La Conquista del Desierto fue un aspecto de su gestión, con todos los errores que se le pueden achacar como su falta de fe en la democracia y su manejo político demasiado cínico. "Aquí era aniquilarlos o empujarlos a la cordillera como era el plan de Roca, que no era desatinado. Era visto como el coronamiento lógico de un proceso de más de cien años durante el cual los indios habían terminado por convertirse en una especie de plaga. Vivían del saqueo, tenían tarifas para devolver los cautivos. No hablo de los indios de la primera mitad del siglo XIX sino desde 1850, cuando ya participan de las guerras civiles, reciben sobornos para quedarse quietos y han adquirido todos los vicios de la civilización". No se puede entender la Argentina moderna sin Roca y sin Pellegrini, por ejemplo. Entonces, limitar el juicio de Roca a lo que pueden sentir los descendientes de aquellos indios, me parece un poco injusto". Rio Negro (Viedma), 25 de julio de 2003.
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"Muchos hablan de Roca como un genocida"
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En Soy Roca "trato de ponerme en la piel del personaje, no avalo todo lo que Roca dice, estoy haciendo un libro de historia planteado como novela pero con un contenido rigurosamente histórico". Ante una consulta sobre "los reclamos de los pueblos originarios", consideró que "cuando hacen esas críticas pecan de anacrónicos porque no tienen en cuenta el período histórico de la lucha contra el indio y la Conquista del Desierto. El mundo vivía una atmósfera darwinista, era la lucha del más fuerte, la supervivencia del más apto, el progreso que avanzaba en el mundo y (cobraba) el precio de arrasar las culturas aborígenes".
Lo mismo había pasado en Estados Unidos, en Sudáfrica, en la India. "Aquí era aniquilarlos o empujarlos a la cordillera como era el plan de Roca, que no era desatinado. Era visto como el coronamiento lógico de un proceso de más de cien años durante el cual los indios habían terminado por convertirse en una especie de plaga. Vivían del saqueo, tenían tarifas para devolver los cautivos. No hablo de los indios de la primera mitad del siglo XIX sino desde 1850, cuando ya participan de las guerras civiles, reciben sobornos para quedarse quietos y han adquirido todos los vicios de la civilización".
"Nadie levantó una voz proponiendo otro plan, ni siquiera la Iglesia Católica porque la experiencia era muy negativa. Frente a la idea de civilización, de progreso, los indios eran obstáculos como antes lo habían sido las montoneras, obstáculos que se oponían al progreso y había que aniquilarlos e incorporar quince mil leguas al territorio argentino y eso fue lo que se hizo".
El peso de las pasiones
Entre las preguntas de los asistentes no pasó inadvertida la del empresario local Diego Fenoglio quien consultó si "no estaría de acuerdo" con "reubicar" la estatua que recuerda al general Roca en la plaza Expedicionarios al Desierto de esta ciudad. La respuesta no se hizo esperar. "¿Usted cree que hay mucho mapuches que se preocupan por Roca? ¿O son los dirigentes, o supuestos dirigentes de movimientos mapuches los que están atrás de ésto? No creo que haya un resentimiento con Roca exactamente sino que fue inflado sobre la base de la ignorancia histórica. El no es solamente el conquistador del desierto.
Fue el hombre que instaló un régimen de paz, de orden, de prosperidad en el país durante más de veinte años, mantuvo la paz con los países vecinos, fue el que abrió las fronteras para que vinieran inmigrantes, capitales, ideas y tecnología. Fue el que amparó un proceso de expansión y prosperidad como no hubo memoria en el país.
Fue el que guardó la forma republicana, no democrática, pero republicana. La Conquista del Desierto fue un aspecto de su gestión, con todos los errores que se le pueden achacar como su falta de fe en la democracia y su manejo político demasiado cínico. Es un hombre importante que hizo el país. No se puede entender la Argentina moderna sin Roca y sin Pellegrini, por ejemplo. Entonces, limitar el juicio de Roca a lo que pueden sentir los descendientes de aquellos indios, me parece un poco injusto".
Las pasiones, sostuvo, "siempre han
existido, lo que pasa es que hay momentos en que se contienen más.
La pasión política de 1820 ó 1830 podía terminar
en degüello y las de hoy por suerte no llegan a esos extremos, pero
la naturaleza humana es la misma. Hay generosidad, mezquindad, grandezas
y pequeñeces, codicia y solidaridad, en ese sentido el hombre sigue
siendo hombre. Lo interesante es que el progreso de la civilización
va conteniendo esas pasiones". El hombre común "no tiene por qué
tener perspectiva histórica. En todo caso esa es una virtud que
debe tener el profesional de la historia.





