a las costas bonaerenses. Pero como dijo Delfín Gerónimo, esa es historia conocida. Lo que no es tan conocido es qué pasó con los originarios que quedan en el Valle: "a partir de ahí la historia nos sepulta".

En realidad, la vida no terminó para estos originarios, ni mucho menos dejó de ser dura. Si bien en el año 1716 logran que la Corona Española los reconozca en un tratado como los dueños legítimos de más de 100.000 hectáreas -dando lugar a la conformación de la actual Comunidad Indígena de Amaicha del Valle- desde principios del siglo XIX los terratenientes fueron apoderándose de una parte del territorio.

De allí en adelante vendrá un siglo y medio de atropellos: "de ser dueños legítimos pasamos a ser intrusos en nuestra tierra" resume. Sus abuelos estaban obligados a trabajar de forma gratuita las parcelas del terrateniente, así como a participar de las zafras. Ya en siglo XX, el usurpador quita los documentos de los pocos indígenas que lo poseían y vota por ellos.

El hermano Delfín relata que es a partir de finales de 1960 cuado renace una lucha de reivindicación territorial y de derecho de los Pueblos Indígenas. "Hasta la fecha hemos crecido en organización, hemos ido conociendo derechos, participando en conseguir instrumentos legales, a nivel nacional y a nivel provincial". Así se consiguen algunas conquistas, por lo demás insuficientes, como la Ley Nº 23302 o la reforma de la Constiticución del 94.

Desalambrando.­ A fuerza de avances continuos, los Quilmes han logrado recuperar una parte de sus territorios. Pero los títulos se encuentran en manos extrañas y el conseguir los papeles que acrediten la propiedad comunitaria de las tierras se ha convertido en una de las principales luchas. Se trata de unas 60.000 hectáreas que coinciden con los límites trazados en el antiguo tratado.

El diaguita explicó la importancia de los títulos, ya que "teniendo un marco jurídico del territorio, nosotros podemos por un lado defender y conservar los recursos naturales, como ser el agua, la leña, los recursos forestales, y poder crecer trabajando con esos recursos, pero sin destruirlos, cosa que pasa comúnmente cuando el manejo no está en manos de los Pueblos Indígenas; porque los conceptos de manejo y de explotación son diferentes".

Entre las tierras que restan recuperar se encuentran las "Ruinas de Quilmes", ciudad donde habitan los restos de sus ancestros. La propiedad está en manos de la Provincia, quien la consesionó a un empresario tucumano llamado Héctor Cruz. Las disputas por la posesión del sitio arqueológico datan de una década atrás, y Delfín anunció que la próxima semana comenzarán las nuevas negociaciones con el gobierno provincial.

Diálogo nada fácil en una provincia que "históricamente ha negado la existencia de las comunidades con sus territorios y donde no hay siquiera en el estado una institución que tenga que ver con los Pueblos Indígenas" remarcó.

Pero esa no es la única preocupación. Delfín contó que "el sistema de salud oficial no llega a la comunidad, y estamos proponiendo nosotros mismos capacitar gente para que hagan de agente sanitario o promotores de salud". Otro tanto pasa con la educación formal, ya que los valores comunitarios diaguitas no están incorporados y "la escuela en vez de formar, deforma cuando no es lo propio".

También destacó que más allá de la perdida gradual de su cultura, hoy perviven muchos rasgos desperdigados (parte del arte y de la música, el sistema de trabajo, la alimentación) y que la intención es "hilarlos" para poder transmitirlos a las nuevas generaciones.
 

Voces del Wallmapu.

El Pueblo Mapuche es conocido por ser uno de los que más resistencia opuso al invasor. Tanto en el Gulumapu (territorio del este, Chile) como en el Puelmapu (territorio del oeste, Argentina) sólo pudieron arrancarle sus tierras entrando al siglo XX, con armas financiadas por el imperio británico.

El territorio mapuche incluía a la misma Buenos Aires, afirma convencido "Chacho" del Consejo Asesor Indígena (CAI) de Río Negro. Y fundamenta: "mi familia, por parte de mi padre, es de la zona de Azul, y Azul no está en Río Negro, no está en Chubut, Azul no está en el Gulumapu, Azul está acá, en esta provincia".

Las distintas campañas militares tuvieron por objetivo "limpiar" de originarios a la Patagonia, con el fín de convertir a la naciente Argentina en un país ganadero y agroexportador, tal como dictaban los intereses de entonces. Pero mal que le pese a muchos, los Mapuche no pudieron ser exterminados: aún existen y son muy numerosos, como se encargó de remarcar el peñi.

