Su difusión era tal que "en 1653 en Concepción -Chile- se comercializaban 2.500 barajas mensuales. Los indicios permiten asegurar que el juego de cartas fue ampliamente difundido entre los pobladores mapuches" de la zona de la Araucanía, explica la investigadora Stella Ferrarese. En cuanto a la fecha de adopción de estos juegos "casi con seguridad" fueron post-colonización aunque "no hay pruebas concretas de que haya sido así. No tenemos una datación precisa y tampoco sabemos si en la tintura (hematita) con las que se pintaron las figuras hay restos de carbón que nos permita realizar una datación", subrayó. Rio Negro (Viedma), 31 de agosto de 2003. 

 
Viedma, 31 de agosto de 2003.

Los tehuelches también se apasionaban por los naipes

Hacían las cartas con retazos de cuero de guanaco pintado. Una investigadora analiza las figuras antropomorfas y zoomorfas. El principal registro argentino de cartas indígenas está en Bariloche.



Existen testimonios que atribuyen a los pueblos tehuelches el hábito del juego de cartas, adoptado de los conquistadores españoles.

NEUQUEN - Entre otros hábitos y costumbres que los aborígenes tomaron de los conquistadores figuran los juegos de azar, y entre ellos, el juego de cartas: los tehuelches los practicaban con barajas que ellos mismos preparaban curtiendo, cortando y pintando cuero de guanaco, y lo hicieron muy probablemente a partir de la interacción con los colonizadores, imitando juegos hispánicos que terminaron por imponerse en las tribus patagónicas.

En la Argentina hay sólo dos registros de naipes indígenas, y el más importante está en el museo Patagonia Francisco P. Moreno de San Carlos de Bariloche, en Río Negro.

Una investigadora de la Universidad Nacional del Comahue (UNC) especialista en juegos intenta determinar cuáles fueron los juegos y sus reglas mientras analiza las figuras antropomorfas y zoomorfas de las 15 cartas que están expuestas en la ciudad lacustre.

Buena definición

"Lo que se destaca es que están muy bien cortados, con algo muy filoso y los contornos muy bien definidos", afirmó Stella Ferrarese, una de las principales especialistas en el país en estos temas.

En cuanto a la fecha de adopción de estos juegos "casi con seguridad" fueron post-colonización aunque "no hay pruebas concretas de que haya sido así. No tenemos una datación precisa y tampoco sabemos si en la tintura (hematita) con las que se pintaron las figuras hay restos de carbón que nos permita realizar una datación", subrayó la profesora Ferrarese.

Los naipes de cuero miden 87,8 milímetros de largo y 54,9 de ancho; el espesor de 0,48 milímetros.

Los naipes fueron donados al museo Patagonia entre 1944 y 1945 por el teniente coronel Napoleón Irusta cuando asumió como presidente de Parques Nacionales. La baraja incompleta fue rescatada del sur de la provincia de Santa Cruz. Entre los pocos datos que tenía el personal de Parques Nacionales -organismo del cual depende el museo- estuvo la certeza del origen: la nación tehuelche, originaria en la Patagonia.

Pasión por el juego

Otra cuestión que se deduce de inmediato, es el amor y la pasión que los pueblos originarios tenían a sus naipes y al juego.

"Están bien hechos y por el desgaste está claro que los utilizaban frecuentemente", dice Ferrarese, y suelta una anécdota que grafica la difusión que tuvieron los juegos de baraja en Chile, apenas cien años después de la llegada de los españoles.

Pese a las dificultades que los colonizadores tuvieron con los pobladores araucanos en al sur del Bío Bío, las comunidades incorporaron rápidamente la práctica del juego de cartas.

Su difusión era tal que "en 1653 en Concepción -Chile- se comercializaban 2.500 barajas mensuales. Los indicios permiten asegurar que el juego de cartas fue ampliamente difundido entre los pobladores mapuches" de la zona de la Araucanía, explica la investigadora.

De hecho, en el museo de Historia de Santiago, capital trasandina, hay un par de mazos de cartas indígenas que fue fabricado por el pueblo Aoniquén -tehuelches-.

A pesar del desgaste ocasionado por el uso y por el tiempo, las figuras pintadas en rojo y azul se notan claramente.

"Hay antropomorfos (figuras y situaciones que representan actividades humanas) y zoomorfos (costumbres de la vida de los animales) y otros figurativos con puntos, rayas y cruces", describió Ferrarese.

En Argentina, además de los naipes de San Carlos de Bariloche, hay otros similares en el museo de La Plata, en Buenos Aires. Todos tienen, como denominador común a Santa Cruz en su origen. Entre los juegos estudiados, Ferrarese se inclina a pensar que los más antiguos fueron los juegos de tablero que jugaban posiblemente en el interior de sus viviendas. Se trata de juegos parecidos al ta-te-ti.
 

Bien curtidos y con protección de grasa

NEUQUEN - Además de bien curtidos y de no tener rastros de pelos, los naipes tehuelches tienen como particularidad un alto contenido de grasa, una sustancia de origen animal utilizada para darle más durabilidad.

Se cree que los naipes eran similares a los españoles y que los tehuelches siguieron las escala de la baraja de 40 cartas. Pero pusieron a sus propias figuras, con hombres luciendo quillangos con los brazos elevados y quiebres de 90 grados a la altura de los codos.

Entre 1877 y 1880 un viajero español de apellido Lista relató que los pueblos originarios no escapaban a las generales que le caben a todos los jugadores compulsivos. Con sus apuestas se iban caballos, ropas y a veces mucho más que eso.

Durante el tiempo que estuvo cautivo, George Musters presenció muchas veces cómo los aborígenes tiraban su quillango al piso y sobre la prenda iniciaban interminables partidas de naipes.
 
 
 
 

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