Gómez, nacido en Rivadavia con sangre wichi en sus venas, a los 16 abandonó su tierra natal para empezar un peregrinaje por varias ciudades de Corrientes; hace un cuarto de siglo recaló en La Plata. "Pero siempre mantuve la esperanza de algún día volver para ayudar a la gente de mi pueblo" asegura. El Día (La Plata), 5 de enero de 2002.
El Día (La Plata), 5 de enero
de 2002.
De La Plata a Salta para ayudar a los aborígenes
De La Plata a un pueblo remoto del Chaco salteño, guiada por un sentimiento religioso y solidario. Ese es el resumen del itinerario que siguió hace tres años la familia integrada por Luciano Gómez, Stella Maris Lencina y sus hijos. El poblado en cuestión es Rivadavia, ubicado a 250 kilómetros de Orán, en el límite entre Salta y el Chaco, "a 150 kilómetros del asfalto, en el medio del monte, pero a años luz del progreso y el bienestar" según describe el matrimonio.
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| Luciano Gómez realizando
trabajos de artesanías aborígenes en Rivadavia, ubicado a 250 kilómetros de Orán, en el límite entre Salta y el Chaco. |
Rivadavia tiene 8.500 habitantes; a la mayoría les faltan el agua potable y la electricidad -sólo existen pequeñas redes en el centro- el gas natural, las cloacas. Lo que hay es muy parecido al vacío: un impresionante 85 por ciento de desocupación, la desnutrición latente -"no mueren chicos porque a último momento los derivan a Orán", explica Lencina- y una colección casi inacabable de postales crueles, dolorosas, que tienen que ver con la discriminación que sufren día a día los aborígenes wichis, hijos de esa tierra.
"En El Brealito" recuerda Luciano Gómez, "que es un paraje a diez kilómetros del pueblo, hace algunos meses una wichi estaba a punto de dar a luz. Su marido fue a buscar una ambulancia al pueblo. ¿Sabe qué le dijeron? 'Tráigala en una carretilla'. Por supuesto, el hombre lo intentó. Pero cuando llegó, la chica y el bebé habían muerto. Esas cosas indignan a cualquiera, ¿no?".
Gómez, que hoy tiene 45 años, supo desde muy chico lo que era ese sacrificio. Nacido en la propia Rivadavia, con sangre wichi en sus venas, a los 16 abandonó su tierra natal para empezar un peregrinaje por varias ciudades de Corrientes; hace un cuarto de siglo recaló en La Plata. "Pero siempre mantuve la esperanza de algún día volver para ayudar a la gente de mi pueblo" asegura.
Su esposa asiente: "puede sonar como una locura, y de hecho algo de eso hay, pero nos fuimos de luna de miel allá; yo tenía la necesidad de conocer de dónde era mi esposo" reconoce la platense Stella Maris con una sonrisa: "lo que vi me quebró, me dolió mucho, y empezamos a amasar la idea de radicarnos en Rivadavia".
Fue en el '99 cuando Stella Maris, Luciano -ya misioneros evangelistas- y sus hijos Angel Gabriel, -hoy de 12 años-, Esteban Elías -11- y Luciano Emanuel -8_, dieron el gran paso. Ella dejó su trabajo como empleada administrativa en el Hospital Italiano platense, él abandonó sus tareas como soldador, y se fueron nomás, con las metas de evangelizar, mejorar la calidad de vida de los wichis, y "sacarles el miedo que tienen a los criollos, basado en años y años de discriminación".
"Hay una ignorancia fomentada por la clase dominante y un clientelismo político salvaje" explica Gómez, "que puede llegar a extremos como el de dejar cinco meses sin agua a un caserío de la selva porque su cacique se peleó con un intendente. El aborigen sufre la primera discriminación del propio criollo del pueblo, y ninguno de ellos ocupa ni siquiera un puesto menor en la administración pública. Pero los hay muy capaces, como Donato, que es un enfermero de gran profesionalismo y vive en lo que apenas es una choza, con sus hijos".
"Los wichis tienen que convencerse de que pueden" considera Lencina: "por eso fundamos 'Amtena Cacique', una comisión que ya tiene personería jurídica y cuyo nombre significa 'un cacique saluda a otro'' Tiene como objetivo galvanizar y motivar a las tribus para que exijan ser respetados en sus derechos".
Los Gómez, de paso por La
Plata para buscar donaciones, visitar allegados y conseguir ayuda para
su proyecto, volverán a Salta en algunos días; desde nuestra
ciudad, el 10 de enero próximo saldrá un camión con
lo que la solidaridad de los platenses pueda aportar. "Hace falta de todo"
confirma Luciano Gómez; "ropa, alimentos no perecederos, colchones,
medicamentos". Quienes deseen colaborar, pueden comunicarse al 470-6784,
teléfono del presidente del Consejo de Pastores Evangélicos
local, Juan Zuccarelli, que centralizará la recolección de
lo que se obtenga.
©2002 Diario El Día -
La Plata, Buenos Aires, Argentina