Uno de los problemas que tuvieron que atravesar es el estado de dispersión en el cual quedaron: "son muy pocos los grupos los que quedaron bastante compactos, manteniendo bastante la cultura". También aclaró que después de soportar la guerra de exterminio, se tuvo que resistir a la política de anulación, persecusión y prohibición llevado a cabo por las distintas instituciones, como la educación y los medios de comunicación.

En algunos casos, eran los mismos padres los que incentivaban a los niños a aprender más de la cultura occidental, para así poder defenderse mejor. Justamente ese es uno de los trabajos que intenta hacer su organización: "la tarea diaria es ver cómo funciona esto, ver el funcionamiento político, científico, legal, de la educación, de la salud, fundamental para nuestra defensa, para entenderlo y para ver cómo hacemos para pensar y proponer otra cosa".

Y aclara por si quedan dudas que lo que se busca no es "volver para atrás", sino simplemente "seguir siendo lo que somos". Como cada pueblo tiene el derecho a "seguir siendo", otro de los objetivos del CAI es buscar el diálogo con el resto de la sociedad no-mapuche "para desarrollar la vida, pero que la vida le sirva a todos, no la vida para un grupo que se beneficia basándose en la explotación, en el robo y la miseria de la mayoria".

Tampoco dejó pasar la posibilidad de solidarizarse con el pueblo santafesino: "sabemos lo que está sintiendo esa gente, porque somos tambien los inundados, somos los que nos tapa la nieve, somos los que perdemos las casas".

Persecusión en la meseta rionegrina.­ Marcelo, de Ingeniero Jacobacci y también del CAI, comentó algunos de los atropellos que sufren los mapuche de la provincia. Relató el caso de la familia Casiano, la cual está resistiendo una orden de desalojo y se encuentra procesada por "usurpación".

Los mapuche habían recuperado las tierras que hace más de 30 años les quitó con engaño el terrateniente Felipe Abii Saad. Cansados de esperar los trámites burócraticos que el sistema impone, el 18 de diciembre del año 2000 la familia instala un campamento en las tierras. En ese momento, el sobrino de Felipe, Alberto Abii Saad inició un juicio penal por usurpación que perdió.

Después de más de dos años, durante los cuales los mapuche recibieron toda clase de amenazas e intimidaciones por parte del terrateniente, el 7 de abril de este año la familia se decidió a ocupar públicamente el casco mismo de la estancia.

El 13 de abril, el Consejo de Desarrollo de Comunidades Indígenas de Río Negro reconoce a los Casiano como los legítimos dueños de las tierras, pero la denuncia presentada por Abii Saad prosperó en tribunales y el 23 del corriente el juez de Instrucción en lo Criminal y Correccional, Dr Joos de San Carlos de Bariloche ordenó el procesamiento y desalojo.

A las pocas horas se hizo presente las fuerzas de seguridad, amenazando a los mapuche con utilizar a las brigadas especiales de represión antimotines si se resistían. "Hemos sacado cuentas y tienen un promedio de una visita semanal de la policía" denuncia el integrante del CAI.

También destacó que en este caso el terrateniente no tiene título de propiedad ni posesión del terreno. "Uno podría defender su lugar, teniendo posesión, trabajando la tierra, haciendo mejoras, etc. pero la familia sólo tiene un empleado".

Por último se refirió a las 5 millones de tierras fiscales de la provincia, de las cuales gran parte tienen posesión los mapuche. "Esas tierras pertenecen al pueblo mapuche, porque viven en ella. Porque antes que esto sea Argentina, nuestro pueblo vivía ahí".
 
 

Flor de esta tierra.

Para concluir este informe no se me ocurre nada mejor que las palabras de Daniel, coordinador del programa en la Comunidad La Estrella, quien hace 8 años pensó que no alcanzaba sólo con hablar y decidió irse a trabajar y vivir junto a ellos.

"Nosotros escuchamos mucho León Gieco allá. Hay una canción que pregunta: ¿Por qué cambiaste el mar de gente por donde gobierna la flor? En donde estamos nosotros sigue gobernando la flor. "Nosotros somos flor de esta tierra" (expresión en lengua chorote).

Por eso nosotros queremos decirle tanto a ustedes, tanto a los changos que vienen del norte, tanto a los changos que vienen del sur: nosotros cada hombre que está con la red, además del pescado que tiene ahí, y cada mujer que va a buscar leña, además de la leña, y cada mujer que se va al monte, además de los frutos, y cada vez que nosotros hacemos una olla para todos, además de la comida, tenemos la decisión irrenunciable de ser protagonista de nuestra historia.

Tengan siempre en cuenta eso, nosotros estamos allá, al fondo, bien al fondo, pero nuestro fuego esta bien encendido".

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